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Si nos dijesen que es sólo un negocio… (de periodismo)

agosto 25, 2013 20 comentarios

Hoy me enteré que un medio (da igual cuál, no es lo importante) cede una sección de su periódico a una ONG -y grupo de presión- que no se corta un pelo a la hora de manipular información o para recurrir a “expertos” y asociaciones pseudocientíficas cuando les conviene. Me indigné, para mí existe una incompatibilidad muy de fondo entre pretender ser un medio de información veraz y al mismo tiempo ceder una parte de un medio a una asociación que recurre regularmente a la manipulación informativa para conseguir sus fines.

Sí, todos tenemos nuestros sesgos y preferencias ideológicas, pero así como la ciencia está definida básicamente por los mecanismos para evitar y detectar esos sesgos humanos, entiendo que el periodismo debe también usar mecanismos para minimizar esos efectos en la información que dan al público. Es decir, considero que el “periodismo activista” es un oxímoron, tanto como “ciencia religiosa” o “ciencia de izquierdas/derechas”.

Iba a criticarlo públicamente, pero como hay varios amigos y gente a la que respeto me abstuve y pensé en hacer la crítica por una lista de correo privada. Pero al cambiar de ámbito de la crítica, inmediatamente me planteé “¿y quién cojones soy yo para decirles cómo deben llevar su negocio?”, y desistí.

Pero lo seguí pensando, el problema es otro: la brecha entre lo que prometen como profesión (o empresas) y su praxis cotidiana, están “sobreprometiendo” y no cumplen el contrato social que ellos mismos han redactado.

Se describen a sí mismos como una profesión especial, el “cuarto poder” que sirve de control a los otros tres, que es imprescindible para la democracia, que el público necesita información veraz y que ellos la proporcionan basándose en valores éticos-deontológicos que están por encima de cualquier discusión. Pero en la práctica están muy influidos por sus propios intereses económicos-financieros y sesgos realimentados por la propia “redacción”, que no están contrarrestados ni minimizados por procedimientos o herramientas como las desarrolladas por la comunidad científica que, insisto, sufre de los mismos problemas humanos.  Si el periodismo se presentase en sociedad, o al menos explicasen por la bajini (cosa que tampoco hacen), que sólo se trata de ganarse la vida vendiendo información lo entendería y ni me plantearía una crítica por asociar su medio-empresa con una ONG o cualquier grupo de presión o activismo.

El problema es que los propios periodistas (y medios) se sitúan profesionalmente en una posición ética muy elevada pero no cumplen con sus promesas. Y esto que digo no es nada nuevo, hasta las encuestas del CIS lo sitúan entre las profesiones peores valoradas, el público es consciente que están por debajos de los estándares profesionales que ellos mismos han definido y “vendido” como parte de su contrato con la sociedad.

Lo que me lleva a la duda de si lo correcto es criticar cuando no cumplen con sus [propios] estándares, o directamente criticarles por vendernos un contrato imposible de cumplir.

No me gustaría lo segundo, todavía creo que necesitamos al periodismo con unos estándares éticos muy elevados, así que quizás siga criticando por no cumplir sus promesas y contrato social. Eso significa, entre otras cosas, que hay que recordarles no se puede cobijar ni tener negocios conjuntos con asociaciones y grupos cuyos objetivos sean contradictorios con tender a ofrecer información veraz, contrastada, y no manipulada por sesgos e intereses. Aunque la idea y objetivos parezcan loables y humanitarios, no se puede.

El periodismo debería  controlar a esos grupos y asociaciones públicas con el mismo rigor como lo haría con el PP, el Tea Party, o la corona.  Y lo peor que pueden hacer es otorgarles la misma credibilidad y autoridad que deberían tener periodistas y medios de información independientes. Pero al darles espacio, bajo la misma marca que el medio, lo están haciendo. Una pena que esto parezca normal, incluso moralmente deseable.

