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Acabo de llegar a cada del EBE08 agotadísimo, no he parado de hablar –perdón a las víctimas–, ni de beber cervezas –me dí cuenta que los blogs provocan menos dolores de cabeza que los beers–, ni de reirme durante mucho tiempo del cierre divertidísimo visionario y emotivo del puto crack.

El sábado durante la comida tuve una ración de surrealismo impresionante que me contó Emilio Márquez. Conociendo un poco a Emilio no le creía ni una palabra, es que además era demasiado increíble para una mente normalita como la mía. Pero luego llamó a su mujer que nos confirmó la historia. Prometo que les dije “salgo a fuera a fumar un cigarrillo, necesito recuperarme del impacto”. No puedo contar en el blog la historia, es personal y Emilio no me autorizó. Pero además de surrealista, la estatura humana –que no física– de este hombre se elevó varios metros sobre todos nosotros.

También hubo bastante de surrealismo en la mesa redonda que participé (con sus merecidas críticas). Muchos me preguntaban cómo es que habían logrado “robarme el protagonismo”. Es que venía de poco antes de la mesa, como algunas cosas que escuché  durante la breve discusión de coordinación previa –“los bloggers están menos sujetos al Código Penal que un periodista […] la mayoría de los bloggers piensan que hacen periodismo”–, así que estaba en una especie de trance por el surrealismo de toda la situación. Me costó un poco recuperarme, aunque creo que me/nos es útil conocer otras percepciones de la blogocosa, aunque sean tan “radicales”.

Durante la mesa redonda opiné que en realidad la influencia de los blogs es ínfima –si es que hay alguna–, sólo que a veces tenemos la suerte de que los que son realmente influyentes y/o toman decisiones leen nuestros apuntes. Comenté el ejemplo de mi apunte anterior sobre el tema de las regulación informática y dije que si tuvo alguna influencia real es porque una diputada que estaba en la comisión de sociedad de la información lo leyó y quizás sirvió para el debate. Cuando terminó la mesa se me acerca una señora rubia atractiva que me dice “Ricardo, yo soy esa diputada”. Lo último que me esperaba en ese momento.

Luego pude conocer personalmente y hablar durante varios minutos con Rosa J. C. a la que critiqué antes. Aunque le reafirmé mis críticas –las “aceptó”– me cayó muy bien. Quizás es que lo mío fue exagerado, las cosas siempre son algo intermedio entre las visiones de los dos extremos, o es que ella es una encantadora de serpientes.

Pero lo más curioso me sucedió en el aeropuerto de Sevilla esperando para embarcar en el vuelo a Palma.

Estábamos en un bar de la zona de embarque con José L. Orihuela –luego se unió Jose del Moral–. Yo estaba tomando un café y leyendo el periódico ya casi desvanecido del cansancio cuando se nos acerca un guiri que en inglés me pregunta si yo soy Galli, que me había visto en la mesa redonda y sabía algo del Menéame (que casualmente a veces usamos los servicios el Amazon EC2). Le dijimos que se siente con nosotros. Nos cuenta que es “evangelista” en Europa de los servicios web de Amazon, que ahora se quería centrar en el mercado español y que había venido el EBE para ver qué se cocía en España (dijo que le gustó mucho, muy bien organizada, que era mucho mejor y más abierta que otras conferencias similares en las que había estado).

Durante la conversación el tío me sonaba mucho, hasta que le pregunté si él era el autor de un apunte que había leído meses atrás donde contaba cómo había hecho para que Amazon le contratase. Sí, era él, además iba en mi mismo vuelo hacia Palma para luego tomar otro vuelo desde allí hacia Alemania.

Allí no acaban las coincidencias.

Durante la conversación me pregunta si tenía sentido venir a Mallorca a explicar los servicios de Amazon. Le explico que está el Parc Bit, con muchas empresas tecnológicas y que seguramente les interesará. Me pide que le busque algún contacto del Parc Bit. Yo le pregunto qué hacía en Luxemburgo, cuando podría estar mejor con el buen tiempo de Mallorca y ademaś conectado con vuelos directos a las mayores ciudades de Europa –como “evangelista” está continuamente viajando–. Me dice “me encantaría, deberías pedir a algún político de Mallorca que contacte con mi jefe de Amazon y les meta presión”… treinta segundos después veo en la cola del embarque a mi amigo Jaume Sureda y su mujer la alcaldesa de Palma, que les había tocado justo la fila de asientos anterior a la mía. Tres minutos después la alcaldesa ya tenía una leve idea, nosotros su correo electrónico y los pasajeros de alrededor una rabia contenida por las molestias y bloqueo que ocasionamos.

Nada, que alucinaba, me quedé dormido profundamente en el avión, me desperté cuando las ruedas golpearon la pista en Palma. Espero no haber roncado.