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Con mi amigo Llorenç Valverde (en aquel entonces director del Dept. de Matemàtiques i Informàtica de la UIB, actual Vicerector de Tecnología de la UOC) desde 2001 queríamos traer a Stallman a la UIB. En 2002 o 2003 lo conocimos personalmente (creo que en Girona) y nos prometió que haría el esfuerzo. Lo intentamos varias veces, siempre le venía mal, era un palo “bajar” hasta Mallorca.

Pero en 2004, creo que en mayo, me envía un email diciendo que el día 10 de julio daba una conferencia en Touluse, y que el día 14 como máximo debería estar en Valencia para visitar a unos amigos. Me dijo que si podíamos arreglar el viaje desde Touluse a Palma y luego a Valencia, podría venir, la idea era que diese la conferencia el día 12 y poder viajar a Valencia el día 14.

Buscamos vuelos, los más cortos eran por Madrid, le tomaban en total unas siete horas de vuelos y aeropuertos. Nos dijo que eran demasiadas horas, que busquemos otra forma. Nos pusimos en contacto con la gente de la organización en Francia, llegamos a un acuerdo salomónico: ellos llevarían a Stallman a un pueblo cerca de la frontera con España donde lo recogeríamos nosotros en coche. Nos citamos el domingo 11 de julio a las 12 hs en Bourg-Madame.

Ese domingo Llorenç ya estaría en Barcelona (debía días antes por trabajo), yo tomaría un vuelo my temprano desde Palma a Barcelona, allí recogeríamos el coche de alquiler y volveríamos  de Barcelona a Palma en un vuelo de Iberia a las 9 de la noche.

Una de las condiciones estándar que pone RMS (tiene un email ya preparado con todas esas condiciones) es que si se aloja en un hotel, éste no debía pedir DNI o pasaporte, ni a él ni a ningún otro huesped. Es su activismo contra el “control gubernamental” de las actividades privadas. Decidimos llevarle al hotel de un amigo de Benjamí Villoslada (mi actual socio en Menéame) en Sineu: Hotel Celler de Ca’n Font. Hablamos con el propietario, él mismo se encargaría de que no se le pida documentación, y de ponerle la habitación en condiciones. La gente de Bulma se encargó de montarle una WiFi y cable Ethernet (por las dudas) en su popia habitación.

Su vuelo de ida a Valencia era para el miércoles 14 como a las 17:30, comprando en Iberia… pero el avión era de Air Nostrum (algo que nos salvó de otra escena a su regreso).

Ese domingo tomé el vuelo muy temprano, Llorenç ya me estaba esperando en el aeropuerto, recogimos el coche y partimos hacia Bourg-Madame. Eran dos horas de viaje, pasando por el Túnel del Cadí que evita pasar por puertos de montaña que alargan bastante el viaje.

Llegamos a Bourg-Madame con bastante antelación, creo que eran más o menos las 11 de la mañana. Tomamos unos cafés y pasteles en un bar del pueblo, luego nos dedicamos caminar.

Los franceses, era un chico con su pareja, se retrasaron, llegaron pasadas las 13 hs. Venían en un Seat Ibiza, el pobre RMS estaba en apretujado (su volumen corporal es enorme), acompañado de una maleta, un gran bolso negro, y una caja de CDs que había sacado para escuchar en el coche .

Teníamos que comer algo antes de emprender el regreso, en Francia ya estaban cerrados los restaurantes, por lo que salimos camino a España y entramos en el primer restaurante que encontramos en la carretera. Nos instalamos y empezamos a conversar tímidamente. Fue un poco caótico, los franceses no hablaban castellano, la chica no hablaba inglés, Stallman habla perfectamente castellano (aunque hay que hablar muy lento, es un poco sordo) y bastante de francés. Llorenç también hablaba francés, yo lo entiendo bastante pero lo hablo muy mal. Resultó una mesa donde mezclábamos inglés, francés y algo de castellano, con las debidas traducciones y aclaraciones. No fue fácil comenzar.