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Accidentes de transportes: evitar que se repitan, no buscar el linchamiento ipso facto

julio 29, 2013 10 comentarios

Hace 23 días ocurrió el accidente del vuelo de Asiana en el aeropuerto de San Francisco, las primeras investigaciones demuestran que hubo fallo del piloto en su aproximación visual. También se sabe que ese día el sistema ILS (Instrumental Landing System) de esa pista no funcionaba en ese momento por mantenimiento programado y anunciado. Este instrumento es de gran ayuda a los aterrizajes ya que indica (y dispara alarmas) si el avión se encuentra fuera de la dirección y pendiente adecuada (glide slope) para el aterrizaje, incluso sirven para que el avión aterrice automáticamente sin intervención manual. Sin embargo, los pilotos están capacitados para aterrizar sólo en aproximación visual (i.e. sin ayuda de este instrumental) cuando se dan las condiciones climáticas adecuadas (como era el caso).

La prensa norteamericana e internacional fue muy prudente, no se dedicó a buscar un único culpable a quién linchar públicamente como está pasando en España por el accidente del Alvia de Santiago. Podrían haber acusado al piloto, o podrían haber acusado a la administración y al aeropuerto de ser los culpables por no tener en funcionamiento un sistema tan básico (y antiguo, su primer uso data de 1938) como el ILS. Sólo imaginad qué hubiese pasado si el accidente de Asiana hubiese ocurrido en España. O peor, que hubiese ocurrido en algún pequeño aeropuerto español sin ILS (ahora mismo estoy en Santiago del Estero, Argentina, llegué en avión, su aeropuerto no tiene sistema ILS, nunca me preocupó, los pilotos están formados para aterrizar aquí sin su ayuda).

Algo similar pasó con el accidente de Spanair en Barajas. Hubo acusaciones de todo tipo, se culpó al piloto, a la empresa, a AENA, y finalmente al técnico. Pero la realidad es que fueron una desafortunada y larga cadena de errores en un sistema muy complejo: de problemas de diseño del MD, de un error de un relé, de un técnico que deshabilita alarmas básicas, y pilotos que no repasan toda la checklist antes del despegue por interrrupciones de comunicación, por lo que intentaron despegar sin los flaps desplegados sin alarma que les avisara.

La aviación, como el ferrocarril, es un sistema de transporte muy seguro y a la vez muy complejo (sociales y de ingeniería). Cuando ocurre un accidente nunca hay un único culpable, ni siquiera cuando parece obvio. A veces, como parece ser el caso de Asiana, el culpable parece obvio, el piloto, pero suelen encontrarse otros motivos que ayudaron a que se produzca: fallos en la formación, en el entrenamiento, en un disciplina demasiado estricta, problemas psicológicos, sobre carga de trabajo, problemas de comunicación, etc.

Con el incremento de la automatización de los sistemas se están conociendo otros factores humanos, por ejemplo, la excesiva dependencia en los sistemas electrónicos, al punto de que los pilotos o conductores pierden hasta las habilidades básicas de poder volar un avión que está en perfecto estado para hacerlo. Esto lo saben bien los fabricantes de aviones, especialmente Airbus, y una de las posibles causas en el vuelo Air France 447 que se estrelló en el Atlántico. Con el transporte ferroviario está ocurriendo algo similar, existen problemas de factores humanos de adaptación al pasar de un sistema altamente automatizado a uno que exija mayor concentración del conductor. Por ello se cambian las normas para exigir una mayor participación manual de los conductores:

But not all system failures—or solutions—are technological. “The problem is that you are setting up people to fail,” says railroad systems engineer Felix Schmid, of the University of Birmingham, in the England. “You have a very-high protected railway connected virtually straight into a less-protected railway.” The shift is similar to a car driver exiting smooth traffic on a highway for the less predictable gridlock of a city center.  “It’s the change from low demand to high demand which is sometimes quite difficult to manage,” he adds.

