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Hoy leí un fantástico artículo de la ministra cineasta González Sinde en El País, un periódico que, como siempre ha hecho la prensa, se muestra muy crítico y celoso las pretensiones del poder. Perdón, debo reconocer que dije una verdad y una mentira.

La verdadera es que el artículo es fantástico, y no miento, lo dice el DRAE:

1. adj. Quimérico, fingido, que no tiene realidad y consiste solo en la imaginación.
2. adj. Perteneciente o relativo a la fantasía.
3. adj. Presuntuoso y entonado.
4. adj. coloq. Magnífico, excelente.

Podría dedicarle un gran apunte para rebatir todo el artículo, pero ya lo hicieron otros (como Aldea IrreductibleJesús Encinar o EDans), así que sólo escribiré lo indispensable: no soy cineasta, ni gran amante del cine, tampoco historiador, ni siquiera soy de letras, pero tengo blog y por lo tanto dedicaré unas letras para rebatirle duramente algún detalle sobre la historia del cine.

Bueno, eso no es toda la verdad, resulta que durante las fiestas leí algunos libros –unos cinco o seis, no sé si son muchos, pero seguro que más que los que leyó la Ministra de Cultura (además fueron todos ebooks, aunque debo reconocer que un par eran “pirateado”)–. Uno de los que más me gustó fue The Master Switch: The Rise and Fall of Information Empires, al leer el nombre de Méliès en artículo de González Sinde me acordé inmediatamente que había leído sobre él en este libro.

El capítulo 4 (The Time Is Not Ripe for Feature Film) es un breve pero frenético resumen de la historia de los inicios de la industria del cine. Permitidme que os haga un aún más breve resumen “anotado” con detalles y enlaces adicionales.

Los inicios del cine, el cabrón de Edison y de como París dejó de ser la capital mundial (spoiler: unos judíos rebeldes y la Primera Guerra Mundial)

Desde 1908 hasta la Primera Guerra Mundial el centro del cine mundial estaba en Paris, no en Hollywood ni en ningún sitio de EEUU. Había dos gigantes: los estudios Pathé-Frères y Gaumont. Fueron los franceses los que inventaron por aquellas épocas los largometrajes (pelis de más de 20 minutos), inventaron el carrete de película, la comedia, las persecuciones, el melodrama. El más famoso director de la época, el francés Georges Méliès, inventó efectos especiales, la sustición, el timelapse,  etc. Los franceses fueron los primeros en contrastar estrellas para las películas, como así también a escritores reconocidos para la elaboración de los guiones. Por supuesto, tenían también el mayor cine-teatro del mundo, el Palais Gaumont.

Es decir, los franceses eran los reyes del cine, y Europa la líder indiscutible. Pero su cine no se veía en Estados Unidos (donde sólo se veían cortos de unos 10 minutos en los nickelodeons, los apestosos e incómodos cines norteamericanos de la época), y esta fue una de las razones por la que se creó la hoy pontentísima industria del cine, Hollywood.

La primer cámara y proyector fueron inventados por Louis Lumière en 1895. Él y su hermano Auguste hicieron varias películas, pero no estaban interesados en crear una industria a la que veían poco futuro (de hecho se negaron a vender sus cámaras a Goerges Méliès). El mismo año en Estados Unidos Charles Francis Jenkins con su compañero Thomas Armat patentan el Phantoscope. Jenkins tampoco tenía intenciones de crear una industria, y fue decisión de Armat de vender su parte de la patente a Edison –y también se unió a su empresa–, a la que luego Jenkins vendió su otra parte por $2.500.

Edison inmediatamente entró en el mercado del cine con su versión de Vitascope. Luego, con el poder que le daba la patente del Phantoscope, intentó controlar el mercado del cine en EEUU. Pero tenía un problema, el competidor Biograph tenía otras patentes que les obligó a pasarse casi una década con litigios legales. En 1908 deciden ponerse de acuerdo y unir fuerzas creando la Motion Pictures Patents Company (MPPC) también conocida como Film Trust o Edison Trust con otros competidores y el principal fabricante de películas: Eastman Kodak.

