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Del Teorema de Cipolla

Del Teorema de Cipolla

El teorema de Cipolla define a los inteligentes, cabrones, incautos e imbéciles y su estructura fractal. En esta época de las simplificaciones y generalizaciones dospuntoceristas, ese teorema ya es muy complejo de explicar, lo que hace que nuestras nuevas generaciones 2.0 no puedan captar la profundidad del mismo. Creo que si Cipolla viviese y tuviese un blog como el mío habría tenido el nivel de lobotomía para escribir lo que viene a continuación.

Propongo una adaptación más simple del Teorema de Cipolla actualizado a los materiales fundamentales nuestra civilización Internet: obras, humo, fuego. Con esos simples conceptos se pueden explicar claramente conceptos tan cultos como sofisticados: incautos, sosos, cantamañanas, pirómanos, estúpidos, palmeros e imbéciles.

Una persona ideal sería aquella que sólo produce, realiza y vende obras. Estas obras son un aporte real, tangible y que perduran con el tiempo.

Existen personas que sólo producen y venden humo. El humo enriquece al que lo vende –su coste de producción es ínfimo–, pero no es material, no deja nada tangible ni perdurable, salvo un color negruzco y olor ocre de aquellas cosas que toca. Pero con el tiempo el humo desaparece y no deja rastro alguno.

Por otro lado están los que sólo se dedican a destruir, son los que hacen fuego. El fuego a veces sirve para despejar el humo, pero a veces ayuda a producirlo. Lo peor del fuego es que destruye a las cosas, que sin la intervención del fuego hubiesen perdurado mucho más. Por eso es más destructivo que constructivo.

Aunque lo ideal es que todos produzcamos obras perdurables, somos humanos. Cipolla los hubiese llamado incautos, seguramente un gurú de la modernidad les llamaría Sosos 2.0. La pureza no es posible, ni recomendable para una vida plena y divertida (como diría un gurú autor de libros de autoayuda que se encuentran y venden como rosquillas en la T4 de Barajas).

Así casi todos los humanos producimos, hacemos humo y de vez en cuando encendemos fuegos. ¿Quién no es un poco fantasma? ¿A quién no le gusta un poco de “fumeque”? ¿A quién no le gusta seducir con el poder cautivador de un buen “humo”? ¿A quién no le gusta hacer un poco de fuego para calentarse las manos o para eliminar el humo y sus olores? ¿A quién no le seduce el movimiento cautivador de las llamas?

La mayoría somos imperfectos, la inteligencia reside en saber hacer cosas y sólo producir las dosis precisas de humo –para cautivar y seducir a los demás–  y fuego –para dejarnos cautivar por su vistosidad y calor–.

Cuando la única intención e alguien es cautivar con el humo, decimos que es un… vendedor de humos. O un cantamañanas. Hay muchas de estas personas, en general son tan cautivadoras como embaucadoras. Sus obras duran lo que dura el humo, pero en general son poco peligrosos. Con un poco de “buen fuego” despejamos el humo, el resto desaparece y nos olvidamos al poco tiempo.

Lo malo es cuando alguien se dedica sólo a encender fuegos destructivos. Algunos lo hacen adrede para destruir, algunos llaman a este tipo de personas hijos de puta con mucho tiempo libre. Para guardar las formas, no ofender a la madre de nadie y usar una terminología más adecuada con nuestros tiempos les llamaría Pirómanos 2.0.

Otros en cambios lo hacen con buenas intenciones: despejar el humo. Pero de tanta obsesión por encender fuegos al final terminan creando más confusión, humo, destrucción de obras y daños colaterales a personas inocentes. No sé cómo llamarlos, es complicado, un Cipolla blogger les hubiese llamado Estúpidos 2.0.

Al final todos terminamos aprendiendo a reconocer a  cada personaje. En general una buena persona hace obras, se divierte de vez en cuando con el humo y a veces usa el fuego adecuadamente, o simplemente porque necesita evadirse y que las llamas lo cautiven. A los vendedores de humos se los identifica al poco tiempo, así muchos no vuelven a comprarlo, sin embargo las buenas personas se apuntan a veces a divertirse un poco con el humo.

Los más difíciles de controlar son los pirómanos 2.0 y los estúpidos 2.0, pero las net-civilizaciones –como diría un  gurú blogocósico– aprenden a convivir con ellos sacando provecho de que ayudan a eliminar humo y minimizando los daños colaterales. Pero a veces el fuego se hace incontrolable debido a que hay mucha gente que colabora y anima a que se agregue más leña al fuego. Es esa gente que pasa parte importante de su juventud disfrutando del poder destructivo como cautivador de ese plasma inmaterial y colorido. Son esos que pasan mucho tiempo danzando, cantando y bailando alrededor del fuego, adorando y bendiciendo a los dioses que fueron capaces de crearlo. Dicen que el estribillo más repetido entre sus cánticos es tú si que te atreves a decir la verdad, maestro.

Estas danzas del fuego tienen además un efecto colateral que lo empeora. Un buen fuego necesita de buena madera –dura y seca– para que no se produzca más humo. Pero alimentar ese fuego que mantiene a multitudes embelezadas se le agrega madera verde y cualquier otra material combustible, que generan mucho humo. Este humo divierte aún más a esos danzarines del fuego y fortalece el poder cautivador de los pirómanos, los modernos Hefesto 2.0.

Tampoco sé cómo llamarles a estas personas dando vueltas, aplaudiendo y cantando alrededor fuego. Algunos dicen que son palmeros, pero aqui se activa mi escepticismo porque algunos pirómanos acusan que de vendedores de humos a esos que dicen palmeros. Para mantener mis habituales buenas formas, independencia y credibilidad intelectual, como así también para respetar al maestro Cipolla, le llamaré Imbéciles 2.0.

Los imbéciles 2.0 en realidad no hacen daño por sí mismos, pero sí que prestan su colaboración a que los pirómanos 2.0 y estúpidos 2.0 se sientan animados que el escaso esfuerzo por producir fuego les genere tan inesperada fama y tratamiento de dioses.

Pero lo peor de todo es que una proporción importante de esos bailarines y adoradores de dioses se convertirán luego en pirómanos 3.0. El resto sencillamente habrá perdido su capacidad crítica y de escepticismo, la exposición temprana y por tanto tiempo al calor y el humo suele producir daños cerebrales irreversibles.

Disclaimer: Durante el desarrollo de este apunte no se ha dañado, insultado, ni desacreditado a ningún blogger. No conocí de nada a Cipolla ni tengo relación o intereses comerciales con su teorema. Por mi condición de blogger-no-escritor tengo relación con otros muchos bloggers, aunque creo que sólo mantengo relaciones con aquellos que considero buenas personas –con sus obras y aderezos razonables de humo y fuego– no pondría la mano en el fuego (no pun intended) por ningún bluguero [Casciari dixit], lo mismo es aplicable a mí. Leyendo los clasificados de cualquier periódico conservador-católico se puede comprobar que en este país hay muchas putas –y putos– por lo que deben existir muchos hijos de putas –y putos–, aunque no me atrevería a mesurar el tiempo libre de que disponen. Este apunte ha sido escrito con electrones reciclables. Para escribirlo se emitieron 85 gramos de CO2, para compensarlo hoy reduciré la velocidad media de conducción de mi coche Diesel de bajas emisiones y filtro de partículas. Qué majo soy.