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En el año 2010 recibí una carta de Hacienda. Me decía que debía pagar unos 1 500 euros que había deducido incorrectamente por mis cuotas de autónomo. Aquí surgió una larga peripecia burocrática de cartas y formularios para recurrir su decisión. Pago a la Seguridad Social dos veces, una como profesor de la UIB y otra como autónomo que me exigen para poder trabajar para Menéame desde 2008. En la renta de ese año es la primera vez que la incluí.

Hacienda decía que no me correspondía deducirla porque al ser socio de Menéame no era obligatorio que pague autónomos, sólo el administrador. Al final, tras meses de consultas, reclamos y presentarles casos similares me reconocieron que tenía razón. Un día recibí dos notificaciones de Hacienda.

Una era un cheque del Banco de España (por valor de unos 80 euros, o 200, ya no recuerdo) de devolución, recalcularon mi IRPF y se dieron cuenta que yo me había equivocado y lo había puesto en la casilla errónea, en “pagos extraordinarios a la Seguridad Social” cuando debía ir como pago ordinario. Lo que hizo que me dedujese menos de lo que correspondía.

La segunda era una notificación para que pagase más de 1 000 euros de multas por haberlo puesto en la casilla incorrecta. Un 70% de lo que me había deducido, ¡correctamente!

Sí, mi fallo (era la primera vez que lo hacía y ni ellos sabían muy bien cómo se hacía) me perjudicaba, lo reconocieron, me devuelven la diferencia… y a continuación me pegan un sablazo por haberme equivocado. No hubo forma administrativa de solucionarlo, terminé pagando esa multa.

Durante estos últimos meses que leo y escucho a corruptos afirmando que “van de devolver el dinero” que evadieron o gastaron ilícitamente, o que ya se acogieron a la amnistía fiscal, me entran ganas de repartir tortas. No sé si al corrupto que lo dice, a Hacienda que ha sido tan estricta conmigo (a pesar de su propio error de reclamarme lo que no correspondía), a los políticos que lo aceptan como justificación, o a todos juntos.

A la mierda, a ver si les aplican las mismas multas proporcionales que pagamos los demás.