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Malaprensa: ¿sólo el 13,6% de menores de 30 años tiene trabajo?

enero 26, 2014 12 comentarios

Respuesta breve: ¡cielos!

Respuesta un poco más larga: no sé cómo han obtenido ese disparate.

Respuesta aún más larga: aunque no sepas nada de estadísticas básicas -deberías, sobre todo si eres periodista y escribes de economía-, ese número debería hacer saltar todas las alarmas y no puedes publicarlo sin preguntar antes.

Actualización: cambiaron el titular  a Una generación arrasada por el paro: sólo el 13,6% de los ocupados son menores de 30 años, que muy sensacionalista, pero no dice nada si no se explica la distribución demográfica.

Titulares disparatados

Me dí cuenta del titular por @malaprensa, al principio hasta dudé -no recuerdo de memoria los números de EPA-, pero tras pocos segundos pensé que era demasiado, y que además no definían desde qué edad. ¿No se les habrá ocurrido contar hasta los bebés recién nacidos? (todo puede ser).

Recurrí a los datos de la EPA y bajé un par de hojas de cálculo (usé los del cuarto trimestre de 2013): los totales de población activa (EPA-4) y las de población ocupada (EPA-8). La EPA no da los totales a 30 años, precisamente, sino en rango de edad de de 16-19, luego a 24, luego a 55 y más de 55. En otra hoja de cálculo obtuve los totales acumulados para 19, 24, 54 y mayores. Y este es el gráfico resultante:

Paro por edades acumulados

Si estás acostumbrado a mirar gráficos ya te diste cuenta: la ocupación hasta 24 años es del 45%, la de hasta 54 años es el 73%. Por la tanto la ocupación de las personas hasta 30 años debe ser superior a 45% y menor a 73%. Con esto ya es suficiente para ver lo ridículo del titular de la noticia, pero se puede intentar una aproximación mejor con estos datos: una interpolación lineal entre el 45 y 73 da una ocupación aproximada mínima [*] del 50% para personas hasta 30 años.

No tiene relación con ese 13%, ¿cómo llegó a eso? Ni idea, no soy socio y no puedo leer todavía (paradoja que se llame infolibre), pero no creo que haya ningún dato que pueda sostener eso. A menos que se le haya ocurrido comparar con el censo total (es decir, personas “no activas”, como estudiantes de bachillerato o universitarios que no buscan trabajo), lo que no deja de ser una burrada, sobre todo si es para elaborar titulares de artículos que pretenden analizar el paro.

En cualquier caso, ya sois un pelín más conscientes de la calidad de información que consumís.

Addendum

En la entradilla afirma:

Los jóvenes rozaban la cuarta parte de la población ocupada en 2006

No sé de dónde saca esos datos ni su relación con ese presunto 13% de ocupados, pero según la EPA en 2006 los jóvenes de hasta 24 años eran el 10,3% de la población ocupada. En 2013 fue del 4.3%.

PS: Si esto es el periodismo de datos que prometen, prefiero a las tertulias.

[*] Se se hacen los ajustes de curva como tocan, el porcentaje será superior. Fijaros que al final -a la derecha- la tasa de ocupación está mucho más estabilizada, lo que implica que la subida de ocupación de 24 a 55 no es lineal, sino que sube más rápido al principio y luego se hace más horizontal. Es simple hacerlo, pero ya es tarde.

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En Twitter se dijo… arde Twitter…

Arde Twitter por JRMoraYa son habituales los titulares y noticias basadas en “arde Twitter”, como si el cabreo de unos pocos cientos de personas en Twitter (o la red que sea) fuese una noticia. Pero también veo cosas más curiosas, como un artículo de “clases de periodismo” que lista los veinte peores (según el autor) errores del periodismo en 2013.

La selección es quizás bastante adecuada, pero comete otro error: justificar o argumentar la decisión basada en “opiniones en Twitter”. Detecté tres que inmediatamente me generaron preguntas:

Debido a la grave acusación que se hizo, por Twitter varios usuarios criticaron e incluso amenazaron al departamento de investigación y al director del diario, Pedro J. Ramírez.

¿Es relevante para alguien además de Pedro J.? ¿cuántos usuarios? ¿qué dijeron para que haya que mencionar algo tan impreciso desde “criticar” hasta “amenazar”? ¿o lo relevante es que un periodista haya recibido unas pocas de las millones de “amenazas” que se se escriben cada día en Internet? ¿lo  hubiesen comentado si las las “críticas y amenazas” se hubiesen dedicado a un anónimo twittero?

En Twitter, los usuarios afirmaron que la portada se trató de una estrategia amarillista para aumentar las ventas del diario.

