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El vídeo del interrogatorio de la infanta, y la [des]protección de las fuentes

febrero 11, 2014 8 comentarios

Ayer me desayuné con el vídeo del interrogatorio de la infanta, me sorprendió. Pero no por lo que dijo, era de esperar, sino por la forma en que se ha divulgado, especialmente por El Mundo, sin tomar medidas previas para asegurar el anonimato de los autores. Es un tema ya debatido, la responsabilidad y la protección cuando se divulga información que puede poner en problemas a las fuentes. Ocurrió con Wikileaks y el soldado Manning, a pesar de todos los recaudos que tomaron, al final la única víctima de la liberación de esa documentación fue el/la pobre soldado.

Con el tema del vídeo de la Infanta pasó algo similar, pero mucho más chapuza e irresponsable. Me explico:

  1. Las imágenes del vídeo permiten localizar con precisión de centímetros a la posición de la cámara grabadora.
  2. No sólo está rodeado de testigos, también hay cámaras grabando (y seguramente fotografías), por lo que conocida la posición de la cámara se puede saber quién era el portador de la misma. Adiós cualquier indicio de anonimato.
  3. Se sube el vídeo “anónimamente” a una web de una empresa española, con sede y servidores en España, la justicia lo tiene muy sencillo para solicitar los datos con que se dio de alta el usuario y desde dónde subió el vídeo. La empresa no se puede negar a entregar esos datos, por lo que los que grabaron y/o subieron el vídeo lo tienen aún más complicado para defenderse.
  4. Parece (dicen, no confirmado) que se subió vía una conexión 3G, por lo que -dependiendo de operador, pero la mayoría lo permiten- se puede ubicar qué dispositivo es el que lo subió. No es lo mismo que ocurre con conexiones hogareñas con routers WiFi, donde no se puede conocer con precisión al dispositivo/ordenador que se conectó a un servidor externo. Actualización: parece que se hizo usando una VPN.

Para proteger el anonimato de las fuentes tendría que haberse eliminado las imágenes, haber subido a un servidor de otro país (preferentemente sin convenios de colaboración con España o Europa) mediante TOR o servidores anonimizadores en otros países. Aún así todavía es posible obtener la dirección IP de origen (por eso es mejor hacerlo desde conexiones “colectivas”), pero requiere mucho más esfuerzo, que quizás no compense por la tontería de información que se divulgó.

En resumen, se divulga un vídeo -que aporta nada de información que no se supiese o esperase- sin tomar los mínimos recaudos para proteger a las fuentes. Los más probable (a menos que encuentren otras relaciones e intereses) es que El Mundo o Wouzee no sufran las consecuencias legales, sólo el “pringao” que grabó ese vídeo, que creyó que ya aseguraba su anonimato subiéndolo con un nombre de usuario falso. Una gran irresponsabilidad de unos, y una ignorancia casi infantil de otros.

Otra prueba de que la tecnología por sí misma no soluciona los problemas políticos ni nos da más libertad automágicamente, ni para los más tecnoutópicos. Los que a esta hora están siendo investigados (y quizás hasta interrogados) lo habrán aprendido por experiencia propia. Por eso cabe más responsabilidad de los que se han lucrado (en dinero o clics) con este vídeo: han dejado a sus fuentes en pelotas y casi sin defensas para informarnos de lo obvio. Un coste enorme para unos, un beneficio casi cero para los demás. Una irresponsabilidad.

No sé qué les hacen los móviles, o mi fallida portabilidad de móviles con ONO

enero 29, 2014 8 comentarios

Se está hablando bastante ahora de la posible compra de ONO por parte de Vodafone, las reacciones suelen ser de que empeorará mucho el servicio. No estoy tan seguro que sea empeorable en móviles. Somos clientes de ONO casi desde sus inicios (1996 o 1997), empezamos con el modem analógico. Cuando ofrecieron Internet a 128 kbps nos pasamos casi inmediatamente. Cuando ofrecieron teléfono fijo, también nos pasamos casi inmediatamente. Luego pasaron a TV digital (los decodificadores Motorola), nos pasamos rápidamente. Cuando empezaron a ofrecer TiVo, nos pasamos rápidamente. Ahora tenemos combinado TV (con todos los canales), teléfono fijo, Internet de 50 mbps, un 3G de datos, y dos TiVos.

Durante todos estos años (más de 15) no tuvimos problemas con la atención de ONO, y técnicamente sólo me quejé de los cortes de Internet de madrugada (hace unos meses que no ocurren, o al menos no lo noté). Es decir, fui siempre un cliente razonablemente satisfecho… hasta que hace 10 días acepté hacer una portabilidad de móvil de Pepehone hacia ONO. Fue una pesadilla, y ni siquiera se pudo hacer, tuve que llamar varias veces para cancelarlas por errores de ellos.

