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Me quedé muy sorprendido con el excelente artículo de despedida de la Defensora del Lector de El País (Milagros Pérez Oliva). Explicaba muy bien lo que yo también entiendo por buen periodismo, y tenía unas frases contundentes que no podría haberla expresado mejor (aunque también le hicieron una crítica a alguna de sus contradicciones):

Una visión cínica del periodismo sostiene que la verdad no existe. Que puede haber tantas verdades como interpretaciones de la realidad. Este planteamiento es una gran trampa.

La verdad no es un compromiso entre sus diferentes versiones. Y, sin embargo, potentes aparatos de influencia saturan el espacio informativo con versiones y contraversiones destinadas a falsear la realidad. Más que informar, lo que hace este tipo de periodismo es desinformar.

Hemos de partir de los hechos para llegar a su interpretación y no al revés.

Desconfíen de quienes anteponen la interpretación a la demostración. El periodismo interpretativo debe basarse en hechos y datos comprobables. Y desconfíen también de aquellos textos que no hacen un esfuerzo suficiente para demostrarles cómo han llegado a la versión que sostienen.

Lo peor que puede pasar es que la ciudadanía crea que la única forma que tiene de hacerse con la verdad sea leer diversos medios de signo diferente. Porque la versión promedio no tiene por qué coincidir con la verdad.

Ese artículo se publicó pocas horas antes que Público -en España- publicase los ficheros de Wikileaks sobre Stratfor que habían sido hackeados por Anonymous en diciembre pasado. Cuando filtraron el contenido por Twitter, unas pocas horas antes de la finalización del embargo, me sorprendió que fuese sólo por eso. Lo comenté en Twitter, un par de veces, no veía la relevancia, Stratfor no es nada secreta, tiene una página donde te aparece un popup para que pruebes una versión gratuita de sus informes de inteligencia, y por lo que se sabía del ataque de Anonymous, no era una empresa que tuviese medidas de seguridad de una “CIA a la sombra” [sic].

Luego se publicaron artículos de gente que conoce más el funcionamiento de Stratfor, por ejemplo: La nueva exclusiva de Wikileaks no es un bombazo de Obamaworld, Los papeles perdidos de Julian Assange de Lluís Basset, y más recientemente Stratfor Is a Joke and So Is Wikileaks for Taking It Seriously, de The Atlantic que llega a decir:

Stratfor es como The Economist, pero una semana más tarde, y cientos de veces más caro.

Si embargo en el artículo en Público[.es], además de hablar de “CIA en las sombras”, soltaron frases como:

Un negocio redondo surgido de la doctrina neoliberal de externalizar todos los servicios públicos (incluidos los secretos) y que consiste en privatizar hasta el espionaje [las negritas son del original].

¡Ostras! “privatización”, y la palabra mágica para generalizar sin necesidad de dar más explicaciones: “neoliberal”. ¿De dónde sacó que se haya “privatizado”? ¿El dinero? ¿Cuánto? ¿Negocio para quién? Y sobre todo ¿qué había de importante además del pelo de Aznar o que se reían de él por ser tan radical de derechas? (que lo sabemos desde hace años).

¿Es esto periodismo basado en hecho o interpretación? ¿O debería llamarle “periodismo ficción”? Es el ejemplo perfecto de lo que denunciaba Milagros Pérez Oliva unas pocas horas antes. No es el único caso, ni siquiera de ese día, pero fue uno de los más llamativos, por la expectación que se creó, las tonterías de documentos sobre el pelo de Aznar, y la historia que se montaron sin hacer un mínimo de verificación de los hechos, o a la empresa a la que acusabam de ser la “CIA privatizada”.

A veces me asusta el camino al que nos está conduciendo este nivel de desinformación y manipulación. ¿Es posible detener esta locura?

PS: También estoy esperando ver las pruebas de la agresión a Intereconomía. Muchas palabras, pero no hay imágenes, ni vídeos, ni otros testigos diferentes a los propios denunciantes… y eso que iban cargados de material de grabación. Show must go on.