¿Cuántos “usuarios”? ¿qué tiene de relevante lo que opinan unos pocos cientos de usuarios en Twitter? ¿cuál es su representatividad? Y lo más importante ¿las opiniones en Twitter son fuente de ética para juzgar si es correcto un artículo o una foto? Si al menos se presentasen los argumentos podría servir para dar pistas.

A través de Twitter, los usuarios comunicaron el error y compartieron varias imágenes del incidente.

¿Es esto un publirreportaje de Twitter?

Cada vez entiendo menos este “flipe” de algunos periodistas con lo que leen en Twitter. Quizás porque piensan que es un método sencillo y barato de medir la tan elusiva y compleja “opinión pública”, pero es un error tan grande como persistente:

Hay suficientes datos que ponen en duda que los usuarios de Twitter sean una muestra válida de la población, y los usuarios más activos no son siquiera una muestra válida de esos usuarios. Ya deberíamos saber que lo fundamental para obtener una idea básica de la “opinión pública” -hasta en temas básicos como encuestas electorales- es muy complicado, tanto en la selección de la muestra adecuada como en la elaboración de las preguntas para evitar múltiples efectos (y trucos) psicológicos conocidos.

A esto se le suma otro problema: el de la cámara de eco. Cuando se publican esas noticias de “Twitter opina” ni siquiera se hace un estudio de una muestra válida de usuarios, se reducen a lo que han visto en su timeline. Como cada uno tiende a seguir a otros con ideas (o profesiones) similares, las lecturas están fuertemente sesgadas, y ese sesgo además amplificado por el grupo. El resultado es que tendemos a sobrevalorar exageradamente la validez y aceptación de nuestras opiniones.

Estos sesgos son muy humanos, están muy estudiados y tendemos a sobresimplificar cualquier problema. Es inevitable, pero el ejercicio del periodismo profesional -tal como se hace en la comunidad científica- es reconocer que todos somos víctimas de esos sesgos, estar alertas para no caer en ellos y seguir los procesos y metodologías desarrollados para minimizarlos (desde las “estadísticas para ciencias sociales”, escepticismo básico y lógica básica como carga de la prueba a procedimientos propios del periodismo como el fact checking, la doble verificación, debates con otros periodistas no involucrados directamente en la noticia, verificación de fuentes, consultas a expertos del tema, etc.).

En el caso de no-noticias basadas en opiniones de Twitter (u otras redes sociales) se hace justamente lo contrario: se ignoran y se amplifican aún más los sesgos. Estaremos de acuerdo en que no es un ejercicio responsable y profesional del periodismo. Como muchas de esas opiniones surgen de noticias y opiniones en los propios medios sólo estamos colaborando  (¿las portadas de la Razón, eh, eh?) para el self licking icecream cone del periodismo de redes sociales.

La curiosa historia de la Empresa Pública de Informática

noviembre 29, 2013 23 comentarios

Cuando empezó a hacerse notable la influencia de Internet en la cultura e información de la sociedad, el gobierno de una región española creó la Empresa Pública de Informática. Sus objetivos eran proveer de programas e Internet fiable, neutral, adaptada a la cultura de la región -son valores que no hay que perder- y que asegurase que sus ciudadanos no fuesen manipulados, espiados o engañados por software de empresas privadas y de otros gobiernos.

Nació con un presupuesto importante, entre cien y doscientos millones de euros al año. Se contrataron cientos de ingenieros informáticos que estarían en plantilla fija, además de las subcontratas a empresas de software y telecomunicaciones de la región. Se estimaba que en total daba trabajo a unas 4.000 personas.

Eso era la imagen pública que transmitía, aunque muchos informáticos no estaban de acuerdo, no entendían que con las ofertas variadas de software, incluso de software libre, hiciese falta que el gobierno gastase tanto dinero. Pero la mayoría lo defendía, era una forma de garantizar informática de calidad, y además daba trabajo a los informáticos de la región.

Pero los políticos que la crearon tenían las ideas muy claras, las aplicaron a rajatabla.

Un día los programas estaban en castellano, otros días estaban en catalán, otros se cambiaba toda referencia al catalán y los programas decían “valenciano”. Todo esto de acuerdo a directivas políticas acordes con la discusión del momento. “Hay hechos diferenciales, y la informática no podía ser ajena a ellos” afirmaban.

La situación política en la región era cada vez más sombría, se hablaba de corrupción, sobres en negro, obras faraónicas con presupuestos desorbitados… al mismo tiempo que las escuelas a institutos de la región tenían cada vez menos recursos. Había que hacer un esfuerzo mayor en la Empresa Pública, había que conseguir más usuarios, y había que transmitir mensajes más positivos.