El jueves 16 de enero (como a las 20hs) me llama una operadora para ofrecerme -por cuarta vez- móvil con banda ancha. Le dije que no, que tenemos tres líneas familiares con Pepephone y que estábamos satisfechos. Me dijo que con tres líneas podían hacerme una buena oferta, le pedí que me llame al día siguiente (estaba en la calle).

Me llamó el viernes a la misma, era una chica que apenas podía hablar, era muy difícil entenderse con ella. No era sólo su acento sudamericano, no suelo tener problemas con eso, soy “sudaca”, era algo más, la calidad del sonido era mala. Me hace una oferta de las tres líneas con 1 GB de datos (era lo mínimo que le dije que aceptaría) por poco más de tres euros en total por mes. La oferta era muy buena, le dije que adelante. Tardamos más de hora y media hasta que le pasé todos los datos y los números de las tres líneas (les llamaré A, B y C) e hicimos las verificaciones y correcciones (tuve muchos problemas en hacerle entender que mi apellido era Galli, con G, con Calli, con C).

Al final acabamos y me dice que me pasará al departamente de verificación. Me atiende una chica con acento peninsular, me empieza a repetir los datos pero me da sólo los de la línea B. Les dije que faltaban dos líneas, me responde que sólo le pasaron esa. Le contesto que hacemos las tres o ninguna, que no iba a estar a medias y reclamando. Entonces la chica dice que tiene que cancelar todo y que avisará para que me vuelvan a llamar.

A los pocos minutos me llama la misma chica que antes, me pide disculpas y me dice que ahora lo pasaba de nuevo bien. Me vuelve a pasar al departamento de verificación, exactamente el mismo problema, sólo estaban los datos de la línea B. Vuelta a cancelar y dice que dejará una nota.

No sé si esa misma noche o el sábado me llama una hombre, me pregunta qué había pasado, le explico. Me pregunta si todavía me interesa, le digo que sí, pero sólo si se hacen las tres a la vez. Me dice que no hay problemas, que está cancelado y que me llamará un comercial.

El miércoles de la semana siguiente (21 de enero) recibo los siguientes SMS:

SMS de ONO

Mi sorpresa era mayúscula, no sólo porque entendí que el proceso estaba muerto, además no había venido nadie por casa, y era sospechoso que sólo apareciesen dos SMS y no por las tres líneas (A, B y C), ni uno por la única (B) que me habían intentado verificar antes.

Llamé al teléfono indicado, me atienden bien, dicen que efectivamente se hicieron un lío y me pide que llame al 800 400 005. Llamo a ese número, le explico, me confirma el error y me dice que está todo cancelado. Me dice si sigo interesado en reiniciar el proceso, le digo que si mantienen la oferta sí, Me pide que por favor no cuelgue, suena una música, luego se calla, después de 7 minutos se corta la llamada (todo esto desde el teléfono fijo del propio ONO). Me quedo muy cabreado, pero no vuelvo a insistir.

Al día siguiente por la tarde noche, otra sorpresa, dos sobres de ONO con los microchips para las líneas A y B, y avisando que la portabilidad seguía en curso:

ONO

El viernes 23 llamé muy cabreado al 800 400 005. Les vuelvo a explicar, casi chillando -estaba my cabreado a estas alturas-. Pero las sorpresas no acaban, me dice que la portabilidad estaba en curso, que eran de 300 MB de datos, y que sólo por la primera línea (la B) eran 3 euros y pico. No la dejé continuar, le dije que ni siquiera eso era lo que me ofrecieron -ni en datos ni en tarifa- y que lo corte ya mismo, que estaba todo grabado.

Al final parece que cancelaron todo, al menos todavía no he vuelto a tener noticias. Pero es curioso, tantos años de cliente satisfecho con ONO [*], pero en cuanto intenté ser cliente de móviles se jodió toda la historia.

No sé que les pasa con los móviles, pero ya da miedo hasta coger las llamadas de sus comerciales.

[*] A pesar que nunca te aplican los descuentos automáticamente, tienes que llamar para obtener los precios más bajos que ofrecen por lo mismo.

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En Twitter se dijo… arde Twitter…

Arde Twitter por JRMoraYa son habituales los titulares y noticias basadas en “arde Twitter”, como si el cabreo de unos pocos cientos de personas en Twitter (o la red que sea) fuese una noticia. Pero también veo cosas más curiosas, como un artículo de “clases de periodismo” que lista los veinte peores (según el autor) errores del periodismo en 2013.

La selección es quizás bastante adecuada, pero comete otro error: justificar o argumentar la decisión basada en “opiniones en Twitter”. Detecté tres que inmediatamente me generaron preguntas:

Debido a la grave acusación que se hizo, por Twitter varios usuarios criticaron e incluso amenazaron al departamento de investigación y al director del diario, Pedro J. Ramírez.

