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Ayer me desayuné con el vídeo del interrogatorio de la infanta, me sorprendió. Pero no por lo que dijo, era de esperar, sino por la forma en que se ha divulgado, especialmente por El Mundo, sin tomar medidas previas para asegurar el anonimato de los autores. Es un tema ya debatido, la responsabilidad y la protección cuando se divulga información que puede poner en problemas a las fuentes. Ocurrió con Wikileaks y el soldado Manning, a pesar de todos los recaudos que tomaron, al final la única víctima de la liberación de esa documentación fue el/la pobre soldado.

Con el tema del vídeo de la Infanta pasó algo similar, pero mucho más chapuza e irresponsable. Me explico:

  1. Las imágenes del vídeo permiten localizar con precisión de centímetros a la posición de la cámara grabadora.
  2. No sólo está rodeado de testigos, también hay cámaras grabando (y seguramente fotografías), por lo que conocida la posición de la cámara se puede saber quién era el portador de la misma. Adiós cualquier indicio de anonimato.
  3. Se sube el vídeo “anónimamente” a una web de una empresa española, con sede y servidores en España, la justicia lo tiene muy sencillo para solicitar los datos con que se dio de alta el usuario y desde dónde subió el vídeo. La empresa no se puede negar a entregar esos datos, por lo que los que grabaron y/o subieron el vídeo lo tienen aún más complicado para defenderse.
  4. Parece (dicen, no confirmado) que se subió vía una conexión 3G, por lo que -dependiendo de operador, pero la mayoría lo permiten- se puede ubicar qué dispositivo es el que lo subió. No es lo mismo que ocurre con conexiones hogareñas con routers WiFi, donde no se puede conocer con precisión al dispositivo/ordenador que se conectó a un servidor externo. Actualización: parece que se hizo usando una VPN.

Para proteger el anonimato de las fuentes tendría que haberse eliminado las imágenes, haber subido a un servidor de otro país (preferentemente sin convenios de colaboración con España o Europa) mediante TOR o servidores anonimizadores en otros países. Aún así todavía es posible obtener la dirección IP de origen (por eso es mejor hacerlo desde conexiones “colectivas”), pero requiere mucho más esfuerzo, que quizás no compense por la tontería de información que se divulgó.

En resumen, se divulga un vídeo -que aporta nada de información que no se supiese o esperase- sin tomar los mínimos recaudos para proteger a las fuentes. Los más probable (a menos que encuentren otras relaciones e intereses) es que El Mundo o Wouzee no sufran las consecuencias legales, sólo el “pringao” que grabó ese vídeo, que creyó que ya aseguraba su anonimato subiéndolo con un nombre de usuario falso. Una gran irresponsabilidad de unos, y una ignorancia casi infantil de otros.

Otra prueba de que la tecnología por sí misma no soluciona los problemas políticos ni nos da más libertad automágicamente, ni para los más tecnoutópicos. Los que a esta hora están siendo investigados (y quizás hasta interrogados) lo habrán aprendido por experiencia propia. Por eso cabe más responsabilidad de los que se han lucrado (en dinero o clics) con este vídeo: han dejado a sus fuentes en pelotas y casi sin defensas para informarnos de lo obvio. Un coste enorme para unos, un beneficio casi cero para los demás. Una irresponsabilidad.