Se empezaron a desarrollar programas de juegos, sencillos pero efectivos para ganar usuarios. Algunas tetas, mucho cotilleo de la farándula local, insultos a personajes públicos, etc. Era una receta que parecía funcionar, de hecho luego fue copiado por otros productores de software en España.

Había que hacer algo con la información interesada y manipulada que había en Internet. Primero se introdujeron filtros en el navegador web que distribuía la empresa. Si un artículo de un periódico online decía que el gobierno de la región se gastó “un millón de euros”, el navegador lo cambiaba por “mil euros”. Si un medio publicaba una foto comprometedora, el programa la cambiaba por una foto de archivo más favorecedora. Se aplicaban estos filtros para casi cada tema relevante, la Empresa tenía a un grupo de programadores especializados en desarrollar estos módulos que permitían cambiar las noticias al deseo de la política, y con tiempos de reacción cada vez menores.

Estas manipulaciones eran vox populi, pero desde la dirección de la Empresa siempre se negaban. A veces sus informáticos escribían indignados en que se ponga en duda su profesionalidad y compromiso con sus conciudadanos.

Pero estas medidas para captar usuarios de los programas de la Empresa se quedaban cortas. La gente empezó a usar otros navegadores y programas de Internet, había que buscar otras soluciones más drásticas.

Los programadores desarrollaron un virus que se introducía en los otros navegadores y era capaz de aplicar los mismos filtros sin que los usuarios lo supiesen. Los DNS del ISP de la Empresa cambiaban las IPs de Google o Bing por las de servidores propios, estos hacían de proxy con los buscadores y cambiaban los resultados. Cuando la gente empezó a abandonar las conexiones de la Empresa Pública, se desarrollaron virus que cambiaban las configuraciones de Internet para redirigir a los proxies de la Empresa.

Unos pocos informáticos de la región se quejaban de esta mala praxis profesional, pero eran muy pocos. La mayoría tenía relación directa o indirecta con los negocios y subcontratas de la Empresa Pública. Incluso grandes productores de software e ISPs no decían mucho porque también eran proveedores de la Empresa Pública: su presupuesto era importante, generaba negocio, y si hablabas no podrías entrar a trabajar a la Empresa, o si ya lo hacías, te despedían o no te daban más un contrato de desarrollo.

La situación política y económica era cada vez peor. Ya había muchas sentencias por corrupción, salían a la luz más información del desfalco de fondos públicos, de prevaricación, etc., y las arcas del gobierno local estaban vacías. Las críticas a la Empresa Pública de Informática eran cada vez más duras. Había que tomar una decisión, la Empresa ya no les servía, pero les seguía costando mucho dinero, que tampoco tenían.

Los responsables políticos se reunieron y valoraron dos opciones. La primera era hacer un ERE, pero con tanta gente que quedaría en la calle, saldrían a la luz documentos y código fuente de todos las cosas que desarrollaron para manipular y engañar a los usuarios, la situación sería aún menos sostenible. Por lo que optaron por lo que consideraron la opción menos mala: cerrar la Empresa, y decir que dada la situación económica, ya no se podía seguir invirtiendo dinero.

Conocida la decisión, los informáticos de la empresa -como era de esperar- se enfurecieron. Pero lo que pasó luego fue muy curioso, quedará en los libros de historia de la profesión informática.

Primero reconocieron que sí habían manipulado los programas, que habían introducido bugs y virus deliberados, por orden de los políticos, que lo habían hecho porque si no perdían sus puestos de trabajo. Al mismo tiempo modificaron todos los programas para eliminar los filtros y virus, también redirigían a páginas web donde los ex-programadores explicaban con pelos y señales lo que le habían “obligado a hacer”.

Empezaron a hacer campañas sobre la necesidad de tener una Empresa Pública de Informática, y lo capacitados que estaban para poder ofrecer programas y conexiones neutrales y de calidad para todos los ciudadanos. Empezaron a organizar campañas para solicitar apoyo. Recuperaron el catalanismo combativo -olvidado durante décadas- y expresado en hashtags como #LaEmpresaEsDeTots o #LaInformàticaPúblicaNoEsTanca.

Pero lo más curioso es que asociaciones informáticas de toda España, como así también profesionales de otras empresas públicas y privadas, apoyan públicamente las peticiones y exigencias de los informáticos de la Empresa Pública. En estos momentos la policía intenta desalojar los laboratorios de desarrollo y hay trabajadores que no quieren abandonarla. No sabemos cómo acabará.

