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Tesla Motors es una compañía de Silicon Valley que fabrica unos coches completamente eléctricos. Ese coche que sale en portada de la página web cuesta algo másde 80.000 euros. Esta empresa pidió un préstamo de –sólo– 400 millones de dólares al gobierno para desarrollar el siguiente modelo –Model S– orientado más al mercado familiar y de clase media alta (costaría unos 50.000 euros).

En el New York Times la hecan una crítica feroz y bastante desafortundada: Si sólo los ricos lo pueden comprar. ¿Deberían recibir ayuda de los contribuyentes?

Jason Calacanis responde punto por punto en un artículo en On Bailouts and Sports Cars. Merece la pena leerlo cuidadosamente, para encontrar cosas admirables… y patrioterismo auténticamente norteamericano (también dudo que si tienen mucho éxito y quieran bajar los precios sigan fabricando los coches en EEUU).

De ese artículo aprendí algo curioso. Esa costumbre que tengo yo en responder línea por línea –copiado a Eric Raymond– a apuntes de otros blogs o comentarios en éste tiene un nombre: fisking.

Fisking: The act of delivering criticism on a line-by-line basis established by conservative bloggers to check the British journalist Robert Fisk.

Pero lo que me dejó mas cabizbajo fue la amplitud de miras hasta en las discusiones que pueden parecer más pueriles. Directamente discuten y plantean cómo dominar el mercado mundial de los coches eléctricos y que esto ayude a dar vuelta a la crisis al mismo tiempo que elimina la dependencia del petróleo de oriente.

Quizás mi percepción sea errónea, pero aquí me parece que no pasamos de discusiones de vuelo rasante de si aumentará el consumo, si bajarán o no los precios de la vivienda, si damos o no no ayudas para que las fabricas de coches tradicionales sigan fabricando aquí. O peor, si es que necesitamos fichas o regulaciones para informática. Incluso mucho peor, si tenemos homenajear o no a una monja y por qué no había invitados del País Vasco para la lectura de la constitución en el congreso.

¿Por qué da la impresión que nuestras miras son siempre tan bajas? En temas de tecnología no tenemos mucho para hinchar el pecho, pero en renovables –solar y eólica– todavía parece que estamos en la avanzadilla. ¿Por qué no hay debates profundos sobre ese tema y cuánto nos convendría invertir con el dinero de todos para intentar “dominar la tecnología y el mercado”?

Parece que exagero, pero se pueden adivinar las portadas de cualquier periódico: los problemas del PP y Rajoy, la última tontería de los Chávez, crucifijos sí crucifijos no, más noticias de lo que ocultó Aznar sobre Guantánamo (en otros periódicos dirán que muchos de los vuelos fueron con Zapatero), la última noticia de violencia machista –hay varias cada día–, la última tontería que dijo o hizo Esperanza Aguirre, la crítica de Pepiño al PP, la crítica de Soraya al PSOE, la última gilipollez de Otegi, más problemas con EpC en Valencia, de un auto de Garzón, …

Estaría bien encontrar titulares como: “Gobierno y oposición acuerdan la inversión de X millones de euros en la empresa Y para apostar por el líderazgo tecnológico/energético/informático” (o cualquier otro que indique que pretendemos ayudar a mejorar un poco el mundo, no sólo “aumentar el consumo y la confianza del consumidor”)

Estaría también muy bien que en las páginas de tecnología de los periódicos se hablase menos sobre la última tontería o engaño matrimonial en Facebook, los problemas  de la “piratería” o lo que sacará Apple en navidades, o el último bulo del gran invento de un jubilado español y se encontrasen artículos de opinión y análisis como el del New York Times sobre si conviene o no poner dinero de los contribuyentes en determinadas empresas de tecnología.

Aunque estén tan equivocado como éste, sería alucinante. Algunos blogocósicos no las pasaríamos tan bien como el Jason Calacanis y su fisking (actualmente ya ni se puede practicarlo, las noticias nuestras sólo se componen de un concepto o idea y con casi nada sobre el que contrastar con evidencias).

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