New York City’s Metropolitan Transit Authority learned to cut open-door accidents (in which doors open mistakenly when trains are not safely parked at a platform) by adopting a Japanese human-factor innovation: requiring drivers to signal by hand when they reached the appropriate platform marker for opening the doors.

Las autoridades de seguridad en el transporte (como la famosa FAA de EEUU) no están interesadas en encontrar un culpable penal, sino en identificar la cadena de errores que llevaron al accidente, para modificar o implantar procedimientos que eviten que se vuelva a producir. Por eso tenemos estos transportes tan seguros, como explica Taleb en su último libro, es un sistema claramente “anti frágil”: los errores del sistema se usan para evitar que se vuelvan a producir, por lo que cada error aumenta la seguridad del sistema, a pesar de ser un sistema muy complejo (y por lo tanto con tendencia a “escaparse” de nuestro control).

En el caso del accidente del Alvia, el propio maquinista reconoció su error, un despiste, no se dio cuenta que estaba en ese tramo del trayecto. Pero seguramente no fue el único responsable, o mejor dicho, no es el único error de la cadena. Con toda seguridad se sumaron otros fallos, quizás fallos de alarma, o de necesidad de más balizas y avisos, y hasta quizás factores humanos: entrenamiento, cansancio, estrés… o la excesiva confianza en los sistemas automáticos. Se pueden especular de muchos factores, pero no se sabrá con certeza hasta después de una investigación compleja cuyo principal objetivo será evitar que vuelva a ocurrir. Apuesto a que no habrá una respuesta simple (salvo los que se lo cojan con papel de fumar), pero que servirá para mejorar la seguridad ferroviaria en todo el mundo.

Mientras tanto, los lectores y no iniciados somos testigos de una parte de la prensa linchando al maquinista basados en un comentario en Facebook donde se muestra orgulloso de su trabajo, y otra parte de la prensa que por llevar la contra levanta el dedo acusador contra Renfe y Adif basados en opiniones de presuntos ingenieros expertos que se esconden en el anonimato… vaya deontología y responsabilidad profesional.

La culpa tampoco es de los medios, la redes sociales se llenaron de expertos en seguridad e ingeniería ferroviaria con opiniones tan categóricas como ignorantes de llegar a comparar el sistema de seguridad de un tren de cientos de toneladas circulando sobre una vias metálicas con el sistema de aparcamiento automático de un coche. Como dijo @apuente, es “no caber un tonto más”.

Toda la experiencia y reconocida complejidad de la seguridad del transporte aéreo, y con todas las barbaridades que se dicen en cada uno de ellos, y que los humanos somos falibles al igual que nuestra ingeniería, ¿no sirvieron para aprender nada sobre la cautela a la hora de opinar, encontrar culpables inmediatos o elaborar teorías de la conspiración? ¿Creen que así disminuirán el dolor de las víctimas? ¿O que los organismos de seguridad internacionales tomarán en cuenta esas teorías de desinformados para evitar que se vuelva a producir? ¿O es sólo para obtener páginas vistas? ¿O son campañas políticas -a favor o en contra- interesadas?

Sea como fuese, es desolador. Es leer un artículo sobre el tema en la prensa y saber que no puede confiar en casi nada de lo que te cuentan.

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El DNI de la Infanta y el mal uso de las estadísticas

junio 19, 2013 46 comentarios

Hoy publican en Las probabilidades matemáticas de que lo de la infanta sea “un error”, donde se explica que la probabilidad que cuatro notarios se equivoquen y pongan el DNI de la Infanta es 10 seguido de 30 ceros (pequeño detalle, en realidad debería haber dicho 10 seguido de 31 ceros, ya que es 100.000.000⁴ = 1×10³²). El artículo lo escribió con un doctor en matemáticas, y es un excelente ejemplo de mal uso de las probabilidades, incluso por expertos. Son casos conocidos lo de la Ley de Meadow (en UK se encarcelaron a 258 personas inocentes por la mala interpretación de las probabilidades) y la Falacia del acusador.