Epílogo

Por supuesto, esto es una ficción, es una distopía. El compromiso ético y la deontología de los profesionales informáticos no hubiesen permitido, mucho menos defendido, que se hayan usado las habilidades profesionales para engañar a la sociedad que les pagaba la nómina, y que antes pagó la educación y formación profesional. Es imposible siquiera imaginar que profesionales informáticos de toda España defendiesen y apoyasen las peticiones de profesionales que han dejado tan mal a la profesión, sería otro estoque a la ya maltrecha profesión. Y, por supuesto, los profesionales de la Radio y Televisión Pública jamás hubiesen permitido que sus políticos hubiesen usado la Empresa Pública para manipular, engañar y ocultar la corrupción de la región.

Afortunadamente en España el compromiso social de los profesionales de la informática es muy elevada y se sobrepone a los egoísmos, miedos y cobardías humanas. Porque somos profesionales, tenemos un compromiso con la sociedad. Es innegociable.

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Cuando el machismo es buenrollista

octubre 5, 2013 8 comentarios

Hace pocas horas, en los comentarios de una pequeña nota en Facebook sobre las magufadas de Punset  me lié en una discusión por lo que consideraba un exceso de sensibilidad y la sobrereacción a frases que mencionen cualquier diferencia entre mujeres y hombres. Pido perdón a Patri Horrillo  (otra vez) por exagerar y forzar la lógica por intentar demostrar mi punto: si a una mujer anti machista le molesta una frase como “a vosotras x”, a un hombre anti machista (los hay, y creo que somos mayoría) nos es mucho más ofensivo que siquiera sugieran que somos machistas. Parece que no se entiende que el repudio al machismo existe en ambos sexos, no sólo entre las mujeres, y que es más ofensivo una acusación ad-hominem que una frase impersonal.

(Por otro lado hay estudios, creo que lo comenta Daniel Kahneman en su libro Think Fast, This Slow, que la imagen como la de Einstein -señor maduro, canoso, cara de bueno, pelo desarreglado- es muy seductor para mujeres, y que por el efecto priming hace que sus opiniones tengan mayor credibilidad. También es una realidad que la audiencia de Punset es mayoritariamente considerablemente femenina [no tengo números objetivos y medidos, por lo que no podría defender lo de "mayoritariamente])

Poco tiempo después ve el siguiente tuit:

alaya

No entendí muy bien qué me quería decir (aunque lo aclaré luego), si era una crítica a mí, o al artículo de Almudena Grandes. Lo leí, y como dije en una respuesta, es vomitivo, por frívolo, falaz y porque repite todos los estereotipos machistas. Quedé alucinado.

Ojo, no la escribió una becaria, o una articulista de revista de modas, sino una “intelectual” reconocida. Según esta intelectual multipremiada, una mujer no puede ser una buena profesional si va siempre bien vestida y con una sonrisa (aunque las imágenes parecen contradecirla, no es para tanto), por ser mujer debe ir con cara somnolienta y mal maquillada y peinada. Para rematar, sólo por su estética [femenina] ya se puede deducir  que es una mala profesional (al punto de servir de argumento para acusarla de prevaricación).

Imaginad que ese artículo lo firme un hombre (o como me dijeron en un tuit, Perez Reverte), o Sostres,  o alguien de Intereconomía, o la mujer de Wert. O imaginad que la profesional protagonista fuese una mujer del PSOE. Se hubiese montado un escándalo.  Si alguien busca machismo hasta debajo de las piedras, éste le está dando hostias en toda la cara. No sé si es que se permite todo cuando la autora va de buenrollista, o que se bajan mucho las defensas cuando se lee a los cercanos ideológicamente, o es que estamos todos ya muy atontados.

En cualquier caso, estamos cada vez más pobres de intelectuales. O quizás ahora me estoy dando cuenta que para ser intelectual no hace falta ser coherente ni pensar demasiado, basta con soltar un discurso para que aplauda tu parroquia aunque se digan burradas que no se admitirían en otros.

(Y ya salgo de esta camisa de once varas, pero es que me encuentro con cada basura en los medios)

Actualización

Como era de esperar, por meterme en camisa de once varas, en Twitter me insultaron y me acusaron de machista (recibí cientos de replies, muchos con insultos). Todavía no sé muy bien cómo funciona esa lógica de criticar a un machismo subyacente -el estándar feminista no se aplica si se trata de una mujer profesional guapa y elegante presuntamente del PP, en este caso parece ser válido usar los peores argumentos machistas para desacreditarla- pero terminar siendo acusado de machista.

Mareaban la perdiz (que si usé la palabra coñazo, o que “doy lecciones”, o que es falaz citar al libro de Kahneman, o que ellos/as no conocen a Punset, que hablo sin tener idea -no sé dónde hay titulación para poder hablar del tema-, alguno hasta metió a Menéame ¿?)… puede ser que no me gane el premio de estilo y humor, pero cuando hacía la pregunta clave ¿estás de acuerdo con el artículo de Almudena Grandes? la respuesta fue el silencio en todos los casos. O más red herring y excusas varias, el caso es que nadie, ninguno, ni uno sólo de los que me criticaron respondió con un sí o un no.

