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En Sintonizar universidades y empresas, pero ¿qué debe saber un ingeniero? ya traté uno de los problemas y dilemas que se encuentra la universidad y la educación universitaria. Pocos días después mi amigo Llorenç Valverde publicó un artículo en Diari de Balear, Ciutat Universitat Prohibida. Como comparto plenamente su idea de que estamos en época de redefiniciones importantes  de la universidad, en especial a la apertura y liberación del conocimiento, no pude resistir las ganas de traducirlo y ponerlo en mi blog.

Nota: Llorenç escribe en un catalán muy sofisticado, con frases y giros muy mallorquines a veces muy difíciles de traducir al castellano –sobre todo para un foraster como yo– . Espero haber sido fiel, de todas formas ya lo leerá, me indicará los errores que pueda haber y los corregiré inmediatamente.

Ciudad Universidad Prohibida

Una de las cosas que más me desconcertó la primera vez que estuve en Beijing fue la estructura urbanística de la ciudad. Hasta que alguien me explicó que el crecimiento había sido “organizado” a partir de círculos concéntricos alrededor de la Ciudad Prohibida no había tenido el coraje ni tan siquiera de intentar la más mínima aproximación a probar de situarme en el centro de aquel caos. Si he de ser sincero, la indicación tampoco me sirvió de mucho, pero al menos me proporcionó alguna pista: el primer círculo era el de la Ciudad Prohibida y alrededores, el segundo envolvía a éste y así sucesivamente, de tal manera que si estabas en algún lugar, supongamos el quinto, significaba que estabas lejos del centro y, por ejemplo, que había que buscar los hoteles más modernos y céntricos en el segundo círculo, y finuras semejantes. Lo que sí me quedó claro fue el papel de la Ciudad Prohibida, el complejo de cerca de un millar de palacios, que ocupa una superficie de más de cien cuarteradas y que fue la residencia oficial de los emperadores y su corte desde la mitad de la dinastía Ming, hasta el final de la dinastía Qing. Fue construido entre los años 1406 y 1420 e hizo sus funciones de residencia oficial del emperador hasta 1924, año en el que el último emperador, Puyi, fue expulsado definitivamente de la parte interior del complejo donde había sido autorizado a residir después de su abdicación en 1912. Antes, durante la segunda guerra del opio, la Ciudad Prohibida hubo de soportar la humillación de verse ocupada por las tropas franco-británicas, en 1860. Los japoneses y otros ejércitos siguieron con la tarea de ocupación hasta quitarle todo el sentido al nombre con el cual es conocida actualmente: Ciudad Prohibida, que respondía al hecho que a ella sólo podían acceder aquellos que estaba expresamente autorizados por el Emperador.

De todas maneras esta vez no volví a visitar la Ciudad Prohibida, ya lo había hecho el pasado mes de agosto y ahora tocaba trabajar, el trabajo estaba en Dalian, una ciudad costanera situada al este de Beijing, en la provincia de Liaoning. Altamente industrializada, con la tecnología como una de sus características principales, Dalian es una ciudad abierta, en el sentido que el gobierno chino permitió desde hace años importantes inversiones extranjeras. Precisamente por este carácter de abierta, no deja de ser curioso que Dalian haya sido elegida como la sede del congreso que me llevó hasta allí y que tenía como unos de los objetivos principales la constitución del consorcio de universidades de todo el mundo embarcadas en la tarea, nada fácil, de abrir los contenidos educativos para todos, miembros o no de alguna comunidad universitaria. Uno de los hitos iniciales de este movimiento fue la iniciativa del Massachussets Institute of Technology, el MIT, de abrir y difundir a través de Internet todos los curso que se imparten allí. Iniciativa –conocida con el nombre de OpenCourseWare, OCW— que ha sido secundada hasta el día de hoy por cerca de 160 universidades de todo el mundo, y que son las que hemos constituido este consorcio en Dalian estos días.

Hay muchas razones que justifican una iniciativa como esta, al menos tantas como las resistencias que genera, pero me agrada destacar una de las primeras: las posibilidades asociadas a las tecnologías digitales hacen que la tarea de elaboración de contenidos educativos sobrepasa largamente los medios que podría tener una sola institución, por potente que sea, por eso conviene abrir estos contenidos y convertir su elaboración y mejora en una tarea que colabore la máxima cantidad de gente. Hay que buscar las raíces de esta iniciativa en los principios del software libre, entre los múltiples resquemores que quedan por vencer, además de los aspectos de propiedad intelectual, cabe destacar las dudas sobre el valor agregado que puede tener ir a estudiar, por ejemplo, al MIT, si cualquiera puede acceder al contenido íntegro de lo que allí se enseña, sin necesidad de asistir o pagar. Es obvio que la respuesta viene de la mano de la certificación que otorga el MIT, sin olvidar la tarea de acompañamiento al alumno en el camino de adquirir las destrezas y conocimientos que esta certificación garantiza. Si la primera universidad europea que dio certificados –la de Boloña, allá por 1088– nació a raíz de las dificultades que tenían los alumnos para acceder al conocimiento, ahora que ya no resulta tan difícil acceder a los contenidos, necesariamente todavía quedan como valores añadidos la certificación y el acompañamiento. Por eso mismo, tal como dejó claro uno de los ponentes del congreso, así como la Ciudad Prohibida dejó de ser un reducto al cual sólo podían acceder los que tenían permiso del Emperador, con los contenidos abiertos la Universidad debe dejar de ser prohibida, en el sentido que sólo puedan acceder los que –de una manera u otra– que estén autorizados. El conocimiento –en todas sus formas– es patrimonio de la humanidad y los privilegiados  que con su difusión y generación hemos hecho forma de vida estamos obligados a ponerlos al alcance de todos, sin distinción. Pero eso no quita que debamos continuar con la tarea de acompañar en su adquisición a quien corresponda y también certificarlos de la adquisición. De otra forma, como la Ciudad Prohibida, estamos expuestos a ser ocupados por fuerzas extranjeras, incluso a la destrucción.

Llorenç Valverde