Para romper el hielo empecé una conversación “técnica” con Stallman. Le pregunté cómo había comenzado el tema del Hurd y qué había pasado con el retraso (“una mala decisión técnica”, me dijo). En un momento de la conversación salió el tema del nombre Hurd, y si era verdad que estaba relacionado con una novia. No sé qué respondió, pero nos empezó a contar cosas personales dolorosas. Nos dijo que le gustan mucho las mujeres, pero que él está sólo, que se puso como misión en la vida trabajar para el software libre, que no le quedaba tiempo ni para tener una casa, que viajaba mucho, y que no podía tener relaciones estables con ninguna chica. Hace una broma, “ya casi no sé lo que es el sexo”.

Y aquí vino mi gran metida de pata. Para seguirle la línea e intentar relajar el ambiente le dije “el problema es que el free software no es compatible con el free sex“. No sé qué fibra tocó, pero se puso a llorar como un niño, con muchas lágrimas, sólo repetía entre sollozos “estoy muy sólo, estoy muy sólo”. Quedamos mudos, y ojopláticos, yo no sabía donde meterme. Así estuvo unos minutos, se calmó, se secó las lágrimas y empezó a hablar como si no hubiese pasado nada. Nos dijo algo así como:

Me comparan con Bill Gates, pero él viaja en aviones privados, con mucha gente alrededor trabajando para él, puede tomarse su tiempo, tener un hogar, una familia. Yo no puedo tener nada de eso, viajo mucho, tengo una casa en Manhattan que no es mi hogar, estoy expuesto todo el tiempo, tengo mucho trabajo que hacer, tengo problemas de salud [la columna y operación en ambos brazos, se ve la cicatriz en la foto anterior], estoy viejo, no sé si podré hacer todo lo que debería, nunca tendré una familia […] Estoy sólo.

Todos quedamos desubicados varios minutos. Es hombre al que considerábamos unos de los más extraordinarios del último siglo nos estaba mostrando su lado más humano, y lo caro que estaba pagando por su dedicación al software libre. Fue un choque psicológico, me hizo sentir doblemente insignificante: por provocar esta crisis, y por lo frívolo que te sientes al lado de él (no lo hace con esa intención, estaba claro).

La comida transcurrió con normalidad, RMS es una excelente degustador, sabe mucho de esos temas, debe conocer las comidas y vinos de todo el mundo. Además tiene una memoria de elefante para las ciudades, comidas y música. En un momento nos dijo que aprovecha para trabajar en cuanto puede, que no lo tomemos a mal, que a veces se cansa de hacer el esfuerzo de entender otros idiomas y prefiere aprovechar ese tiempo para trabajar. Así que sacó su portátil y se puso a trabajar, fue algo al que nos acostumbramos y lo tomamos como normal. En realidad es precursor incluso en eso, ahora todos hacemos lo mismo, pero con los teléfonos😉

Durante la charla nos pidió que le llevemos al Parc Güell, que le encanta y que era su visita obligada cada vez que venía a Barcelona. Ya íbamos corto de tiempo, teníamos que estar antes de las 20hs en el aeropuerto, nos quedaban 2 horas de carretera y pasar por el Parc Guell. Nos dimos un poco de prisa, creo que salimos de allí un poco antes de las 17hs, y ya estábamos nerviosos.

Saliendo de Puigcerdà nos pide que no volvamos por el túnel (¿cómo se acuerda de todos esos detalles?), sino que vayamos por la montaña, que le encantaba. Le dijimos -conteniendo los nervios- que no nos daba tiempo, que perderíamos el vuelo. Le convencimos, pero de mala gana, cogió el portátil y se puso a trabajar.

Llegamos al primer peaje (creo que el del tunel), saqué mi tarjeta para pagar (es más rápido), me dice:

– No deberías pagar con tarjeta, es muy malo, el gobierno puede saber por todos los sitios por lo que has pasado, debes cuidar tu privacidad.

Mi tensión subió algo más, pero tenía razón, lo admití, pero le dije que era más rápido. Aún así, me repitió casi lo mismo en cada peaje que pasamos, creo que en los últimos pagamos en efectivo, sólo para que nos deje de dar la lata, ya que a cada llamada que recibíamos en el móvil (familia y amigos preguntando cómo nos estaba yendo) nos decía también lo mismo.

Luego nos pide:

– Tenemos que pasar por la estación de Sants, allí venden las mejores garrapiñadas que conozco, me encantan.