El problema en este caso es que se analizaron las probabilidades equivocadas. Poner mal un DNI no es la probabilidad perfecta que vemos en los juegos de una entre todas las posibilidades (en este caso 1 entre los 100 millones de números posibles), sino que depende de otros factores. Lo que se tendría que haber analizado es la probabilidad de que se hayan introducido [mal] números de dos dígitos en los sistemas informáticos que se usan. Esto es mucho más complicado. Pregunté a personas y abogados con experiencia y me dicen que el error es muy habitual, que muchas veces los programas son confusos y hacen que la persona que pica de al ENTER o se pase a otro campo de entrada después de introducir sólo unos pocos dígitos (sumado a que muchos programas autocompletan la letra). Así, la probabilidad de fallo ya es muy superior a la teórica de 1/100.000.000.

Eso ya invalida toda “acusación” basada en esa probabilidad teórica, simplemente porque depende de muchos otros factores. A lo que hay que tener en cuenta la teoría de grandes números, si la probabilidad de poner mal un DNI es del 1%, y se hacen unas 500.000 transacciones inmobiliarias (aproximada, unas 250.000 son de compra-venta de hogares) al año, ya podemos estar seguro que hay unas 5.000 que tienen mal el DNI. ¿Cuál es la probabilidad de que esos DNI mal cargados sean de dos cifras o de un miembro de la casa real? Eso es mucho más complicado, pero tomo dos ejemplos de dos tuits:

En este vemos que de 50 DNI que hay en la página mostrada, uno corresponde a la Infanta. Si nos basamos en esta pequeña muestra, la probabilidad es de 1/50, o 2%. Eso nos da que de las 500.000 transacciones anuales, unas 10.000 (al año) tendrán el DNI de la Infanta.

El otro tweet tiene todavía es más extraño:

Si las cuentas y la vista no me fallaron, en esa captura hay sólo 18 números de DNI diferentes, de los cuales 4 son de dos cifras (y una del DNI de Felipe). Si esta muestra fuese válida, hay una probabilidad de 22% de que se introduzca un DNI de dos cifras, y un 5.5% de que el DNI sea de un miembro de la casa real. Extrapolando, hay unas 27.500 transacciones anuales con el DNI de un miembro de la Casa Real, o unos 110.000 con el DNI mal puesto con dos cifras.

Por supuesto, estas dos muestras no son válidas para inferir probabilidades, porque esas capturas fueron seleccionadas por tener errores, debe haber muchas otras sin error. Pero son un claro indicativo de que las tasas de error son mucho más elevadas -en varios órdenes de magnitud- que 1/100.000.000 y que por lo tanto esa “acusación” es una falacia estadística: la probabilidad de error no depende de la teórica, sino de otros muchos factores, humanos e informáticos.

Y todo esto sin contar que podría haber existido mala fe de los que vendieron esas propiedades, o blanqueo, u otros delitos. Pero ya no me quiero meter en ese tema que desconozco profundamente. En todo caso, es triste que se publique en portada un artículo firmado por un matemático con semejante error de fondo relatado en casi todos los libros de “malas estadísticas” en temas legales y judiciales.

Moraleja: No es lo mismo analizar probabilidades de juegos perfectos como tirar dados o jugar a la ruleta que la compleja realidad de la burocracia.

Actualización: En El Mundo también hablan de chapuzas informáticas (vía @malaprensa).

Actualización 2: Un análisis más técnico de los problemas del artículo, P-valores, infantas y tests de hipótesis.