No sé si es feminismo de chichinabo o fanboyerismo partidista que nubla hasta los principios que aseguran tener tan claros. Tiendo a pensar que es lo segundo, pero eso haría también cierto lo primero (también creo que los “principios” deben aplicarse a todas las personas por igual, mujeres y hombres, del PSOE, IU, UPyD o del PP, si no, es un postureo hipócrita y superficial).

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Periodismo cojonudo (y de bajo presupuesto)

septiembre 26, 2013 6 comentarios

No se trata de un gran medio, ni de un programa de prime time. Se trata de un podcast, Planet Money: the economy explained, de la radio pública norteamericana NPR (de muy bajo presupuesto, se mantiene con ayudas del gobierno y donaciones). Hoy escuché el podcast Where Dollar Bills Come From, fue una retransmisión de una emisión anterior, con una pequeña actualización de lo que pasó al final.

En el programa hacen un reportaje sobre cómo se fabrica el papel (mezcla de algodón y lino) de los billetes de dólar. Entrevistaron al propietario de la empresa familiar que lo produce desde hace 130 años después de ganar un concurso abierto ya que las ofertas que tenían era muy caras, según el gobierno. ¡Gran triunfo de la competencia! aseguran. Pero a los pocos minutos, después de detalles técnicos de fabricación, hacen la pregunta que toca: si la competencia es tan buena, ¿cómo es que tienen el monopolio desde hace 130 años?

Se lo preguntan al propietario, y explican que salieron otras empresas, que el mercado es muy competitivo y terminaron desapareciendo (el coste del papel del dólar es más bajo que el canadiense, por ejemplo). Entonces el dueño explica que en ese acuerdo con la administración, tienen full disclosure de todos sus papeles y transacciones, que el gobierno les audita y se asegura que el margen de ganancia que tienen es bajo, que es el procedimiento habitual cuando el estado compra a un proveedor único (leí hace un tiempo que no dejan superar el 3 o 4% de ganancias).

Entonces le hacen la otra pregunta adecuada al propietario: ¿qué margen le permiten? Éste contesta que es información reservada y no puede contestar. Por lo que hacen lo que deben hacer: escriben a la administración pidiendo los datos económicos del acuerdo. Le responden que no pueden darle esa información, que es reservada, y que pueden apelar si lo consideran.

El episodio original acaba en que iban a hacer esa apelación para conseguir los datos.

Para el podcast que escuché hoy (emitido ayer) agregan una actualización: un abogado becario de la NPR escribió una apelación de 13 páginas, explicando que para acuerdos similares ya se pidió y dieron esa información.  E incluyen la respuesta de la administración: “después de analizarlo cuidadosamente, lo siento, es información reservada”.

Al final no nos enteramos de ese “detalle” de toda la entrevista, pero cuando escuchaba el final del podcast alucinaba: hacen las preguntas “críticas” al entrevistado, éste asegura que no puede dar la información, elevan la pregunta a la administración, le responden que no, por lo que presentan un escrito de apelación. Todo esto para un humilde (pero muy bueno) podcast de 14 minutos.

En resumen, una lección de periodismo que gusta: hacer las preguntas incómodas aunque sean colaterales al tema principal, no conformarse con la respuesta del entrevistado y solicitarlo dos veces a la administración. No recuerdo la última vez que vi algo así, menos para un programa -¡un podcast!- de tan bajo presupuesto, y que encima no lo hacen periodistas.

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Una crítica a Memecracia

septiembre 18, 2013 4 comentarios

Antes de ayer me enteré que salía el libro Memecracia de Delia Rodriguez. Inmediatamente fui a Amazon.com e hice la compra anticipada de la versión Kindle. Ayer a las 9 de la mañana Amazon ya me había copiado el libro a mi dispositivo, lo devoré entre la tarde y la madrugada. Es un libro delicioso de leer, con mucha información, muchas frases que me daban de aplaudir en la soledad de la sala, y otras que me han decepcionado bastante. Ningún libro es perfecto, y por eso mismo recomiendo este libro (le puse 4 estrellas).

Aunque sólo hablé con ella en persona muy pocas veces, conozco a Delia desde hace tiempo. Me parece una persona muy inteligente, observadora, curiosa, conocedora de las “culturas” dominantes en Internet, y con el punto cínico imprescindible para analizarla y criticarla con humor y acidez. Además es periodista, y con muchísima experiencia (a pesar de su juventud) en medios digitales, por lo que cumple una condición básica que debe tener un buen libro: relatar y teorizar basado en la experiencia propia, salpicado de historias reales.

