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En el artículo “I Contribute to the Windows Kernel. We Are Slower Than Other Operating Systems. Here Is Why.” se transcribe el comentario (luego eliminado) de un anónimo que se identificó y aportó pruebas como programador de Microsoft. En el comentario explica su opinión de por qué el núcleo Windows NT (el que se usa en todos los siguientes, 2000,XP, Vista, 7 y 8). Más allá de las anécdotas, y de que es una visión parcial y subjetiva, es muy interesante lo que desvela. En pocas palabras, la carencia de calidad y eficiencia son más un problema social más que técnico:

  • Falta de incentivos, o incentivos equivocados.
  • Dar mayor importancia a cumplir los planes establecidos sin desviaciones que aceptar cambios no planificados para mejorar la calidad del producto.
  • La carencia de programadores con experiencia, o el exceso de programadores recién graduados.

Es muy interesante la lectura, desvela los problemas de gestionar y programar sistemas complejos. Cualquier economista explicaría que hay que establecer los incentivos adecuados, sobre todo en entornos como la programación donde se trata de desarrollar sistemas tan complejos que tienen más componentes que el avión más grande del mundo y tantas formas de interacción -muchas órdenes de magnitud superior a cualquier sistema de componentes físicos- que escapan a nuestra capacidad de comprensión.

Ese incapacidad cognitiva de siquiera conocer la magnitud de la complejidad hace que sea imposible hacer un diseño inicial que tenga en cuenta todas las interacciones y casos. Por ello es imposible asegurar que no haya bugs y, por supuesto, que el sistema desarrollado sea eficiente. Eso requiere, tal como ya lo contaba Brooks en los ’70, el “mantenimiento” de los programas, que consiste en la mayor parte del ciclo de vida del software. Ese mantenimiento no consiste sólo en arreglar problemas, también en mejorar el código (para controlar mejor la creciente complejidad) y la eficiencia.

En el núcleo Linux es un buen ejemplo en ese sentido: se usaron las ideas y principios de modularidad de Unix, es software libre con todo a la vista del público (el código, y las discusiones técnicas), la gestión de Linus Torvalds (y los responsables de módulos) han creado una comunidad muy meritocrática (talk is cheap, show me the code) donde el respeto a los clientes (desarrolladores de programas a nivel usuario) es prioritaria, revisión de pares, se debate con dureza cada propuesta y cambio, se critica duro al que presenta propuestas malas, pero también se reconoce y halaga al que consigue mejorar funcionalidades ya establecidas y maduras.

Esa es una de las principales diferencias que se extraen del artículo.

En Microsoft [presuntamente] no funciona así, los responsables de módulos tienen más razones para rechazar mejoras que para introducirlas,  los Project Managers no ven con buenos ojos que haya desvíos del plan de trabajo, los grupos de testing no quieren saber nada de volver a probar y adaptar unidades de verificación. Es decir, no hay incentivos para mejorar las funcionalidades existentes y que no sean prioritarias en la empresa. En consecuencia, la eficiencia de sistemas con modelos de desarrollo más similares a Linux acaban siendo superior, sobre todo en las áreas y funcionalidades ya maduras.

Otro de los problemas que se menciona es el abandono de los programadores senior y la contratación de nuevos que acaban de salir de la universidad. Estos no son capaces de valorar la complejidad del sistema, ni de conocer por qué fueron tomadas las decisiones técnicas anteriores.

Este último punto es interesante, sobre todo en un gremio -y en un país- donde se valora poco la experiencia de los programadores. Salvo las empresas punteras en desarrollo de software equiparan los [excelentes] salarios de los programadores con la de los gestores (no es nada raro que un programador senior de Google cobre 150.000€). Ocurre en muchos países, pero sobre todo en España, tener 40 años y seguir programando parece más un fracaso profesional que el éxito de un programador apasionado.

Tampoco es culpa de las “empresas” o el “mercado”, desde la propia universidad solemos transmitir el mensaje equivocado:

Un ingeniero informático no programa, dirige proyectos

Ese mantra lo oí muchas veces y los alumnos lo escuchan frecuentemente en clases. El error es múltiple, por un lado transmitimos la idea que un ingeniero graduado sabe todo lo necesario, que no hace falta experiencia en programación, y que programar es de pringaos.

Además de lo mejorable que es nuestra educación, y como últimamente me está apasionando el tema de gestión de desarrollo de software, del comentario me han quedado algunas cosas más claras:

  • Los planes y metodologías son herramientas, no un fin en sí mismo, como terminan de creerse sus responsables y evangelistas.
  • Se deben crear incentivos, no sólo monetarios, para motivar a que los programadores desarrollen mejoras para cualquier parte del sistema. Esto implica, entre otras cosas, descontar un porcentaje de los recursos disponibles para implementar nuevas funcionalidades y reservarlos para mejora de la “calidad global”.
  • Valorar debidamente a los programadores experimentados, que empieza por reconocer -sobre todo entre nosotros mismos- las carencias inevitables de un recién graduado, y la rápida evolución de la ciencia y tecnologías informáticas.
  • Debemos empezar a esforzarnos en formar a profesionales cuyo objetivo sean jubilarse como programadores, no sólo un camino intermedio para lograr mejores salarios en otros puestos de gestión o dirección.
  • Sobre todo, reconocer que tenemos problemas cognitivos para visualizar mental y adecuadamente la enorme complejidad de los grandes sistemas informáticos.