Etiquetas

En mis comienzos con el software libre no comprendía muy bien la ética subyacente –era un simple linuxero que venía del mundo Unix–, de hecho me caía bastante mal Richard Stallman. Eran los típicos prejuicios fruto de la ignorancia y de dejarte convencer por tantas historiass urbanas sobre el comportamiento “público” –repetido en plan “tomate”– de la persona.

Pero cuando lo ví por primera vez en directo –creo que fue en Girona– dijo una frase de esas que te hace cambiar radicalmente la perspectiva. En este caso tuvo un impacto fuerte y directo sobre precepción de la persona –no tengo dudas que es una filósofo fundamental de nuestra época– y de mi visión del software del software libre –aunque mis ímpetus evangelistas ya no son los mismos, prefiero hacer lo que pueda y dejar de explicarlo a los demás, que stallmanes en este mundo hay muy pocos –.

Pero esa frase con el tiempo está teniendo efectos más importantes que sólo en el software, nos afecta –a mí y mi familia— de forma mucha más profunda y radical:.

Por ejemplo, todos en mi familia nos atendemos exclusivamente por la seguridad social y mis hijas van a escuela pública (aunque debo solucionar el problema del bajo nivel de inglés, que si lo aplazo terminarán hablando como el padre, o Aznar). No es que no pueda pagarlo [1] –de hecho tengo un seguro privado adicional que nunca usé–, es que estoy convencido que no hacerlo es un acto insolidario muy importante.

[1] Los seguros médicos privados en España son muy baratos –comparado con otros países no europeos– porque por detrás hay una seguridad social muy potente que se hace cargo de los casos complejos y caros que serían imposible cubrirlos por un seguro privado sin tener cuotas elevadísimas, es lo que los economistas llaman un “mercado de limones y melocotones” pero donde no se sabe con precisión cuál es el melocotón, como el mercado de los coches de ocasión.

Esa frase de Stallman es más o menos así (la repite casi en todas las conferencias, recomiendo escucharlo atentamente cuando dice eso y cómo lo dice):

La diferencia entre una sociedad vivible y otra que no lo sea es el nivel de solidaridad de la sociedad, ese deseo de ayudar al prójimo… Destruir o atacar esos principios es envenenar la savia fundamental que nos distingue de la jungla.

Esa frase más elaborada y reflexionada, sobre todo si tenéis oportunidad de conversar con Stallman, lleva a otros temas de “solidaridad” fundamentales que ya hablé en mi viejo blog, como que la educación pública es heredera del primer gran acto solidario de los modernos estados europeos: las bibliotecas públicas.

Exactamente el mismo nivel de solidaridad social –quizás más importante– es el que practicamos con el seguridad social universal. Estos dos, la educación y salud que asegura la sociedad a todos sus miembros tiene unos efectos impresionantes que mucha veces los “españolitos” que no han vivido fuera de europa no pueden percibir en su totalidad.

Viví la mitad de mi vida en Argentina, la otra mitad –o casi– en España. Aunque cuando vivía en Argentina sí existía una especie de “seguridad social”, esta no era universal, estaba administrada por los sindicatos, que en general usaban esa enorme cantidad de dinero para otras cosas, y administraron muy mal lo que debía ser el objetivo fundamental (creo que quebraron la inmensa mayoría, con la “ayuda” que les dió Menem).

El hecho de estar siempre con la duda de qué vas a hacer si a tí o a un familiar –especialmente tus hijos– necesita de atención médica importante crea un agobio e incertidumbre muy importante. Hasta yo que era muy jóven me sentía un poco acojonado de tener problemas de salud y no tener el dinero para pagarla.

Todo esa incertidumbre se acabó inmediatamente cuando vine a vivir a España. Y ahora que soy padre me doy cuenta que me han sacado un enorme peso de encima, que puedo dormir tranquilo sabiendo que mis hijas tendrán la mejor atención médica disponible si les hace falta –vale, quizás no la mejor “hostelería”– y que yo no debo pensar un segundo en ese tema. Es así y punto, tendrás lo médicos y medicinas que necesites, aunque seas un “limón”.

Eso sólo pasa en muy pocos países, en general europeos o algunos países asiáticos –y dicen las “malas lenguas” :-)– que también en Cuba.

Cuando veo a mis amigos, casados y con hijos, que viven en Argentina, Bolivia o incluso EEUU siempre me cuentan el esfuerzo descomunal que hacen para intentar asegurar lo mismo para sus hijos, y no creo que lo consigan a pesar de todo.

Por eso creo y estoy convencido de que hay determinadas cosas que deben ser resultado de la solidaridad y que no dependan del dinero disponible de las personas. Es también un acto egoista, al final estamos pagando entre todos para tener una sociedad más vivible.

¿A qué viene este rollo de madrugada?

A que hace un par de horas leí A President Like My Father, [vía] de Caroline Kennedy, hija de JFK. Es una carta de apoyo a Barack Obama.

Me llamó la atención dos cosas. La primera, que no me gustó demasiado, es la típica soflama norteamericana de buscar el gran líder que recupere el orgullo y sueño americano. Pero hay otra, casi secundaria pero quizás más relevante. Da por hecho que cualquiera de los candidatos demócratas cumpliría con las promesas de empezar la instauración de un sistema de seguridad social similar al europeo –quizás tímido, pero por algo se empieza–.

La verdad es que me causó una alegría que se amplió mientras estaba sentado en el W.C. justo antes de venir a escribir este apunte. Quizás se esté produciendo un cambio muy importante en la política norteamericana, quizás se hayan dado cuenta después de dos siglos que necesitan que el país sea “vivible” además de ser potencia mundial, y que hay cosas que el capitalismo salvaje no puede brindar por sí mismo, como asegurar esa solidaridad social mínima indispensable.

Digo importante porque eso afectará enormemente a otros países de la esfera –sobre todo latinoamericana– que suelen tomer como modelo las peores cosas de los norteamericanos –olvidándose de también adoptar las “mejores”–

Pero también me alegra por puro egoismo. Cuando la gente tiene menos agobios y preocupaciones es menor la probabilidad de que cojan armas para romper a tiros la cabeza de sus vecinos… o de gente de otros países.

Quién sabe, quizás se obsesionen menos por ser la gran potencia militar. Países como los nórdicos ya lo han demostrado, y me parece que Europa en este sentido es un ejemplo abrumador, donde ni los políticos más conservadores –la mayoría– se atreven a ir frontalmente contra “la savia fundamental que nos diferencia de la jungla”.

PS: Creo que la diferencia de desarrollo entre países puede ser perfectamente medible por el grado de solidaridad institucionalizado, y que mientras más avancemos y nuestras sociedades sean más complejas y variadas necesitamos ampliar o elevar esos “grados de solidaridad”. Nunca había pensado en estos términos hasta escuchar a Stallman en directo.