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Apple censura rechaza la revista Muy Interesante por su portada, un pecaminoso hombre desnudo que se tapa sus genitales. Es decir, no se ve nada que no se vea en los libros de texto de primaria en casi todos los países occidentales. En España es legal, no tiene distribución restringida, no hay nada por qué escandalizarse. Lo mismo para la inmensa mayoría de países democráticos.

Quería ver cuál era la reacción de esos que se escandalizaron por el anuncio de Twiter, y así ha sido. Las excusas giraron en: está clasificada en 12+ (otros decían 4+) y no cumple las condiciones, por lo tanto es correcta. Independientemente que la clasificación sea ridícula, y que el que toma las decisiones parece ser un moralista de armas tomar, el tema de fondo es otro: la enorme impostura de escandalizarse por una posible censura de Twitter, y aceptar como buena la efectiva y real censura de Apple, al mismo tiempo que se afirma que no debe existir ningún tipo de censura en las “plataformas internacionales”.

Twitter básicamente dijo: si recibimos demandas legales para que retiremos tweets en aquellos países donde tengamos delegaciones, estos sólo serán censurados en ese país, serán visibles en los demás. Se podría re-escribir como “condiciones de uso” muy simples y equivalentes: los tweets considerados como ilegales no serán visibles en esos países en que así sean y lo hayan demandado sus autoridades.

A mí me parece una regla bastante más clara, objetiva y permisiva -legal vs ilegal, localizada vs global- que la de censura basado en una subjetivísima escala de edades, y qué músculos o partes humanas pueden mostrarse. Además es mucho peor que la iniciativa de “censurar” no la tome una autoridad administrativa o jurídica de un país, sino de un desconocido que hace de censor en Apple Store, que no tiene que argumentar jurídicamente.

Sin embargo, aquí no pasó nada, hasta ahora ninguno de los que reclamaban furiosamente que Twitter no debería censurar ningún tweet -aunque signifique no acatar  leyes- levantó su voz, ni reclamó un blackout contra Apple (afortunadamente, IMHO). En cambió leí mucho en el sentido contrario, la justificación a la censura: son las normas de Apple, al que no le guste, que no la use.

Por lo visto esta empresa, la más grande e influyente del mundo -mucho más que Twitter-, que es una plataforma internacional de libros, revistas, música y libros puede hacer lo que quiera, pero exigimos a otra que asuma posturas “heróicas” para oponerse a las leyes censuradoras de países. El fondo no es si Twitter o Apple hicieron mal o peor, al fin y al cabo son sistemas privados, de empresas, y cada uno sabrá donde se mete, o hasta qué punto es capaz de aceptar las normas que imponen (sea para textos kilométircos, o de 140 caracteres).

El verdadero problema es definir qué es la libertad de expresión, hasta que punto aceptamos nosotros mismos la libertad de los demás cuando nos afecta, qué limites se ponen, por qué lo hacemos, cómo compatibilizarla (o minimizarla) con tantos países, intereses y culturas diferentes… si ni nosotros mismos podemos actuar de forma coherente con pocas horas de diferencia entre un caso y el segundo, que es peor.

El otro problema de fondo es la enorme impostura de exigir que unas empresas defiendan principios éticos maximalistas, pero al mismo tiempo se relativiza y racionaliza cuando otra -más grande- lo hace peor. ¡Oiga! Y ni esos diputados que criticaron a Twitter dijeron -hasta ahora- esta boca es mía. Debe ser porque todavía les funciona el Angry Birds de su “kit Apple” del Congreso (ojo, es una boutade, pero tampoco creo que haya explicación lógica).

Esto fue sólo otro [frecuente] ejemplo de nuestras imposturas, es odioso y pedante que lo diga, pero ya lo había dicho.