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Cuando El País tenía la exclusiva de los cables de Wikileaks, estos eran portada casi cada día, y Assange un gran personaje, conflictivo, pero casi un héroe. Hoy El País sigue teniendo los cables que siempre tuvo, y la misma clave que siempre tuvo, pero dejó de publicarlos hace tiempo. Incluso algunos tan importantes como el pedido de Promusicae para que incluyesen a España en la Priority Watch List de la lista 301, aunque sí publicó entrevistas de sus presidente -Guisasola- afirmando que era una “deshonra nacional” [sic].

Hoy El País publica un editorial muy crítica, El error de Wikileaks. Les responsabiliza de la publicación sin editar de todos los cables, esos mismos que ellos tenían pero que dejaron de publicar, incluso en temas tan cercanos e importantes como la ley Sinde y ACTA y las reeacciones y comentarios de nuestros políticos y dirigentes.

Pero se olvida de mencionar que los cables de Wikileaks fueron publicados porque  otro periodista,  David Leigh de The Guardian, reveló la clave en su libro sobre Julian Assange y Wikileaks por su batalla personal contra Assange. También olvida explicar que con esa clave todas las agencias de inteligencia (y periodistas) que obtuvieron copias también podían conocer el contenido de los cables, pero que el público en general seguía sin tener acceso a los mismos. Esa fue la razón que Wikileaks haya decidido publicarlos, para que todos pudiésemos ver, no sólo periódicos y gobiernos. Muy coherente con la filosofía de Wikileaks, y lo que debería ser un objetivo de los periodistas. Tampoco explican esto en El País.

No es todo, hoy (4 de setiembre) también publican Por qué abandoné Wikileaks de James Ball,  traducido de un artículo de… adivinad… sí, de The Guardian, el mismo periódico que publicó la clave y que ahora está en una posición defensiva para justificar y no reconocer su error enrocándose y manipulando en que fue un problema de seguridad (no sabíamos que la clave no caducaba, debería tener caducidad, ergo no es problema nuestro).

Así están las cosas, periódicos que no publican los contenidos de los cables que poseen, que convierten en villano al que antes era casi un héroe, que ocultan al verdadero culpable de la “liberación” sin editar de los cables de Wikileaks (otro periodista y medio amigo), y que luego se apuntan a la campaña de desprestigio dirigida por el mismo medio que cometió el error más grave.

Cierra el editorial de El País:

Las esperanzas que despertó Wikileaks podrían quedar en nada por un error, que nunca se puede cometer impunemente desde el periodismo.

Es un ejemplo claro de pedantería y paternalismo periodístico, pretendiendo hacer pedagogía y de policías de la ética que ellos incumplen vergonzosamente.

¿O alguien cree que en El País no sabían que ese medio del que traducen los ataques contra Wikileaks fue el que reveló la clave y que no fue un “problema de seguridad” como repiten? Y si fuese así, peor lo ponen, no hay más peligroso que un tonto ignorante con tanto poder (mediático).

Lo peor no es la falta de escrúpulos periodísticos de El País (que no es el peor, ni de lejos), sino la desinformación que tiene la media de la gente sobre el tema. Ni la décima parte de los que leyeron el editorial y artículo de El País leerán este apunte, aún menos los enlaces con más información objetiva. A pesar de los cambios y de lo que está cayendo, así estamos, así seguimos. Es muy triste.