La evolución de acceso móvil de los lectores, y los medios online

abril 15, 2013 16 comentarios

Estas son estadísticas de sistemas operativos en Menéame, mirad los porcentajes de cada sistema operativo:

Hace dos años:

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Hace un año:

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Hace seis meses:

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Ahora:

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El último fin de semana:

Screenshot from 2013-04-15 15:35:14

Conclusión: Android es el segundo sistema operativo, iOS es el tercero. Por encima de Mac y GNU/Linux. Android e iOS representan el 30% de las visitas. La inmensa mayoría del crecimiento se dio en los últimos dos años.

¿Cómo están los medios adaptándose a este cambio tan radical de la forma de acceder a las noticias?

Por las capturas de algunos de ellos (en un Galaxy Nexus, tomadas casi al azar, de las últimas 3 páginas de portadas de Menéame), veréis que en general muy mal. Sólo tres tenían una versión optimizada para móviles. Los demás es la misma versión web, que obliga a hacer zoom en la pantalla, a veces con pésimos resultados. Y en la mayoría la página tarda eones en cargar, especialmente por la publicidad. En otros incluso te aparece un intersticial con el botón de cerrar tan pequeño y tan en el borde, que es casi tarea imposible.

Todos nos haríamos un favor si se molesta menos al usuario, a veces basta con ocultar una columna con el CSS, y/o quitar una parte de la publicidad.

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Guía gráfica básica de fiabilidad de tendencias para periodistas y politólogos

marzo 21, 2013 Los comentarios están cerrados

Muchas veces os llegan gráficos de tendencias, que está subiendo o que está bajando, y no sabéis qué grado de fiabilidad tienen esas tendencias. Aquí dos ejemplos gráficos simples.

Es fiable esa tendencia

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No es “censura”, es la fragilidad del negocio periodístico

El Mundo de Baleares sacó varios artículos sobre la crisis de Orizonia y la participación de Globalia, por lo que Globalia tomó la decisión de dejar de anunciarse en ese medio. El artículo de Agustín Pery está muy bien, reconociendo el derecho a Globalia a decidir dónde poner su dinero, y que no es comparable con lo que hace un político con dinero público. Pero también relata:

Nada más conocer la decisión de la compañía, algunos compañeros de redacción se apresuraron a calificar la actuación de Globalia de censura y no pocos me recordaron los infaustos tiempos de Maria Antònia Munar en el Consell de Mallorca.

Aunque a estas alturas ya no debería hacerlo, este victimismo y falta de análisis crítico del colectivo de periodistas no deja de sorprenderme. No entiendo cómo algunos pueden pretender que una empresa privada no sea capaz de decidir como mejor le venga en gana si poner dinero de publicidad en uno u otro periódico [privado].

Sí, es perjudicial para el periódico, y el periodismo en general, que las grandes empresas eliminen la publicidad por las críticas, haciendo aún más difícil el periodismo independiente, y la supervivencia del medio. Pero no es problema de los anunciantes, es problema de la propia fragilidad del negocio propiciado por las propias empresas periodísticas.

Desde hace varias décadas el negocio de los medios, sobre todo periódicos, pasó de estar sostenido en gran parte por numerosos lectores, a que una parte cada vez mayor de esos ingresos sean de grandes anunciantes: la administración -dirigida por los políticos de turno-, y las grandes empresas. Nadie está libre de estas culpas: los anunciantes que no quieren críticas, y los medios que ofrecían el “no disparar contra el anunciante” y vender así a mejor precio sus anuncios.

Con la aparición de los medios on-line, el problema sólo se agravó, se borró de un plumazo el ingreso de los lectores, el precio de la publicidad web es muy baja, y conseguir “grandes anunciantes” es una cuestión prioritaria. Por supuesto, hay muchos menos grandes anunciantes que lectores, por lo que la supervivencia de los medios se basan casi exclusivamente en conseguir que un banco, telefónica, eléctrica o aseguradora pague precios premium.