Por todo lo anterior, mis sesgos personales  para opinar sobre el libro son difíciles de evitar, así que quizás deberíais tomar con un grano de sal mis halagos, y reconocerme el valor de hacer las críticas ;).

En primer lugar, recomiendo leer este libro, y si además estás interesado (¡deberías!) en cómo se informa, manipula y crean “memes”, eslóganes y tendencias culturales en Internet (y medios digitales), es un libro imprescindible.

Lo mejor del libro: la crítica ácida y dura que hace a su propia profesión, estoy seguro que hará que los periodistas -especialmente de medios digitales, inclusive los de su propio medio- se revuelvan en las sillas, y lo lectores a aprender a ser más escépticos hasta de sus propias mentiras. Cuenta cómo los medios se han adaptado a la forma de divulgar información, bulos y memes para conseguir más visitas, y cómo esto -sumado a la crisis económica y del periodismo- hizo que se olvidasen los principios éticos y deontológicos básicos. Tiene algunas frases que son para encuadrar. Para no hacer demasiado spoiler, y no alimentar demasiado mis propios sesgos (muy críticos con el estado del periodismo actual), me limitaré a citar a tres:

[...] Soy periodista y por tanto intento informar a los demás. No hay más mística en ello (o al menos no más de la que existe tras un peluquero que trata de dejar guapos a sus clientes o un médico que busca curar a las personas), pero ocurre que en nuestro oficio estamos haciendo justo lo contrario. Nos hemos convertido en una industria contaminante que lanza vertidos a la sociedad. No somos mejores que una tabaquera o una cadena de comida basura [...] intentamos hacer creer a nuestras víctimas que todo es por su bien.

[...] Y si ese ciudadano es un periodista que debe elegir al momento y en caliente sobre qué informar? La respuesta es evidente y el resultado, que todos estamos fallando. Los medios de comunicación se están transformando en medios de emoción. No somos ciudadanos informados, somos groupies de la información que nos excita; con la que nos alteramos y automedicamos.

[...] Redacciones diminutas servían para mantener el nuevo periodismo de bandera, en el que uno se envuelve porque le gusta cómo se se ve vestido con él [sic]  [...] Las costumbres de la prensa deportiva o del corazón (partidista, sesgada, atractiva, irracional, opinativa, divertida, grupal) se aplicaron con éxito a la política y la sociedad.

Aunque Delia critica a sus pares y su industria, no le dedica demasiadas líneas, de hecho estas críticas están entremezcladas -a menudos aparecen de sorpresa- en una relato y descripción de los bulos y manipulaciones más recientes en Internet, desde el vídeo promocional-viral de una ONG, a los mitos y bulos generados durante el 15M. Aunque no es muy extensa -por razones obvias de espacio-, la selección es adecuada, y el relato de su historia y cuál es la verdad sobre estos hechos es también muy informativa, y relatada de forma agradable.

También hay mucha información sobre las recientes investigaciones de científicos muy reconocidos, como Daniel Kahneman (especialmente de su libro Thinking, Fast and Slow -al que en mi opinión faltan varias referencias en el libro-) y Duncan Watts (especialmente de su libro Everything Is Obvious: How Common Sense Fails Us). En esto también es  bueno el libr, hace un resumen sencillo y digerible de los resultados de estas investigaciones que están cambiando el panorama de la sociología y psicología humana.

Pero aquí comienzan los problemas del libro.

A la par de estos investigadores serios y rigurosos coloca, en un totum revolutum, a otros que rozan la la pseudociencia y autoayuda de libro de aeropuerto (to say the least). Cita bastante, sin la crítica y escepticismo adecuado, a The Tipping Point de Malcolm Gladwell, un libro que tuvo mucho éxito, pero cuyas teorías están puestas en duda (incluso desmentidas por trabajos del propio Duncan Watts) y las que se les critica por ser un agrupamiento superficial y frívolo de ideas y teorías serias para crear un producto de puro marketing, justamente las condiciones de las pseudociencias (estas críticas han sido aún más duras con su libro Blink, leí ambos, el primero es mejor y al menos propone conceptos novedosos y convence fácil a aquellos que leen y contrastan poco, Blink es directamente pseudociencia para autoayuda).