¿Es relevante para alguien además de Pedro J.? ¿cuántos usuarios? ¿qué dijeron para que haya que mencionar algo tan impreciso desde “criticar” hasta “amenazar”? ¿o lo relevante es que un periodista haya recibido unas pocas de las millones de “amenazas” que se se escriben cada día en Internet? ¿lo  hubiesen comentado si las las “críticas y amenazas” se hubiesen dedicado a un anónimo twittero?

En Twitter, los usuarios afirmaron que la portada se trató de una estrategia amarillista para aumentar las ventas del diario.

¿Cuántos “usuarios”? ¿qué tiene de relevante lo que opinan unos pocos cientos de usuarios en Twitter? ¿cuál es su representatividad? Y lo más importante ¿las opiniones en Twitter son fuente de ética para juzgar si es correcto un artículo o una foto? Si al menos se presentasen los argumentos podría servir para dar pistas.

A través de Twitter, los usuarios comunicaron el error y compartieron varias imágenes del incidente.

¿Es esto un publirreportaje de Twitter?

Cada vez entiendo menos este “flipe” de algunos periodistas con lo que leen en Twitter. Quizás porque piensan que es un método sencillo y barato de medir la tan elusiva y compleja “opinión pública”, pero es un error tan grande como persistente:

Hay suficientes datos que ponen en duda que los usuarios de Twitter sean una muestra válida de la población, y los usuarios más activos no son siquiera una muestra válida de esos usuarios. Ya deberíamos saber que lo fundamental para obtener una idea básica de la “opinión pública” -hasta en temas básicos como encuestas electorales- es muy complicado, tanto en la selección de la muestra adecuada como en la elaboración de las preguntas para evitar múltiples efectos (y trucos) psicológicos conocidos.

A esto se le suma otro problema: el de la cámara de eco. Cuando se publican esas noticias de “Twitter opina” ni siquiera se hace un estudio de una muestra válida de usuarios, se reducen a lo que han visto en su timeline. Como cada uno tiende a seguir a otros con ideas (o profesiones) similares, las lecturas están fuertemente sesgadas, y ese sesgo además amplificado por el grupo. El resultado es que tendemos a sobrevalorar exageradamente la validez y aceptación de nuestras opiniones.

Estos sesgos son muy humanos, están muy estudiados y tendemos a sobresimplificar cualquier problema. Es inevitable, pero el ejercicio del periodismo profesional -tal como se hace en la comunidad científica- es reconocer que todos somos víctimas de esos sesgos, estar alertas para no caer en ellos y seguir los procesos y metodologías desarrollados para minimizarlos (desde las “estadísticas para ciencias sociales”, escepticismo básico y lógica básica como carga de la prueba a procedimientos propios del periodismo como el fact checking, la doble verificación, debates con otros periodistas no involucrados directamente en la noticia, verificación de fuentes, consultas a expertos del tema, etc.).

En el caso de no-noticias basadas en opiniones de Twitter (u otras redes sociales) se hace justamente lo contrario: se ignoran y se amplifican aún más los sesgos. Estaremos de acuerdo en que no es un ejercicio responsable y profesional del periodismo. Como muchas de esas opiniones surgen de noticias y opiniones en los propios medios sólo estamos colaborando  (¿las portadas de la Razón, eh, eh?) para el self licking icecream cone del periodismo de redes sociales.

Permítame una pregunta, su Señoría

diciembre 19, 2013 17 comentarios

Estimado señor Juez, imagine la siguiente situación.

Un bar. Del tamaño que prefiera. Grande, pequeño, enorme, o del tamaño de un salón de fiestas para cientos de personas, pero con propietario único y que apenas se gana la vida con la facturación del bar.

En ese bar se juntan muchas personas, se cuentan cosas, se quejan de la vida, el trabajo, sus jefes. Hay temas que duran minutos, otros que duran horas.

Un día un grupo de personas, diez o cuarenta -elija usted el número- se ponen a criticar muy duramente a una gran y conocida empresa. Algunos fueron clientes, otros fueron o son empleados. Se empieza a añadir más gente a hablar sobre el mismo tema. Parece que dicha empresa no era muy apreciada en la audiencia.

Los que clientes que pasaban por allí empezaron a prestar atención a las diatribas, le gente que pasaba por la acera se detenía y acercaba a la puerta para escuchar. Justo pasa por allí un directivo de la empresa, llama inmediatamente al abogado y a un notario para que se presenten a escuchar.

Estos toman nota de todos. Al poco tiempo presentan una denuncia por injurias y calumnias. El juez la acepta y pide a los administradores del bar la grabación de la cámara de seguridad para la identificación de los presentes. Una vez identificados son llevados a juicio.

