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Por un lado los fanboys de uno y otro partido haciendo spam y proselitismo político-demagógico sin la menor empatía para discutir con los demás antes de acusarles de censuradores, pro-etarras o fachas. Algunos de ellos dándose de ostias en luchas fratricidas intra-partidarias para intentar demostrar quién controla más el cotarro de cara a la “sociedad de la información”.

También regresan viejos bloggers políticos que se habían quedado sin tiempo para seguir bloggeando después de las municipales pero que ahora han recuperado mágicamente el tiempo necesario para escribir.

Todo lo demás es un coñazo.

Los más intrépidos y con las neuronas todavía activas escriben a favor –la inmensa mayoría– o en contra del canon. Los primeros parecen que sólo quieren todo sin pagar ni un duro y confunden copyleft con gratis o la mula. Los segundos van de modernos emprendedores o artistas que a veces piensan que vivimos en un estado socialista soviético y que ellos son parte de la élite del partido rojo.

¿Qué nos queda?

El enorme vacío dejado por Javi Moya ha sido rápidamente llenado por boboblogs que se multiplican en bobofarms o bobonetworks donde prima el chiste fácil pero rebuscado, el copy&paste de boboimágenes y bobovídeos acompañados por no más de cinco líneas para aparentar una inteligencia influenciada por series como House salpicada de un frikismo pijo estilo Matrix con toques de humor plagiado de The IT Crowd y memes de Slashdot. Es la bobocosa que acapara día a día una parte cada vez más importante de la tarta blogocósica.

La bobería se ve amplificada porque a los grandes defensores de la libertad de expresión como catalizadora fundamental del éxito de los blogs les está dando un ataque masivo de politicorrectismo donde lo que prima no es el fondo de la cuestión ni un debate razonado, sino las buenas formas, el buen rollismo y un soporte incondicional al resto de la blogocosa por más boba e incoherente que sea.

De los pocos que se salvan de la bobería nos quedan los que se autopalmean el hombro felicitándose de lo bien que van las cosas en la blogocosa. Otros siguen elaborando sofisticados modelos que explicarán el futuro de la blogoliberación o de la blogodominación. Al menos estos todavía piensan y no se dedican a repetirse con la SGAE.

Pues eso, caña a la blogocosa, que está hecha un coñazo empalagosa y autocomplaciente.

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