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Primero la aclaración y gran disclaimer de mis propias contradicciones: estoy en contra del DRM, sin embargo tengo un Kindle con DRM (para decirlo todo, también un teléfono Nokia, un Sony-Ericcson y un Android, todos tienen programas reproductores con DRM, además de no ser libres).

Compro muchos libros, fundamentalmente técnicos en Amazon.co.uk. Desde hace tiempo que quiero dejar de comprar libros en papel por varias razones:

  1. ecológicas (papel, transporte),
  2. coste (los libros en papel son más caros, y en Amazon.co.uk son más caros que en EEUU),
  3. rapidez (un libro en Kindle te llega en segundos),
  4. comodidad (es más cómodo y ligero que un tocho de papel).

Hasta ahora no lo había comprado porque sólo servía para leer los libros de Amazon (o sea DRM + customer lockin), pero hubo un par de cambios importantes:

  1. Amazon tiene servicio de conversión por email. Tiene uno que te cobran $0.99 por megabyte (lo probé una vez, con un PDF de 3MB, pero todavía no me han cobrado), envías un documento por email a tu cuenta Kindle (usuario@kindle.com), te convierte el fichero y te lo sube al Kindle. Tiene otro gratuito (usuario@free.kindle.com) al que envías el documento, luego te responde con un enlace donde lo puedes bajar a tu ordenador y copiarlo al Kindle vía USB.
  2. En la actualización de firmware de hace pocas semanas incluyeron un lector de PDF, lo que permite que puedas tener tus libros. Nota: aprendí en carne propia que el PDF es un pésimo formato para eBook [*], pero también aprendí y comprobé que el Kindle lee perfectamente el formato .mobi.
  3. Conocí el programa Calibre (programado en Python, multiplataforma) que gestiona bilbioteca de eBooks, los convierte a casi cualquier formato y además detecta automáticamente el lector enchufado al USB y hace las conversiones necesarias de forma automática según los formatos que acepta el dispositivo.
  4. Es un cacharro barato comparado con los demás: me costó más o menos 220 € incluido transporte y aduana, el Papyre está a 299 € (aunque se puede conseguir algo más barato en PC City, al menos hasta la semana pasada, conseguí comprarlo a 257 € por una oferta a empresas en su página web).

[*] El Kindle no recorta bien los márgenes de los PDF, por lo que achica las fuentes hasta hacerlas ilegibles, tampoco permite hacer zoom salvo que se rote le pantalla para leer en apaisado (muy incómodo). Tengo un Papyre 6.1 y en este sentido funciona mucho mejor que el Kindle.

Así que me decidí y compre un Kindle. Estoy muy contento con el “ecosistema” Kindle + Amazon + Calibre. Puedo comprar libros de Amazon rápidamente (aunque el catálogo no tiene todavía nada que ver con los de papel), el cacharro funciona muy bien, es muy ligero, y puedo leer casi cualquier libro gracias al Calibre (los originales PDF suelen dar problemas, si tenéis opción elegid un .fb2, .epub, .mobi o html, que son convertidos mucho mejor, si es que hace falta –el Papyre los lee a todos–).

Luego comenté varios de estos temas en Twitter, varios han criticado o comentado que es mala opción por su DRM. Pero me sorprendió una cosa: creo que casi todos los que criticaron son usuarios [y fans] de Spotify [*] (y algunos de iTunes). Es más, muchas de esas personas ponen de ejemplo a Spotify como el “futuro de la comercialización y distribución de música”.

[*] Suelen pasar enlaces por Twitter de lo que están escuchando, y los que no tenemos Spotify debemos conformarnos con una página de error sin indicar siquiera de qué canción se trata.

Nunca usé Spotify porque:

  1. es un sistema con un protocolo cerrado,
  2. sólo puedes oir la música en su propio programa (Windows, Mac o algunos móbiles para la versión Premium),
  3. no hay alternativas libres,
  4. no hay ninguna alternativa para GNU/Linux (salvo el de usar el Wine),
  5. sólo puedes escuchar lo que tienen en su biblioteca,
  6. no puedes almacenarlas localmente para escucharlo cuando quieras (salvo la versión de pago, pero sólo con el programa de Spotify), hacer copias, ediciones etc.,
  7. pueden eliminar las obras que les apetezca, sin previo aviso y sin derecho a reclamación.

En resumen, que me parece el peor de los DRM, sólo que cambia el método de cobro:

  1. Una cuota mensual de “all you can eat” para no tener publicidad, poder escuchar en los móbiles y en “off line” (mientras vas de viaje, por ejemplo)
  2. Gratuito si admites publicidad (que es una forma de pagar con “atención” en vez de con dinero) y sólo para escuchar en el ordenador en streaming (i.e. “on line”).

Es decir, para muchos de lo que están en contra del DRM basta con cambiar el método de cobro, o que sea “gratuito” para que el peor de los DRM ya no sea tal. No entiendo esta lógica, me parece profundamente incoherente, o como mínimo que no se haya entendido el problema de fondo del DRM.

La justificación de que es “gratuito” no es lógica, porque el DRM no se trata sólo de dinero, y porque pagas indirectamente con publicidad.

La justificación de que puedes “compartir” con otros tampoco tiene sentido, porque sólo pueden hacerlo aquellos que instalen sus programas, tengan Windows o Mac, acepten las condiciones restrictivas y que además coincida con la zona/país, porque en otros países puede no estar en la biblioteca, o incluso hay países (creo que la mayoría) donde Spotify no ofrecen servicios.

¿Qué pasaría si Amazon no cambia nada de su DRM pero cambia el método de cobro? Por ejemplo pagar 12 euros al mes para leer los libros que quieras. O meterte publicidad entre el texto de los libros. Con la misma lógica el Kindle ya no tendría DRM, a pesar que no hayan cambiado una coma del código ni un transistor del hardware.

No se sostiene. Tampoco pretendo justificar a Amazon ni a mi contradicción: sigue teniendo DRM, sigue siendo una contradicción (al menos por ahora).

En realidad la diferencia fundamental es la “actitud”, aquellos que usan Spotify ya lo hacen a sabiendas de que no quieren “poseer las canciones”, sólo escucharlas. Mientras que para los libros no pretenden sólo leerlos, sino también poseerlos. Pero no deja de ser un cambio de actitud consumidora, más que en la [no] existencia real del DRM.

¿Pasará también lo mismo con los libros digitales? ¿dejaremos de querer “poseerlos”?

Si es así, como parece indicar la lógica, la comercialización como servicio de las obras artísticas habrá convertido al DRM es una condición necesaria pero aceptada, a tal punto que el concepto de DRM –y lo malo que es/era– habrá quedado en el olvido.

No sé si será bueno, malo, peor o mejor, pero claramente es un dilema cada vez más difuminado, incomprendido… o del que es mejor no hablar. Pero seguramente este año, con la popularización de los lectores eBook  se convertirá en tema de debate y acusaciones entre “autores” y “lectores” por la “piratería de libros”, como pasa con la música.