¡Arghhhhh! Le explicamos de nuevo que no había tiempo. Llorenç le dice que las mejores almendras son las de Mallorca, que allí seguramente conseguiría mejores garrapiñadas. Breve discusión sobre tipos de almendras, al final dice

– Ricardo, no te olvides que debemos comprar garrapiñadas en Mallorca”.

– Sí, me encargaré de eso.

– Pero no te olvides.

Llegamos a Barcelona, que por supuesto nos equivocamos en unos de los infinitas salidas que tienen las entradas a la ciudad, cada vez más estresados por el horario (ya eran casi las 7 de la tarde), aparcamos lo más cerca que pudimos de una entrada delParc Güell.

RMS lleva un bolso de mano muy grande, debe pesar unos 15 kg, pero no lo suelta en ningún momento. Allí lleva su ordenador, CDs, varios trastos más que nunca supe qué eran, y todo el dinero -en efectivo- que colecta en las conferencias para la Free Software Foundation. Todo eso no sabíamos, y cuando fui a sacarlo del coche para cargarlo, casi chillando me pregunta que qué hacía, que allí llevaba cosas muy importantes, que era como su oficina, y que nunca se despega de él.

Aunque nos hizo caminar por todo el parque, estuvo bien, lo conoce bien, sabe la historia de cada sitio y monumento. Le gustan mucho las columnas del viaducto, decía que eran maravillosas, nos explicó que Gaudí se inspiró en cómo las personas descasamos las piernas. A mi me daba pena que llevase ese bolso tan pesado, al final al convencí que me lo diese, y accedió. Me sentía el portador del tesoro de la FSF😉

Tuvimos que meterle prisa, eran casi las 20hs, ya a punto de perder el vuelo. Llegamos al aeropuerto a las 20:15. Había que devolver el coche antes. Aparcamos en la oficina de devoluciones, Llorenç cogió la maleta de RMS, y salió corriendo a coger las tarejtas de embarque acompañado de Stallman.

Nos encontramos dentro, Llorenç me entrega mi tarjeta y la de Stallman y me dice en voz baja: “os puse a vosotros juntos, yo voy detrás, no aguanto más, seguro que se arma otra” (es un brujo). Fuimos corriendo hacia la puerta de embarque, no querían dejarle pasar con su bolso, decían que era muy grande, le explicamos que llevaba ordenador y dinero, nos dejaron pasar.

Apenas nos sentamos, RMS saca el portátil, se pone a trabajar. Enseguida el comandante nos avisa que teníamos retraso por saturación del espacio aéreo y que nos habían hecho embarcar para poder salir inmediatamente que nos dieran un slot. A los pocos minutos se acerca una azafata, pide a Stallman que apague el ordenador. (Inmediatamente pensé ¿qué hace esta mujer? ¿lo provoca a posta? como esas escenas de TBBT, cuando Penny le pregunta a Sheldon qué significa algo que dijo).

– ¿Por qué debo apagarla? -pregunta RMS.

– Porque son las normas de aviación.

– Mentira señorita, es falso, las normas dicen que sólo cuando se cierran las puertas. Además, mire, están todos hablando por teléfono, mi ordenador no tiene ni lector de CD.

– Pero señor…

– Le dije que no, no estoy haciendo nada malo.

La azafata se retira. Yo con cara de imbécil sin saber qué hacer o decir, Stallman tenía toda la razón, pero también todas las de perder.

Viene un hombre, le dice lo mismo, Stallman insiste en que no lo va a apagar, que no le molesten, que tiene mucho trabajo.

Al final viene uno de los pilotos, muy amable, pero le insiste y con voz dura. Al final le dice:

– Mire, son las normas de Iberia, o lo apaga, o se tendrá que bajar.

– OK, lo apago, pero nunca más volaré en Iberia.

Me mira:

– Ricardo, espero que mi vuelo a Valencia no sea con Iberia, si es así, cámbialo, no subiré a un avión de Iberia.

Menos mal que el avión era de Air Nostrum, aunque todos esos días lo pasé acojonado esperando que no se diese cuenta, o que justo Iberia pusiese ese día un avión con su marca. En todos esos minutos valverde me golpeaba la cabeza, como diciéndome “te lo dije, te lo dije”. Yo ya estaba con un humor de perros, tragando todo, pero con unas de bajarme que apenas me aguantaba sentado.