Supongo, su Señoría, que estará de acuerdo que esta denuncia ya le debe haber hecho pensar que quizás era algo exagerada. Pero el tema no queda allí.

Poco tiempo después la misma gran empresa presenta otra denuncia, pero esta vez contra el propietario del bar, por responsabilidad civil subsidiaria, y le piden en concepto de daños el equivalente a varios años de facturación del bar.

¿Qué haría usted su Señoría? ¿La admitiría a trámite?

No sé si ha existido un caso así en la historia de las democracia española. Se podría debatir largo y tendido, pero dudo mucho que se admitiese algo como lo que acabo de contar. Quizás hasta estemos de acuerdo es que podría ser un abuso del sistema judicial para acosar o castigar a terceros. O para dar ejemplo y que no se repitan esas charlas en otros bares.

Y mi pregunta de fondo, su Señoría:

¿Por qué parece que aceptáis muy alegremente denuncias, querellas y demandas contra administradores de sitios webs por comentarios de terceras personas sin que dichos administradores siquiera tuviesen conocimiento de esos comentarios ya que la empresa denunciante siquiera les avisó?

Es que no entiendo su Señoría, no me parece tan difícil de entender, al menos en lo fundamental y los problemas que ocasionan estas demandas y denuncias. Pensaba que la libertad de expresión es un derecho fundamental que está por encima del “honor” de unas personas jurídicas, que a nadie se le puede enjuiciar como co-responsable de palabras de terceros, y menos cuando siquiera hay pruebas de que el acusado tuviese conocimiento de esas palabras.

No entiendo que estáis haciendo, Señoría. Como si fuesen problemas importantes para la sociedad, o como si la Justicia Española estuviese sobrada de recursos y tiempo libre. Porque al fin y al cabo, lo único que se está haciendo es acosar moral -he conocido a algunos que hasta se ponen mal de salud- y económicamente a personas con ya suficientes problemas e incrementar la facturación de los abogados.

PS: El tema es ficticio y no tiene relación con ningún caso personal ni cercano. Pero ocurre.

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Cuando la “esclavitud” de la publicidad tampoco te permite dar mejor servicio a tus usuarios

diciembre 18, 2013 15 comentarios

Haced la siguiente prueba, si es con un móvil mucho mejor. Acceded a peta.meneame.net, navegad entre artículos y páginas. ¿Notáis que os va mucho más rápido que el original www.meneame.net? No se trata sólo de que no hay publicidad (la forma en que lo tenemos implementado casi no afecta a la velocidad de carga y dibujo después de la primera carga), está muy optimizado con “ajax”. En vez de cargar la página cada vez que se sigue un enlace interno sólo se carga el contenido que cambia, se elimina el anterior y se reemplaza por el HTML “resumido” (parcial) que envía el servidor.

Es lo que usa mucho Google+ o Facebook (y Twitter ayudado por el entorno Bootstrap) para cargas parciales, lo que evita que el navegador tenga que interpretar cada vez las hojas de estilo y compilar el Javascript. En Menéame lo tenemos desde hace varias semanas, pero no podemos publicarlo. ¿La razón? AdSense no lo deja, interpreta como si fuese una sola página (a pesar que se cambia la dirección URL dinámicamente) y deja de servir anuncios. Es decir, no es “compatible AJAX”.

Como nuestros únicos ingresos vienen de la publicidad (que está cada vez peor), y la mayoría de ellas por AdSense, por lo que si habilitamos esta nueva funcionalidad (es sólo cambiar una variable de configuración) sería nuestra sentencia de muerte… por mejorar sensiblemente el servicio a los usuarios de móviles (especialmente móviles: menos tráfico, más velocidad, menor consumo de CPU, menor consumo de batería).

Es una putada, pagamos una vez más la esclavitud de la publicidad, y de un entorno casi monopólico.

Posdatas

  1. Ya pedimos a nuestro “gerente de cuenta” de AdSense que intente conseguirnos una autorización o versión AJAX. No soy muy optimista, tenían un plan para ello y lo han cancelado.
  2. También estamos desarrollando una webapp (ver vídeo),  aunque no está claro lo de publicidad, y tiene sus propios problemas.
  3. La webapp para Android es usable y estable (aunque sin publicidad), cuando le agregue algunas funcionalidades básicas publicaremos la beta.
  4. Ya, tendremos que buscar alternativas al menos para la versión móvil, en ello estamos.

