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Hace unos días escribí “Buenos argumentos…”. Allí mencionaba uno de los problemas de los argumentos y el periodismo:

Fallos en el argumento del entrevistado
Cuando el artículo refleja el argumento de un tercero o un entrevistado. El objeto del artículo falla en construir un argumento sólido y el periodista no es capaz de detectar los fallos ni plantearle las preguntas que se harían los lectores.

Se pueden encontrar varios ejemplos en la entrevista a Zapatero de hoy en Público. Juan Varela en Directores de periódico fascinados, presidentes contentos menciona el tema de la “entrevista fácil”. Pero invito al lector que sea lea la estructura de los argumentos y que encuentre esos “buenos argumentos” en las respuestas de Zapatero. También le faltó reflejos –o ganas, o estaba pactada– a Nacho Escolar para forzarle a responder adecuadamente.

Hay muchas de esas repuestas de perogrullo y sin argumentos pero hay unas que son especialmente llamativas:

¿Y no se deteriora la democracia cuando más de 100.000 votantes no pueden votar a los candidatos que quisieran?

No. Se deteriora la democracia cuando hay candidatos que pretenden presentarse y luego dependen de una organización como ETA. Eso es el deterioro de la democracia.

Es una afirmación soprendente, como mínimo difícil de entenderla sin buenos argumentos. ¿Por qué una es deterioro y otra no? La respuesta no tiene razones ni evidencias. Tampoco se pide que lo explique.

¿Para cuándo se va a quitar la Biblia de las tomas de posesión?

Eso es una tradición que está ahí. No olvidemos que juramos ante el jefe del Estado. Yo prometo, pero a mí, personalmente, no me molesta. Soy un defensor del Estado laico, pero sin obsesionarme.

Otro “no argumento”. La primera oración es una perogrullada que eleva a la categoría de evidencia… pero no existe la afirmación (nunca, tarde, pronto…) aunque hay un esbozo de razón –personalmente no me molesta— que insinúa un “nunca”.

La entrevista es a un presidente de gobierno, la pregunta sobre un tema de estado, pero el presidente no responde con argumentos razonable (ideológicos, políticos, legales..) sino con una preferencia personal.

Carlos Dívar dijo textualmente: “Solo en amar a Cristo y en hacerle amar en una vida coherente y cabal se encuentra la única verdadera Justicia”. ¿Le parece lógico que un juez que considera los principios de su fe como la verdadera justicia presida el máximo órgano de los jueces en un país aconfesional?

Absolutamente. Yo procuro ser coherente con mis principios. Es muy ejemplificador lo que ha pasado con Carlos Dívar. Cuando me sugirieron su nombre, analicé su trayectoria profesional e institucional, pero, al igual que no hago con ninguna otra persona, no indagué, porque no forma parte de mi visión de la vida democrática, si iba a misa o si era evangelista, o había apostatado […]

Esta pregunta sí es muy buena, y está planteada con la mala leche que corresponde. El problema con la respuesta es que la pregunta iba sobre un tema profesional que no privado, íntimamente relacionado con su [altísimo] cargo.

El presidente del Poder Judicial, el responsable de que la justicia -humana- se aplique correctamente, en declaraciones públicas afirma que existe una justicia mejor, la única. O sea que la justicia que el preside es algo así como de juguete, un apaño, un disfraz, una chapuza, un engaño.¿Alguien querría que le toque un juez que crea más en la justicia divina que en la que le podría enviar a la cárcel?

Sin embargo el Zapatero afirma que es un tema privado, pero no hay ninguna  argumentación sobre semejante afirmación, se desvía nuevamente a opiniones, la razón es: En mi concepción de la democracia, el respeto a la práctica religiosa ha de ser absoluto.

¿Alguien encuentra algún nexo lógico? ¿nadie se escandaliza de que el jefe de los jueces crea en justicias mitológicas?

Así con muchas respuestas sin ninguna estructura o justificación lógica. Y sin un proceso R&R forzado por el entrevistador.

La mayor perogrullada tantas veces repetida (a.k.a. demagogia del Captain Obvious)

Pero lo anterior de una tontería comparado con los titulares de última hora que sale en todos los medios sobre un mítin de Rajoy:

¿Dice algo en esa propuesta tantas veces repetida por radio y TV? Nada más que cosas como “que ayude a los que tienen problemas”, “que favorezca a las industrias”, “que apoye a las familias”, “que apoye a las PyMEs”… “pediremos transparencia”…

Perogrulladas de cualquier niño que haya leído Mafalda, pero no da ningún argumento.

Lo peor, que ha conseguidos cientos de titulares y que todos hablen de él, pero no hay absolutamente nada de información. De Rajoy –y de los políticos en general– ya no extrañan nada estos dicursos vacíos. Pero no deja de sorprenderme esa divulgación acrítica en todos los medios.

Una propuesta que no sé el porqué nadie la hizo

Todos los políticos afirman que en época de crisis no hay que olvidar la formación, porque es el mejor remedio. También se sabe, es una receta que la saben muy bien, que una forma de disminuir el paro es aumentar el número de estudiantes. Bien, ¿no se les ha ocurrido una forma sencilla de hacer las dos?

Es muy fácil, hay dos opciones básicas que se basan en becas masivas:

  1. Devolver o no hacer pagar la matrícula a alumnos que comienzan o que estén más o menos al día en sus estudios universitarios.
  2. Devolver el coste de la matrícula a los alumnos que aprueban una asignatura.

Afectaría como máximo a 1.400.000 alumnos (no todos están “al día” ni aprueban todas las asignaturas, así que no se aplicaría a todos). Si se hiciese un plan para pagarles la matrícula de este curso y el que viene, el total apenas rondaría los 1.000 millones de euros (30 veces menos lo que le dan a los bancos). Tiene varias ventajas:

  • Es una forma directa de dar crédito a los que necesitan (familia y estudiante),
  • fomentaría la decadente matriculación de alumnos universitarios,
  • serviría de motivación directa y “palpable” inmediatamente,
  • es simple de aplicar y no lleva costes financieros ni costosos “controles” (la universidad ya los hace desde siempre: poner nota final en las actas),
  • no cambiaría ni afectaría para nada los presupuestos de las universidades (lo que evitaría engorrosas negociaciones, discusiones y peleas),
  • afectaría positivamente a las cifras del paro.

Además esta medida podría extenderse unos cuantos cursos –incluso poniendo por ejemplo una nota mínima reemplazando a la “matrícula de honor”–, el coste anual con los alumnos actuales rondaría los 500-600 millones de euros anuales.

Me agobia bastante que no lo haya propuesto la Ministra de Ciencia e Innovación –creo que debería estar pidiéndolo a gritos– ni ningún político. Me soprende además que ni se den cuenta que son casi millón y medio de personas en edad de votar.

¿O es que no se creen nada del discurso de fomentar la educación y formación para superar las crisis?