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Hace varias semanas, criticando a las pretensiones de privilegios especiales de “algunos colectivos” escribía (o una versión más extensa y “académica” sobre esa historia):

Este poder de los gilds se fue perdiendo con el nacimiento de los estados europeos, especialmente notable en la República Romana y a partir del Renacimiento, donde se consideraba que los gilds limitaban el comercio y el ejercicio profesional.  […] Lo que en un principio surgió como una asociación que promovía la “libertad ciudadana” que marcaría los inicios de lo que hoy conocemos como profesión definiendo estándares de conocimiento y capacidad, responsabilidad social  y códigos de funcionamiento social y ayuda mutua se convirtieron en grupos de élites excluyentes, sostenedores de monopolios, lobbies políticos poderosos, fijación de precios y cuotas. […] No quedan muchos documentos sobre la historia de los gilds, salvo en los de Derecho Romano. Éste limitaba el poder los gilds bajo la teoría que debían estar sujetos a la “lay natural”, y en casos muy específicos mencionados en el Digest 3.4.1

La historia nos enseña que cualquier privilegio que se le otorgan a grupos sociales acaban siempre en abusos. Los abusos de la SGAE con el canon y sus métodos de cobro y espionaje son ya bien conocidos. Pero hay otros que aunque siguen la lógica del empeoramiento de los abusos anteriores son pocos conocidos, o ignorados (especialmente por los que deberían velar que eso no ocurra).

Sino basta leer una tremenda historia: como me has criticado en tu blog no te dejeremos organizar un concierto, aunque pagues y cumplas los procedimientos más arbitrarios que te pongamos. Alucinante, pero eso –que seguranmente es ilegal además de increíble– es lo que acaba de hacer la SGAE aquí en Mallorca. Suena sensacionalista, pero no exagero nada: Consecuencias del meneo, Consecuencias del meneo – Parte II (vía Consecuencias del meneo criticando el canon de la SGAE: un concierto bloqueado).