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Android KitKat… ¿pretenden matar el HTML5 en Android?

noviembre 27, 2013 13 comentarios

La pregunta no es tan sensacionalista como parece. Hace unos días me avisaron de problemas para subir fotos a Menéame con Android KitKat. Era muy raro que diese problemas, está todo programado respetando estándares de HTML5 y Javascript. Descubrí que ese caso se debía a problemas de la gestión de memoria de Android y cómo la trataba Chrome (al ejecutar otro programa para seleccionar la imagen, si necesita memoria se la quita al Chrome, por lo que hay un “cambio de configuración”, al volver a Chrome, éste recarga la página completa, en vez de “reconstruir” lo que tenía). Pero descubrí otro error aún peor y que sucede siempre: es imposible subir una fotografía. Lo probé con el Nexus 4 y con el 7, en ambos el mismo problema, da un error “fatal” al seleccionar cualquier foto.

Lo probé con el Firefox sobre los mismos dispositivos, y no hubo problemas (además de sorprenderme la velocidad de Firefox, ¡cómo ha mejorado!). Se puede observar el fallo (“Error abrir archivo seleccionado” [sic]) en el siguiente vídeo que hice en el Nexus 4:

Visto lo visto, y que no parecía simple de solucionar, además que quería solucionar lo de compartir más fácilmente a Menéame desde un móvil, me decidí a desarrollar una pequeña app:

app Menéame de pruebas

Esta app sólo crea una actividad, basada en WebView, que empotra el renderer HTML. Hasta la versión 4.3 de Android, este renderer era el del “webkit” básico, a partir de 4.4 (KitKat) ya se usa el Chromium (el proyecto libre del Chrome). Todo iba bien, y funcionaba muy rápido… hasta que probé la subida de ficheros: imposible, no funciona en KitKat, y es imposible arreglarla (al menos en teoría y con la información que hay hasta ahora).

Las WebView tienen una pequeña interfaz con unas pocas clases de Java para controlar cosas básicas, y también para que el programa haga algunas de las cosas que no hace la vista por sí misma, por ejemplo, seleccionar ficheros para el <input type=”file”> de HTML. Resulta que no había un API para ello, pero dado que es imprescindible para casi cualquier aplicación HTML5, la gente analizó el código fuente del navegador estándar de Android y encontró la función que se llama cuando se selecciona el campo de subir fichero. La implementé tal cuál, adaptadas a las diferentes versiones de Android:

WbeChromeClient

Pero no funcionaba en KitKat, sólo en las versiones anterior, sin problemas. En KitKat ni se llaman esas funciones, no hace nada cuando se selecciona el campo.

Así fue que busqué, y veo que eliminaron esa interfaz, sin ninguna alternativa. Sólo dicen “no estaba documentada como oficial, y ya pensaremos una alternativa para futuras versiones de Android”. En los comentarios queda claro cómo afecta a tantas aplicaciones, sobre todos a las de PhoneGap, que están basadas completamente en HTML5: con KitKat es imposible subir ficheros de apps programadas en HTML5.

Sumado a eso, el propio Chrome de Google también falla para subir imágenes.

Es decir, miles de apps que dejarán de funcionar en Android KitKat, por decisiones [estúpidas] de eliminar la única interfaz posible para poder subir ficheros desde el “navegador empotrado” para apps, y por fallos increíbles en el navegador por defecto, Chrome.

La pregunta es: ¿están perjudicando así a aplicaciones en HTML5 por simple estupidez? ¿O es una estrategia para que se usen apps completamente nativas? No hay otra explicación, en cualquier caso, vaya ceguera y/o ineptitud enorme de los ingenieros que toman decisiones de desarrollo en Android. Para miles de :facepalm:.

PS: Mientras tanto, si tenéis Android KitKat y queréis subir fotos en Menéame o cualquier otro sitio, tenéis que usar Firefox u Opera Mini. Si habéis desarrollado una app que usa WebViews, estáis jodidos, porque no hay otra alternativa, al menos hasta que salga el GeckoView for Android, pero le falta todavía mucho tiempo :(

Nota: cómo hacer esos vídeos de la pantalla.

Para ser ingeniero no basta con ser ingeniero (y los programadores vamos justitos)

octubre 29, 2013 50 comentarios

Hace una hora iba conduciendo, llevaba mi teléfono en el bolsillo delantero derecho del pantalón, de golpe empieza a vibrar y sonar. Una vez, dos, tres, cuatro… parecía que llevaba se había desatado una batalla campal entre mis pantalones (y no eran mis tripas ni el Viagra). Me empiezo a asustar, debe ocurrir algo grave para que alguien conocido me esté escribiendo de esa manera, pensé que podía ser problemas de familia o Menéame (que ni aún así insisten tanto).

Detuve el coche en cuanto pude, saqué el teléfono, era el Hangouts (el reemplazo de Google Talk para Android) de Google. Me habían metido en un texto-vídeo hangout con muchas personas (no sé cuántas, pero eran muchas),  todos escribiendo a la vez. Después del susto que me pegué, ¡qué cabreo! Primero con el irresponsable (no sé quién fue, salí inmediatamente) que abrió una vídeo conferencia de muchas personas. Pero luego lo pensé mejor.