Llegamos a Palma alrededor de las 11 de la noche. Valverde me dice que ya había llamado a su mujer -Antonia- para que le recoja, que estaba demasiado cansado y se iba a casa. Tenía que ir yo sólo hasta Sineu, unos 45 minutos de carretera, para dejarlo en el hotel y cenar juntos con la gente de Bulma en el restaurante del el “celler” del propio hotel.

Como en todo el camino anterior, Stallman contaba y respondía a todo lo que le preguntaba, tanto de la FSF como de su vida privada. Es muy abierto, pero conversar con él es durísimo. Cada pocos segundos te interrumpe para pedirte que hables más lento, más alto, y que pronuncies bien las vocales porque sin ellas no entendía. Muchas veces cambiaba al inglés para evitar ese problema, pero aún así, a veces era peor. También pregunta todo lo que ve y desconoce, pero cuando le contabas (muchas veces resumiendo o buscando palabras fáciles) te interrumpía con un “lo que dices no tiene lógica” o “eso no tiene sentido, explícame de nuevo porque no lo puedo entender”. Para dialogar con él debes usar un lenguaje de precisión matemática, caso contrario te interrumpirá decenas de veces hasta que aciertes con la palabra correcta, o te la dice él, incluso en castellano. (A él le hecho la culpa esa manía que tengo de corregir si dicen algo ilógico, hasta mi mujer me odia😉 )

Llegamos a la puerta del hotel pasadas las 23:30, apago el motor del coche:

– Hemos llegado -digo.

– Ya sé que llegamos, me di cuenta, no soy tonto, no hace falta que me lo digas.

Reventé. No recuerdo todo lo que le dije, pero casi gritaba explicándole que esa era una frase de cortesía muy habitual en castellano, y que él era un maleducado, incapaz de asumir las costumbres de los demás. Todo esto dentro del coche y sin movernos. Al final me callé, ya arrepentido de haber perdido los nervios. Mi sorpresa fue que me empezó a hablar muy tranquilo, en inglés pausado:

– Tienes razón soy hosco, a veces desagradable, pero por favor entiende que estoy muy cansado, soy viejo, ahora tengo que ponerme a trabajar, y me molesta mucho que me sobreprotejan. Todo el mundo me sobreprotege, hasta me indican cuándo debo cruzar la calle, a mí, que nací en Manhattan me hablan como si no supiese. Disculpas, pero por favor, no me sobreprotejas, no te preocupes por mí, me defenderé sólo, si necesito algo lo pediré…

En ese momento ya estaba la gente de Bulma esperando. Salgo, le digo a algunos de ellos:

– Por favor, encargaros vosotros, no aguanto más, necesito relajarme unos minutos.

Entran todos, me quedo al lado del coche fumando uno… o cinco pitillos, no recuerdo, no había fumado desde que salimos del restaurante en la frontera.

A los pocos minutos escucho un ruido de motor, muy fuerte, como un avión. Subo a ver qué pasaba, estaba el dueño del hotel con una aspiradora hinchando el colchón inflable que traía RMS en su maleta. Había dicho que el colchón era muy duro para él.

Bajamos al restaurante, RMS pide una Pepsi, le dicen que no hay, que sólo Coca Cola. Explica que nbo hay que beber Coca Cola porque habían muerto dos sindicalistas de México (si recuerdo bien) por conflictos con Coca Cola. Lo dijo en voz alta para que los demás lo escuchen. Empezaron a pedir Fanta y Sprite:

– ¡No! Fanta y Sprite son también de Coca Cola.

Al final todo el mundo bebió agua. Poco más de la una digo que me marcho, que estaba muy cansado y mañana teníamos su conferencia, y entrevistas con varios periodistas.

Llego a casa cerca de las 2 de la mañana, me quito la ropa, voy al ordenador a leer el correo y me encuentro con el siguiente:

Alucinaba. Hacía dos horas me habia pedido que no lo sobreprotegiese, ahora me pedía que saliese a comprar shampoo e hiciese 45 minutos de coche para llevárselo por la mañana.

