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Dentro de un milenio se podría escribir una novela que relate las épocas antiguas de la modernidad.

2000-2020

Se habían creado clases muy diferenciadas, los pudientes y los proscritos. Los proscritos habían sido aislados en un continente sólo comunicados con el resto por un estrecho paso y un vasto mar muy vigilado. El continente se había convertido en un estercolero, la pobreza era extrema, los niños morían de hambre y enfermedades ya desconocidas en los continentes pudientes.

La lucha por la vida de los proscritos era tan dura como inútil. Los que no se daban por vencidos querían recuperar la dignidad humana perdida en las infames décadas anteriores. Emprendían peligrosas travesías en barcas aún más antiguas. Morían como insectos,  los niños eran los primeros, eran arrancados de los brazos de sus llorosas madres y arrojados al mar.

Los proscritos que lograban llegar sin sobresaltos no se libraban de problemas. Eran detenidos y retenidos en cárceles inmundas sin juicio alguno, a la espera de las negociaciones de los poderosos pudientes para ser enviados nuevamente al continente estercolero.

Agnes conocía esos problemas, pero era una mujer muy valiente y estaba decidida a correr el riesgo con sus dos hijos pequeños. Después de todo las opciones eran quedarse en su poblado y que mueran jóvenes de hambre, guerras, enfermedades o simplemente asesinados. La alternativa era que puedan sobrevivir con un mínimo de dignidad en el continente pudiente más cercano, Europa.

Sólo un pequeño doble homenaje.