¿Cómo es posible que un programa me meta automáticamente en un sala de vídeo conferencia? No lo podía creer. Nunca había configurado nada así. Voy a mirar la configuración del Hangouts -que recuerdo que es un reemplazo del Gtalk de Android- y veo que Google, y sus programadores, decidieron que me iba aceptar automáticamente conversaciones de toda la gente que tengo en mis círculos de Google+, y ¡también a la que no!. También incluye a las que tengo en “My Stream” (gente a la que sólo sigo sus publicaciones en G+).

Alucinante.

Nunca quise eso (en GTalk sólo me podían escribir a los que tenía autorizado), me meten en una sala con mucha gente y a la que ni conozco por el apodo en internet, y en su momento tampoco agregué a gente en mis círculos -o en “My Stream”- para que me puedan abrir automáticamente vídeo conferencias. No sé quién es el genio al que se le ocurrió eso, pero obviamente lo han tenido que implementar programadores. Un burrada que difícilmente se deje pasar tan fácilmente en otras ingenierías.

Estamos rodeados de programas informáticos, no podemos hacer nada sin ellos, y con los móviles estamos “abiertos” al mundo las 24 horas.  Cualquier cosa que haga un ingeniero/programador tiene efectos reales sobre la gente. Te puede molestar y asustar cuando vas en coche, o despertarte cuando estás durmiendo, o molestarte en medio de una reunión o clase. Hasta hace poco teníamos razonablemente bien controlado, hay un botón u opción rápida para que las llamadas no suenen. Pero es bastante más complicado hacer que todas las aplicaciones no molesten (tampoco tiene sentido estar deshabilitando continuamente la capacidad de que te avise si tienes un Whatsapp o chat). Las cosas empeoran cuando te pueden meter sin preguntar en una sala de conferencia, por ejemplo.

Ortega y Gasset ya lo ha dicho “recuerda que para ser ingeniero no basta con ser ingeniero”.

Y tiene toda la razón, lo que hacemos tiene efectos reales sobre la gente, debemos pensar muy bien las causas de lo que implementamos, y corregir inmediatamente si causan problemas. Esta es la responsabilidad de cualquier ingeniero. Pero parece que la tendencia en informáticos es “lo implemento porque se puede”, sin pararse a pensar siquiera en lo básico de privacidad, respeto y no molestar innecesariamente.

Cada día me molesta más este pasotismo y “solucionismo” (como diría Eugeny Morozov) de mis colegas. Últimamente lo pienso cada vez que recibo el aviso, varias veces al día, del sistema de bloqueo de DoS de Menéame (en pocas semanas tenemos ya varios cientos de IPs que hacían “DoS” involuntarios). Bots descontrolados que podrían tirar sitios completos (y/o causar gastos innecesarios), programas que generan cientos de conexiones por segundo, a veces durante meses (como nos pasa con la IP 46.105.237.95 de un servidor de DreaMule). No se salva nadie, tenemos bloqueadas IPs de muchas empresas importantes, incluido proxies corporativos de Google, servidores de Automattic/Wordpress, buscadores e indexadores sociales, y hasta con el bot del buscador Bing de Microsoft [*].

Demasiadas molestias innecesarias causadas por programadores.  Lo de los bots descontrolados que hacen DoS y generan tanto tráfico inútil es de locos, además de las molestias individuales debe tener un coste económico enorme globalmente (¿y cuántos deben pensar que están recibiendo ataques DoS o DDoS cuando es simple irresponsabilidad de programadores). Pero que por defecto y sin preguntar un programa te meta en salas grupales de vídeo conferencia es ya indescriptible: imaginaros que estáis con roaming y no os dais cuenta que vuestro teléfono entró en una conferencia de estas… para daros una idea del daño económico real que puede causar.

No es tan difícil si se piensa un poco, sobre todo si los programas afectan a lo cotidiano de millones de personas, y lo molesto y el daño que pueden causar. Me enerva cada vez más esta incapacidad de pensar profesionalmente en las consecuencias de lo que hacemos. No llegamos ni a ingenieros.

—-
[*] En el caso de Microsoft tuve que darme de alta en Outlook.con, luego agregar los dominios de Menéame, y luego configurar la frecuencia de rastreo para evitar el problema, no ofrecían otra opción. En el caso de Google, envié un email a la dirección de abuse de registros de sus direcciones IP (en ARIN), me devolvió un email automático de que no leen emails, me envió a  un formulario de Google, después de varios intentos, no hubo forma de dejar el comentario. Al final me dijo que lo comente en un foro de Google (que ya ni me acuerdo), nadie me contestó, al final dejamos bloqueadas esas IPs de Google.