Envié un email a Benjamí (vivía en Sineu) y le pregunté si podría encargarse. Me respondió que no me preocupase, que le pediría a su hijo mayor (Oriol, de 11 años en aquel momento) que a la mañana lo comprase y llevase al hotel. Le informo a RMS. Me envía otro email, no sé si lo leí esa misma noche o al día siguiente, la cuestión es que no volví a decir nada a Benjamí. En el email me pedía que no sea un shampoo con enjuague, que no le iba bien a su pelo.

A la mañana siguiente Oriol compra el shampoo y se lo lleva a las 9 de la mañana. Golpea la puerta, después de unos minutos abre Stallman y le pega un rapapolvo. Que “cómo le va a despertar a esa hora, que se pasó toda la noche trabajando”. Luego coge el shampoo, y vió que era un “shampoo con enjuague”. Otro rapapolvo. Pobre Oriol, pero aguantó estoicamente.

No recuerdo muy bien qué pasó el día 12, creo que Benjamí lo llevó a la universidad, a partir de las 11 tenía una serie de entrevistas preacordadas. Lo instalamos en la sala de café del Dept., los recibía allí. Había muchos periodistas que no estaban previstos. Stallman se enfadó con varios de ellos, le hacían preguntas del tipo “¿nos puede contar qué es esto del open source?”, o “¿le está ganando la batalla a Bill Gates”?. Recuerdo que sólo se puso muy simpático con la reportera de TVE, era una chica muy guapa, y el tío flirteaba descaradamente (menos mal que la chica era muy simpática y le siguió el juego).

En un momento dijo que no recibiría a nadie más, que estaba cansado y tenía que trabajar. Viene una persona del Consell de Mallorca -que pagaron los gastos para traer a RMS- con un sobre con el dinero para pagarle (no habíamos hablado nada de dinero con Stallman). Eran 750 €, 1.000 € menos la retención de IRPF. Me dice que no se atrevía a entrar a entregar el sobre y hacerle firmar el recibo. Me pide que lo haga yo.

Entro, le explico que era el pago, que lo hacía el gobierno local, abre el sobre, ve todo esos billetes, me dice que muchas gracias, que era mucho dinero, que no esperaba eso. Le dije que si consideraba mucho, que diese el resto a la FSF, pero que los papeles ya estaban hecho, y me tenía que firmar el recibo. Se lo paso, lo lee, y me dice:

– Me están reteniendo el 25%, pero no deberían hacerlo, hay un acuerdo con EEUU para que no me retengan en el extranjero, ya lo pago yo en mi país, es una doble imposición…

Abre su bolso, saca un documento en inglés, era un acuerdo de EEUU con España, o con Europa (no recuerdo) y me pide que pida a la administración que quiten la retención. Le dije que lo intentaría, saco fotocopia, le devuelvo el original y me marcho. Por supuesto ni pregunté, me iban a matar, además no era cuestión de la universidad, sino del Consell de Mallorca, y ya era lunes por la tarde.

La charla era a las 19hs, habíamos reservado la sala de actos más grande de la UIB (350 personas), era julio, vacaciones,  teníamos miedo que la sala estuviese vacía. A las 19hs vienen de decirnos que ya estaban las autoridades y que la sala estaba a reventar, con gente sentada en el suelo y los escalones. Nadie se atrevía a decirle a Stallman que ya teníamos que marchar hacia el otro edificio, de nuevo me tocó, entré, me dijo “¡ah! ya es la hora”. Cerró el portátil, y dijo “ya estoy listo, vamos”.

Cuando entró Stallman en la sala, la ovación fue ensordecedora, todos de pie aplaudiendo, durante más de cinco minutos. Se me aflojaron las piernas de la emoción.  La charla estuvo muy bien, se enrolló con con la gente, estuvo hablando y respondiendo preguntas más de dos horas (y otra media hora vendiendo pegatinas y pins para la FSF… y metía todo ese dinero en su enorme bolso). Incluso bromeó con uno los vicerectores, Pep Ignasi Aguiló (actualmente vicepresidente económico del Govern Balear). Pep dijo unas palabras de agradecimiento, algo así como:

– Es un orgullo estar al lado de este hombre, me ha enamorado.

– Eh, eh, eh, que no me gustan los hombres -respondío Stallman desde el otro extremo de la mesa-.