Insiste también, y es una parte sustantiva de las hipótesis del libro, en la teoría de la pirámide de Maslow. Aunque no aparecía como tal en su trabajo “Una teoría para la motivación humana”, se convirtió en un “meme” de Internet. Tampoco fue popularizado por internet, ya en la década de 1950 se empezó a popularizar en las escuelas de negocios, como una forma más “humana” de gestión de empresas y sus empleados. Era una bonita idea, humanista, que rompía con los moldes de la psicología conductista (y abrió el camino para la positivista), pero es una teoría que jamás ha podido tener evidencias que la soporten. De hecho, investigaciones a partir de 1970 ya desmienten que exista ese tipo de categorías definidas -ejemplificada por la pregunta “extrema” ¿qué hay del poeta hambriento?-.

Pero sin duda, lo que menos me ha gustado del libro -aunque es de esperar, el título lo dice- es la generalización al extremo de las ideas de la memética. Ésta está acusada de ser una pseudociencia, de no tener evidencias suficientes, de no aportar nada nuevo, de no predecir nada, y de ser sólo una forma moderna y vendible de llamar a las ideas para así poder usar la terminología y principios de la genética (que por otro lado, es cualidad típica de las pseudociencias).

El uso de la palabra “meme” no me provoca escozor en principio, todos más o menos estaremos de acuerdo en qué es un meme, por ejemplo el “Ola k ase” (explicado en el libro), que sin ser un eslógan (no intenta vender ni convencer de nada) es una frase corta que se popularizó de forma viral y que pasó a ser parte de la cultura de internet. Pero elaborar toda una teoría científica a partir de ello, e intentar explicar la cultura a partir de “frases indivisibles” hay todo un trecho. En el mejor de los casos, le memética todavía no pasa de ser una hipótesis, muy atractiva y vendible, pero que no tiene ni las bases para ser considerada una teoría seria.

Aún peor es cuando se intenta usar las ideas de la memética para explicar hasta cómo se forman las ideas, sesgos y otras taras humanas. Es una gran simplificación, enorme, a la que tampoco veo utilidad. Aunque existan y se pueda elaborar una teoría consistente de memes, no tiene sentido usar esa “unidad básica” para explicar todos los fenómenos que ocurren en capas muchas más complejas. Para hacer un símil informático (nótese la distancia en complejidad con el cerebro, la psicología o neurociencia), es como pretender responder a la pregunta si P es igual a NP con “se trata sólo de seleccionar el orden de los bits o bytes”. O que pretendamos resolver el problema de los bugs en ingeniería informática mediante mecanismos para seleccionar y reordenar los bits de los programas. El problema debe ser atacado en el nivel de complejidad y abstracción adecuado -que involucra desde lenguajes formales de programación de alto nivel  hasta a la psicología humana-, y no simplemente como un problema de organización de sus partes fundamentales.

Pero de eso va el libro, entre las historias e información valiosa que nos relata -deliciosamente-, nos intenta vender la idea de que todo es tratable y solucionable a partir de la manipulación de nuestras “unidades básicas de comunicación”. El ejemplo más notable es al final del libro, cuando da las “recetas” para interpretar mejor a la información^Wmemes [*] que nos llegan. Ese compendio final es una mezcla de buenas y conocidas reglas de escepticismo, junto con reglas típicas de autoayuda. Por ejemplo de habla de seleccionar sólo los buenos memes y descartar los malos, otros autores más kumbayá hablarían de energías positivas y negativas.

[*] El ^W es otro “meme” muy informático, significa “borrar palabra”, por la tradicional combinación de teclas Ctrl+W de las consolas y editores de texto antes de la aparición de las interfaces gráficas ;)

También me llamó la atención esa especie de disociación entre las ideas y ética de Delia con las historias personales de la Delia profesional que relata, casi como si se tratasen de personas diferentes, con valores morales distantes. Por ejemplo, para compensar un pecado frívolo (así lo describe ella), hizo un artículo que recibió más de un millón de visitas: 15 imágenes que deberían hacernos pensar en la ropa que llevamos (FOTOS).

Ella misma explica que empaquetó cuidadosamente las imágenes para lograr la máxima difusión, recurrió sin pudor a las emociones y a la “ingeniería de memes” que tanto critica para lograr calmar su sentimiento de culpa, y de paso lograr millones de visitas (o viceversa, no lo tengo claro). Sin duda aplicó las normas y practicó casi el mismo periodismo que critica en las frases que cité arriba. Tampoco puedo dejar de lado, y ella misma lo cuenta, que el medio en el que es redactora jefa practica extensivamente todas las técnicas de manipulación e “ingeniería de memes” para lograr aumentar las páginas vistas (y es reconocido mundialmente, junto a BuzzFeed, un sitio aún más extremo en estas prácticas).

Es una situación rara, la Delia pensadora critica las prácticas de la Delia redactora, y conviven tan tranquilas. Aunque hay que reconocer la valentía de la conocida Delia redactora en dejar salir del armario a esa Delia de ácida crítica. Como mínimo, es refrescante, simpático y entrañable (si lo miras con empatía).