No, la falta de rigurosidad no es inocua

octubre 11, 2013 9 comentarios

Leer libros o escuchar conferencias “inspiradoras” y nada rigurosos generan varios problemas:

1. Te hacen creer cosas que no son ciertas, tu cerebro se alimenta de más mitos, bulos y falsas “leyes sociales” como si fuesen equivalentes a  una “ley física”.

2. Crea falsas ilusiones, que a la larga puede producir desasosiego “si los demás pueden y yo no, soy yo el problema” (eso que acabo de citar, según muchos estudios, es la causa fundamental de suicidios, cuyas tasas más altas se dan en países más ricos).

3. Normalmente sobresimplifican la enorme complejidad de nuestra sociedad, incluyendo la política, economía, negocios y relaciones sociales. No podemos asumir que el mundo no esté bajo nuestro control.

4. El tiempo (y dinero) que le dedicas es tiempo (y dinero) que no podrás dedicar a leer o informarte de los problemas reales, de la complejidad, diversidad, y de los verdaderos desafíos como sociedad.

5. Como te ha “emocionado”, colaboras en divulgar aún más esas falsas leyes, creencias, mitos y bulos. Luego es cada vez más difícil deshacer esa desinformación. De hecho, acaban en modelos de negocios rentables, ¿hablamos de TED y sobre todo de TEDx y sus grandes simplificaciones -por diseño- inspiradoras?.

6. La ciencia te dirá que no es así, que no hay datos que lo fundamenten, que el tema es más complejo, etc. Acabarás creyendo que la ciencia no te ayuda, sino esos que “saben escribir historias humanas que realmente interesan y ayudan a las personas”.

7. Como escribir historias “inspiradoras” atrae a muchos lectores -cada vez menos críticos-, se convierte en un negocio jugoso. Así es como estamos siendo bombardeados de tantos libros “inspiradores” y de autoayuda. Además nos dedicamos a repetir sus ideas resumidas en frases cortas e “inspiradoras”, así es como los eslóganes estúpidos tienen tanto éxito en las redes sociales.

8. Acabarás creyendo que el pensamiento crítico es malo, que no ayuda -incluso que es malo- al bienestar personal.

Así es como ayudamos a tener una sociedad que hasta cuando se discute de una ley educativa no escuchamos a los investigadores ni estudiosos del tema, sólo a políticos que en el mejor de los casos antes han sido tertulianos dedicados también a la sobresimplificación de los problemas. Y cuando nos damos cuenta de esto, sólo se nos ocurre mejor idea que culpar de todo a los demás (políticos, medios… votantes del partido contrario).

Luego nos preguntamos por qué no tenemos intelectuales “científicos”, por qué en otros países hacen mejor ciencia, por qué somos incapaces de resolver problemas reales más complejos, por qué leemos tanta manipulación en los medios, por qué leemos y escuchamos tantas tonterías de políticos, tertulianos y fanboys.

Todas nuestras “transacciones sociales” tienen efectos en la sociedad, ésta es la suma de miles de millones de “transacciones” diarias. Que no te hagan creer que leer libros de este tipo es sólo “entretenimiento”, que no hace daño. No es así, no son inocuos, sobre todo si tienen grandes audiencias.

¿Sólo soy yo que ya casi no ve diferencias entre la religión y sus liturgias inspiradoras con los libros y conferencias ídem? Porque si lo importante es la “inspiración”, las religiones e iglesias ya lo han descubierto hace miles de años. Ahora replicamos el modelo, con nuestros propios mitos, becerros, mandamientos, pecadores, santos, discípulos, paraísos e infiernos imaginarios.

No, no es inocuo. Ni nuevo.

Una de arena

Te obsequio con una charla TED inspiradora, rigurosa, graciosa y educativa, cada vez menos frecuente en TED y sus franquicias.

Una crítica a Memecracia

septiembre 18, 2013 4 comentarios

Antes de ayer me enteré que salía el libro Memecracia de Delia Rodriguez. Inmediatamente fui a Amazon.com e hice la compra anticipada de la versión Kindle. Ayer a las 9 de la mañana Amazon ya me había copiado el libro a mi dispositivo, lo devoré entre la tarde y la madrugada. Es un libro delicioso de leer, con mucha información, muchas frases que me daban de aplaudir en la soledad de la sala, y otras que me han decepcionado bastante. Ningún libro es perfecto, y por eso mismo recomiendo este libro (le puse 4 estrellas).

Aunque sólo hablé con ella en persona muy pocas veces, conozco a Delia desde hace tiempo. Me parece una persona muy inteligente, observadora, curiosa, conocedora de las “culturas” dominantes en Internet, y con el punto cínico imprescindible para analizarla y criticarla con humor y acidez. Además es periodista, y con muchísima experiencia (a pesar de su juventud) en medios digitales, por lo que cumple una condición básica que debe tener un buen libro: relatar y teorizar basado en la experiencia propia, salpicado de historias reales.