Con el objetivo de evitar una “competencia ruinosa”, el consorcio agrupó 16 patentes, bloqueó la importación de cine extranjero, y fijó precios de cada paso de cada paso de la producción y exhibición de películas. Así por ejemplo fijó los salarios y una tasa de $2 a la semana para los cines afiliados. En 1909 hacen una presentación en el Imperial Hotel de Nueva York a los distribuidores principales (unos 120, llamados exchanges), en esta anuncian las reglas y que aquellos que no se afiliaban no podrían filmar películas, ni importarlas. Los que no lo hiciesen recibirían boycotts (muy famosos en la época, llegando a quemar y destruir cines y rollos de películas) y demandas por violación de patentes. Un pequeño judío, Carl Laemmle, propietario de una distribuidora en el Medio Oeste se rebeló contra esta imposición, acusándoles de tiranos, inmorales y una amenaza para toda la industria.

A partir de allí Laemmle recibe toda clase de ataques personales y demandas. En el mismo año funda Independent Motion Pictures (luego Universal Studios) y hace una “declaración de Independencia” pidiendo a sus colegas que se unan para denunciar al “pulpo del cine” y rebelarse a pagar la tasa de $2. Laemmle pronto empieza a hacer películas tan rápido y barato como podía, basándose en películas vírgenes francesas, ya que Eastman era parte de la MPPC y les boicoteaba.

Otro judío inmigrante se une a este grupo, Vilmos Fried Fuchs, más conocido como William Fox, que en 1912 también se une a la moda de hacer películas al estilo francés.

Los independientes crean la International Projecting and Producing Company (IPPC) con grupos franceses, italianos, británicos y alemanes para romper el bloqueo a la importación de películas extranjeras por parte de la MPPC. La primera película de éxito extranjera en EEUU fue en 1912 con Les Amours de la reine Élisabeth, una película de los estudios Pathé-Frères protagonizada por la estrella Sarah Bernhardt. El que llevó esa película a EEUU fue otro judío, pretendía introducir este tipo de cine “revolucionario” a EEUU (largometraje de 40 minutos, con estrella y gran presupuesto),  debido a la mala situación económica de los estudios Pathé invirtió $18.000 en la producción  para asegurarse los derechos para EEUU (una pequeña fortuna en la época, otros hablan de $40.000, y una gran riesgo por parte de Zucker). Esta persona fue otro de los “rebeldes”, uno de los gigantes del futuro Hollywood y fundador de Paramount: Adolph Zucker.

(¿Por qué menciono tanto el orígen judío de los protagonistas? Porque estas batallas entre la MPPC y los “independientes” fueron luego conocidas como los judíos inmigrantes contra los WASP norteamericanos, además explica por qué se afirma que Hollywood fue una creación de los judíos. Algunos explican que estas diferencias entre ambas culturas se debía a que los judíos provenían de ciudades mientras que los americanos de la MPPC eran de origen rural y no entendían los gustos de una nueva generación de jóvenes urbanos. Los conspiranoicos de siempre afirman que Hollywood es en realidad un arma de los judíos para controlar el mundo :roll:).

La reacción a estas producciones independientes por parte de la MPPC fue rabiosa: una cosa era distribuir películas, pero otra muy distinta producirlas y filmarlas sin licencias. Así se desataron batallas legales que duraban años y dejaban en la ruina a los independientes. Estos abandonaban Nueva York en masa, hacia Cuba, Florida, San Francisco y Los Ángeles. Los Ángeles fue el destino favorito por dos razones: el buen tiempo que abarataba mucho la producción y su cercanía con la frontera mexicana para huir cuando recibían demandas y órdenes de detención iniciadas por la MPPC.