Independientemente de la honestidad del anunciante, que puede o no exigir contraprestaciones de “no dispararles”, esa dependencia crea ya un hábito de autocensura difícil de evitar, y, sobre todo, una fragilidad enorme a la empresa: su supervivencia no depende de las decisiones independientes y distribuidas de miles de lectores y anunciantes, sino de unas pocas: los directivos de unas pocas empresas.

La fragilidad es la única responsable de este problema, no la censura. Esa fragilidad fue incrementándose con los años, aunque la época dulce de subvenciones del estado (por vías directas -publicidad institucional-,  o indirectas -anuncios de grandes empresas con negocios con el estado-) ayudó a ocultarla, convenientemente. Como la anécdota del pavo, que creía que su buena vida de engordar sería eterna, ya que tenían un cuidador que parecía feliz dándoles de comer… hasta que llegó el día de acción de gracias. Al pavo, como al periodismo, le apareció el “cisne negro” que creían tan poco probable, y no estaban preparados.

La solución para evitar que los “cisnes negros”  te hagan desaparecer es estar preparados, aumentando la robustez para aguantar el golpe. O mejor aún, aumentar la antifragilidad para poder obtener beneficios de esos eventos inesperados. Pero ha ocurrido lo contrario, en muchos aspectos, desde el sistema bancario, pasando por la burbuja inmobiliaria, hasta la situación de los medios.

Al hablar de “censura” no sólo se está tomando una postura victimista (¡no nos pueden hacer eso a nosotros!), también se están reclamando medidas intervencionistas (¡alguien debería hacer algo!), como subvenciones del estado, cobrar a Google, o leyes de copyright más restrictivas para los ciudadanos. Pero eso sólo aumentaría la fragilidad, y los llantos volverían en pocos años.

Si se pretende reducir esa fragilidad, hay que convencer a los lectores de la importancia de un buen periodismo, y que tengan ganas de pagar por ello. Es muy difícil, pero seguro que no se conseguirá con periodismo de baja calidad, con hacerse las víctimas de una injusticia del sistema, ni reclamando que el público -u otras empresas- tienen la obligación de mantenerlos, sólo porque son importantes para la democracia.

PS: Si te llamó la atención el uso de las palabras fragilidad, robustez y  anti fragilidad, te recomiendo este libro.

Éxito rotundo en las redes del artículo de Ricardo Galli sobre el ‘caso Bárcenas’

enero 22, 2013 3 comentarios

Ricardo GalliEl Mundo: dar una primicia periodística importante, y dispararse en el pie con su paywall”. Así se titula el artículo de su blog que escribió Ricardo Galli el pasado viernes y que sigue triunfando en las redes. El artículo, con un título que recuerda a las bromas hechas por los hackers con la etiqueta #foobar, repasa el periodismo de El Mundo por el ‘caso Bárcenas’.

“Si la semana pasada fue demoledora, ¿qué decir de esta? La verdad es que van faltando las palabras, incluso a quienes nos dedicamos a escribir”, asegura el bloguero, que muestra su indignación ante la continua aparición de casos de corrupción. “Como mínimo, y sin que me conste nada más grave de qué acusar a El Mundo, fueron unos irresponsables y negligentes porque no controlaron a quien debían mostrar la información.”, denuncia Galli, entre otros temas, en el escrito de su blog.

ÉXITO BRUTAL EN TWITTER
Los tuiteros han felicitado con fervor al bloguer por su “concisión, claridad y valentía” y han convertido el artículo en uno de los más leídos durante varios días en su blog y, sin duda, en uno de los más compartidos en las redes.

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Absoluta y tremendamente ridículo, ¿no? Antes de insultarme en los comentarios por favor lee Éxito rotundo en las redes del artículo de Pepa Bueno sobre el ‘caso Bárcenas’ que salió en un “medio serio”, escrito por “periodistas”. Luego me dices.

Vía http://www.meneame.net/story/exito-rotundo-redes-articulo-pepa-bueno-sobre-caso-barcenas

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