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facepalmAyer comenté por Twitter (y 2, 3, 4, 5, 6, 7) una tontería que leo muy frecuentemente, incluso en artículos de supuestos expertos en el tema: usar el término open source en vez del más sencillo y claro “software libre”. A raíz de mis tuits pude ver la profunda ignorancia que todavía hay sobe las licencias y hasta de la historia básica del tema.

El término software libre nace con el proyecto GNU, entre los años 1983 y 1984, y se definía así al software que cumple con unas condiciones muy claras: libertad para ejecutarlo como quieras, libertad para estudiarlo y modificarlo, libertad para distribuir copias, y libertad para distribuir copias modificadas.

El término “open source” no surge hasta el 3 de febrero de 1998, cuando unas cuantas personas se reúnen en Palo Alto para buscar un término “más adecuado”. Había varias razones:

  • En inglés “free” significa libre y gratis, por lo que siempre había que estar aclarando free as in free speech, not free as in free beer (en castellano se traduciría como “libre como libertad de expresión, no libre como barra libre”).
  • Buscaban un término más amigable para las empresas y el negocio que se avecinaba.
  • Cuestiones ideológicas y manías personales contra la Free Software Foundation y Richard Stallman. Fundamentalmente no compartían la visión y postura ética de RMS, estaban más interesados en minimizar, y mejor desaparecer, su discurso.

Una de las personas que más divulgó y ayudó a establecer el término open source fue Tim O’Reilly, que en abril de 1998 cambió el nombre de la conferencia Freeware summit” a “Open Source Summit. Fue el mismo O’Reilly, en el interés de sus negocios, que se aprovechó de la popularidad del término para empezar a llamar y divulgar con la apostilla “open” a todo lo que se meneaba (así tenemos hasta “open government”). No le ha ido nada mal, se posicionó como el líder espiritual-ideológico-negocios de todo lo relacionado con la palabra.

Como resultado de esa reunión de 1998 se Bruce Perens y Eric Raymond fundaron la Open Software Initiative, que definió las condiciones para que un programa de ordenador sea open source: The Open Source Definition. Estas condiciones fueron inspiradas -casi copiadas literalmente, no en vano Bruce Perens fue uno de sus autores- de las condiciones que debían cumplir los programas para ser considerados libres (Debian Free Software Guidelines) y por lo tanto aptos para ser incluidos en su distribución.

Es decir, dejando de lado las diferencias sobre todo ideológicas y lingüísticas, las licencias de software que cumplen con las condiciones de open source o Debian Free Software son licencias de software libre. Aunque en castellano nunca tuvimos problemas con comprender qué significa “libre” en el contexto de software, y que es totalmente compatible con las definiciones de la FSF, OSI o Debian, se empezó a usar mucho el anglicismo open source. En gran parte se debe al éxito del discurso de Tim O’Reilly (que fue muy criticado por Eben Moglen) y sus wannabe en nuestro país.

Nos encanta la levedad y el discurso fácil, aún así es incomprensible que se reemplace un término que todo el mundo entiende por un anglicismo que sólo ha creado confusión. Mucha gente que me contestó o preguntó en Twitter pensaban cosas muy distintas: que libre era sólo para software gratis (¡¿?!), otros que open source también eran los programas donde se puede ver el código, otros que “software libre” eran solo aquellos que tenían la cláusula copyleft, etc. Es decir, ni siquiera el uso y abuso del open source ha servidor para aclarar el tema, sólo agregó -y sigue- más confusión. Lo cuál no es nada novedoso entre nuestros charlatanes del discurso blandengue y de lecturas en diagonal, pasó exactamente lo mismo con el término copyleft.

Algunos, para intentar arreglar la gilipollez el desaguisado de estar usando un anglicismo en vez del más claro y popular “software libre” intentaron arreglarlo, empezado a llamar “código abierto”. Lo que aumentó aún más la confusión, ¿qué carallo significa el “abierto” en software? Como tampoco aclaraba demasiado, cuando se discutió la definición de software libre en la legislación española se usó “código de fuentes abiertas”, o:

¡Está clarísimo!🙄

Es decir, algunos empezaron a usar open source como un forma de ser más genérica que software libre, que se incluya también a esos programas que te dejan ver el código (y nada más), lo que es erróneo de acuerdo a la definición original y oficial de open source (¡ei! que no es tan antiguo, todavía no tiene ni 16 años). Otros porque pensaban que era mejor alejarse de los postulados éticos de la Free Software Foundation. Otros porque sonaba más cool y dospuntocero que software libre, ¡si hasta O’Reilly lo usaba en sus conferencias y series de libros! Y otros sencillamente por la costumbre, sin tener muy claro qué significa.

Sea como fuese, no hacía falta y sólo agrega confusión. Así que empezad a llamar a las cosas por su nombre, si habláis de software libre no le llaméis open source, que luego ni los que a autodefinen como gurús entienden muy bien de qué están hablando:

Cuánto mal nos ha hecho el buenrollismo dospuntocerista y sus charlatanes de saraos.