Así nació Hollywood, el refugio de los rebeldes independientes que huían de la presión y acoso de la MPPC. Esta última ya estaba en decadencia desde 1912 ante el éxito del “cine estilo europeo” y la diversidad de temas del “nuevo cine norteamericano” (sólo en 1914 los independientes produjeron más de 4.000 películas con los temas más variados), pero recibió su sentencia de muerte en 1915 cuando perdió el juicio por violar las leyes antimonopolio y una corte del distrito federal ordenó su disolución.

El cine europeo de la época

¿Que pasó con el cine europeo que podría haber conseguido el liderazgo en Estados Unidos? Básicamente que nunca se pudo recuperar de la Guerra, y París perdió su puesto como capital del cine. El una vez poderoso Pathé-Frères fue liquidado en piezas, el director más famoso de los inicios de 1900, Georges Méliès tuvo un destino muy desafortunado: tuvo muchos problemas económicos, sus estudios habían sido confiscados para uso del ejército francés, en búsqueda de dinero y sin tener noción del valor que tenían, vendió todos sus archivos para ser usados como suelas de botas militares, luego se dedicó a vender juguetes en la estación de Montparnasse.

Epílogo

En pocas palabras: en la primera década del siglo XX el cine francés era el rey, no pudo entrar a Estados Unidos por el boycott de un cartel de Edison sustentando en el monopolio legal de las patentes norteamericanas. Cuando finalmente ese cartel es eliminado por los “independientes” –que no respetaban las patentes de trust— y una sentencia antimonopolio se abre la posibilidad del reinado francés en EEUU, pero la Guerra Mundial trunca al cine europeo, y hace que uno de sus más grandes directores quede en la ruina gracias al estado francés que le confisca sus estudios para usos militares (y el golpe de gracia de decisiones personales desacertadas, como vender sus valiosos archivos al peso a precio de chatarra).

Director cut: ¿Qué nos cuenta nuestra ministra de cultura en el principal periódico de España?

o que fue la piratería, tan frecuente en el cine mudo (otro salto tecnológico), la que acabó con cineastas innovadores como Méliès.

Fantástico. No sé si es que aplican la orwelliana estrategia de control, o es que simplemente no tiene idea de la historia de “su industria” y se traga y divulga cualquier bulo que le cuentan.

Bonus reel: Mark Twain y los “piratas”

Escribió la Ministra:

ya en el siglo XX, Mark Twain, hasta el punto de que el término “pirata” en esta acepción fue popularizado por el autor estadounidense.

Debo reconocer que algunas veces radio macuto le cuenta algunas verdades históricas. Sí, es verdad que Mark Twain usó el término “pirata”. Además Twain hizo lobby público para que se logre una extensión al copyright.  Pero se le olvida, o no se enteró, de contar toda la verdad o de preguntarse por qué Twain no es el héroe de los radicales del copyright a los que representa la Ministra (que seguramente ya le darán un toque después de que lean apasionadamente este apunte).

Simple. Twain acusaba de piratas a los editores (otro y otro), y a las leyes de copyright del gobierno que no servían al interés público, sólo al de los editores: podían aprovecharse gratuitamente de trabajos en dominio público para competir contra los autores en activo.

En el contexto de Twain se entiende perfectamente. La única forma de llegar a los lectores era a través de los editores, no había Internet ni intercambio de ficheros. Esos editores seguían controlando el canal y sacando beneficio económico, además forzando a la baja el precio por las nuevas obras.

Por olvidar también se olvidó de comentar que al principio Twain era favorable al reuso y copia de obras, y que fue crítico con las leyes de copyright. Cambió de idea cuando ya era viejo y estaba más preocupado de la herencia que dejaría a sus hijos (para que no tengan que trabajar) que de la producción cultural… quizás, sólo quizás, aunque haya criticado a los editores ya se había convertido en un anciano gagá (viejo choto para los argentinos).

Es probable, suele ocurrir, he leído recientemente a algún premio Nóbel de Literatura criticando el libertinaje [sic] en Internet.