Esa noche cenamos con un mogollón de gente (alumnos, de Bulma) en Sa Farinera, ocupábamos muchas mesas, yo m eretiré temprano. Benjamí lo llevó al hotel y al otro día se hizo cargo de él. Stallman quería salir a visitar la isla, Benjamí contó que le hacia detener el coche frecuentemente para sacar fotos, hasta de flores que veía por la carretera (el set de fotos de Benjamí en Flickr). Contó una anécdota divertida acerca del software de su cámara (era digital), pero ya no recuerdo.

Al día siguiente, el día de su despedida, fuimos a comar a un buen restaurante en Palma, cerca del Paseo Mallorca, tampoco recuerdo cuál era, ni quiénes estábamos en la comida, éramos pocos (seguro que estaba Valverde y su hijo Joan). En un momento me pregunta: “¿me has comprado las garrapiñadas?”.

“Me cago en la puta”, le había comentado a una amiga, Cati, que conoce del tema, pero luego lo olvidé. Llamé por teléfono a Cati, me dijo que no me preocupara, que salía a comprarla y la llevaría al restaurante. En menos de una hora llegó Cati con cinco kilos de garrapiñadas. La cara de Stallman era de felicidad. Estaba muy relajado, muy agradable, comió como si fuese el último día. Nos había propuesto que en vez de pedir un plato cada uno, que pidiésemos variado y compartiésemos los platos, así podíamos probar más. El vino ya había hecho mella, todos accedimos con gusto, pedimos de todo, y creo que lo disfrutó mucho.

En un momento desconectó, como hace siempre, cogió el portátil y se puso a escribir. Estábamos hablando entre nosotros, algo de Windows, Joan dijo:

Yo no controlo Windows, él me controla a mí. Yo no uso Windows, él me usa a mí [*].

Stallman que parecía en otro universo, levantó la cabeza riendo a carcajadas:

– Muy buena esa, muy buena.

Del restaurante le llevamos directamente al aeropuerto (¿fue Benjamí?), le acompañamos a facturar, luego hasta el control de seguridad y allí nos despedimos. Yo estaba muy triste, volví hasta el coche con lágrimas en los ojos.

Sabía que era casi imposible que vuelva a repetir la experiencia, que era muy difícil que pueda compartir tanto tiempo con una persona tan extraordinaria, de la que puedes aprender tanto sólo observando cómo vive cada momento. Sólo pasaron minutos, pero ya lo estaba echando de menos. Sí, hay que aguantarle muchas cosas, pero el precio es muy bajo con todo lo que él da a cambio desinterasadamente. Entre otras cosas que hablamos, y me lo demostró, que toda persona debe tener unos principios “para hacer bien al prójimo”, que todos debemos ayudar a mejorar el mundo independientemente de nuestra ocupación o profesión, y que mantener esos principios nunca es fácil, ni gratis, pero que es un deber “para que nuestra sociedad no sea una jungla”.

Aún ahora más de siete años después, tengo los ojos lacrimosos mientras escribo esto.

Por eso, cuando leo que se burlan o le atacan porque se mete el dedo en la nariz, o se come el pelo,  o por sus palabras duras (pero seguro que muy precisas) me duele como si se burlasen injustamente de una hija mía. Es un hombre que se merece más, que tiene poco, que deberíamos cuidarlo, pero nos burlamos de sus “taras sociales” que son sólo superficiales: no conocí a otro hombre más trabajador, coherente y exigente consigo mismo hasta el último detalle.

Sólo un consejo: si tienes la oportunidad de compartir horas o días con Stallman, jamás lo desaproveches, ni se te ocurra. Tendrás que tener paciencia, como si te dejasen al cuidado de unos sobrinos malcriados, pero quedarás marcado. Luego, cuando leas esas críticas rabiosas y frívolas quizás pensarás: no saben lo que están haciendo.

Actualización: Benjamí completa este apunte en Más sobre «Un viaje con Stallman (esa persona)».

Más sobre esos días: Cosas que aprendí con Stallman.

Nota: todo lo escribí sólo a partir de recuerdos, siete años después. Puede haber diferencias con lo que realmente dijo Stallman, pero me esforcé en ser fiel y no distorsionar.