En resumen:

Un libro que recomiendo, es una pena que os perdáis la información e historias que relata, pero que al mismo tiempo hay que leer con mucho escepticismo. El mismo que Delia propone en la mayor parte del libro, y al que no hizo caso en muchas otras partes -hasta en la idea central del libro-. Pero así es la condición humana, Delia es lista y adorable, no me costó nada perdonarle. Personalmente, y lo que me divirtió, es que lo leí como si todo lo de memes fuese sólo una excusa pomposa para relatar, aclarar y criticar historias y bulos de internet y los medios digitales (muy en línea con otro libro que me encantó, y me hizo cabrear al mismo tiempo:  Trust Me, I’m Lying: Confessions of a Media Manipulator).

Si nos dijesen que es sólo un negocio… (de periodismo)

agosto 25, 2013 20 comentarios

Hoy me enteré que un medio (da igual cuál, no es lo importante) cede una sección de su periódico a una ONG -y grupo de presión- que no se corta un pelo a la hora de manipular información o para recurrir a “expertos” y asociaciones pseudocientíficas cuando les conviene. Me indigné, para mí existe una incompatibilidad muy de fondo entre pretender ser un medio de información veraz y al mismo tiempo ceder una parte de un medio a una asociación que recurre regularmente a la manipulación informativa para conseguir sus fines.

Sí, todos tenemos nuestros sesgos y preferencias ideológicas, pero así como la ciencia está definida básicamente por los mecanismos para evitar y detectar esos sesgos humanos, entiendo que el periodismo debe también usar mecanismos para minimizar esos efectos en la información que dan al público. Es decir, considero que el “periodismo activista” es un oxímoron, tanto como “ciencia religiosa” o “ciencia de izquierdas/derechas”.

Iba a criticarlo públicamente, pero como hay varios amigos y gente a la que respeto me abstuve y pensé en hacer la crítica por una lista de correo privada. Pero al cambiar de ámbito de la crítica, inmediatamente me planteé “¿y quién cojones soy yo para decirles cómo deben llevar su negocio?”, y desistí.

Pero lo seguí pensando, el problema es otro: la brecha entre lo que prometen como profesión (o empresas) y su praxis cotidiana, están “sobreprometiendo” y no cumplen el contrato social que ellos mismos han redactado.

Se describen a sí mismos como una profesión especial, el “cuarto poder” que sirve de control a los otros tres, que es imprescindible para la democracia, que el público necesita información veraz y que ellos la proporcionan basándose en valores éticos-deontológicos que están por encima de cualquier discusión. Pero en la práctica están muy influidos por sus propios intereses económicos-financieros y sesgos realimentados por la propia “redacción”, que no están contrarrestados ni minimizados por procedimientos o herramientas como las desarrolladas por la comunidad científica que, insisto, sufre de los mismos problemas humanos.  Si el periodismo se presentase en sociedad, o al menos explicasen por la bajini (cosa que tampoco hacen), que sólo se trata de ganarse la vida vendiendo información lo entendería y ni me plantearía una crítica por asociar su medio-empresa con una ONG o cualquier grupo de presión o activismo.

El problema es que los propios periodistas (y medios) se sitúan profesionalmente en una posición ética muy elevada pero no cumplen con sus promesas. Y esto que digo no es nada nuevo, hasta las encuestas del CIS lo sitúan entre las profesiones peores valoradas, el público es consciente que están por debajos de los estándares profesionales que ellos mismos han definido y “vendido” como parte de su contrato con la sociedad.

Lo que me lleva a la duda de si lo correcto es criticar cuando no cumplen con sus [propios] estándares, o directamente criticarles por vendernos un contrato imposible de cumplir.

No me gustaría lo segundo, todavía creo que necesitamos al periodismo con unos estándares éticos muy elevados, así que quizás siga criticando por no cumplir sus promesas y contrato social. Eso significa, entre otras cosas, que hay que recordarles no se puede cobijar ni tener negocios conjuntos con asociaciones y grupos cuyos objetivos sean contradictorios con tender a ofrecer información veraz, contrastada, y no manipulada por sesgos e intereses. Aunque la idea y objetivos parezcan loables y humanitarios, no se puede.

El periodismo debería  controlar a esos grupos y asociaciones públicas con el mismo rigor como lo haría con el PP, el Tea Party, o la corona.  Y lo peor que pueden hacer es otorgarles la misma credibilidad y autoridad que deberían tener periodistas y medios de información independientes. Pero al darles espacio, bajo la misma marca que el medio, lo están haciendo. Una pena que esto parezca normal, incluso moralmente deseable.

Categorías:ética, prensa Etiquetas: ,
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