Por todo lo anterior, mis sesgos personales  para opinar sobre el libro son difíciles de evitar, así que quizás deberíais tomar con un grano de sal mis halagos, y reconocerme el valor de hacer las críticas ;).

En primer lugar, recomiendo leer este libro, y si además estás interesado (¡deberías!) en cómo se informa, manipula y crean “memes”, eslóganes y tendencias culturales en Internet (y medios digitales), es un libro imprescindible.

Lo mejor del libro: la crítica ácida y dura que hace a su propia profesión, estoy seguro que hará que los periodistas -especialmente de medios digitales, inclusive los de su propio medio- se revuelvan en las sillas, y lo lectores a aprender a ser más escépticos hasta de sus propias mentiras. Cuenta cómo los medios se han adaptado a la forma de divulgar información, bulos y memes para conseguir más visitas, y cómo esto -sumado a la crisis económica y del periodismo- hizo que se olvidasen los principios éticos y deontológicos básicos. Tiene algunas frases que son para encuadrar. Para no hacer demasiado spoiler, y no alimentar demasiado mis propios sesgos (muy críticos con el estado del periodismo actual), me limitaré a citar a tres:

[...] Soy periodista y por tanto intento informar a los demás. No hay más mística en ello (o al menos no más de la que existe tras un peluquero que trata de dejar guapos a sus clientes o un médico que busca curar a las personas), pero ocurre que en nuestro oficio estamos haciendo justo lo contrario. Nos hemos convertido en una industria contaminante que lanza vertidos a la sociedad. No somos mejores que una tabaquera o una cadena de comida basura [...] intentamos hacer creer a nuestras víctimas que todo es por su bien.

[...] Y si ese ciudadano es un periodista que debe elegir al momento y en caliente sobre qué informar? La respuesta es evidente y el resultado, que todos estamos fallando. Los medios de comunicación se están transformando en medios de emoción. No somos ciudadanos informados, somos groupies de la información que nos excita; con la que nos alteramos y automedicamos.

[...] Redacciones diminutas servían para mantener el nuevo periodismo de bandera, en el que uno se envuelve porque le gusta cómo se se ve vestido con él [sic]  [...] Las costumbres de la prensa deportiva o del corazón (partidista, sesgada, atractiva, irracional, opinativa, divertida, grupal) se aplicaron con éxito a la política y la sociedad.

Aunque Delia critica a sus pares y su industria, no le dedica demasiadas líneas, de hecho estas críticas están entremezcladas -a menudos aparecen de sorpresa- en una relato y descripción de los bulos y manipulaciones más recientes en Internet, desde el vídeo promocional-viral de una ONG, a los mitos y bulos generados durante el 15M. Aunque no es muy extensa -por razones obvias de espacio-, la selección es adecuada, y el relato de su historia y cuál es la verdad sobre estos hechos es también muy informativa, y relatada de forma agradable.

También hay mucha información sobre las recientes investigaciones de científicos muy reconocidos, como Daniel Kahneman (especialmente de su libro Thinking, Fast and Slow -al que en mi opinión faltan varias referencias en el libro-) y Duncan Watts (especialmente de su libro Everything Is Obvious: How Common Sense Fails Us). En esto también es  bueno el libr, hace un resumen sencillo y digerible de los resultados de estas investigaciones que están cambiando el panorama de la sociología y psicología humana.

Pero aquí comienzan los problemas del libro.

A la par de estos investigadores serios y rigurosos coloca, en un totum revolutum, a otros que rozan la la pseudociencia y autoayuda de libro de aeropuerto (to say the least). Cita bastante, sin la crítica y escepticismo adecuado, a The Tipping Point de Malcolm Gladwell, un libro que tuvo mucho éxito, pero cuyas teorías están puestas en duda (incluso desmentidas por trabajos del propio Duncan Watts) y las que se les critica por ser un agrupamiento superficial y frívolo de ideas y teorías serias para crear un producto de puro marketing, justamente las condiciones de las pseudociencias (estas críticas han sido aún más duras con su libro Blink, leí ambos, el primero es mejor y al menos propone conceptos novedosos y convence fácil a aquellos que leen y contrastan poco, Blink es directamente pseudociencia para autoayuda).

Insiste también, y es una parte sustantiva de las hipótesis del libro, en la teoría de la pirámide de Maslow. Aunque no aparecía como tal en su trabajo “Una teoría para la motivación humana”, se convirtió en un “meme” de Internet. Tampoco fue popularizado por internet, ya en la década de 1950 se empezó a popularizar en las escuelas de negocios, como una forma más “humana” de gestión de empresas y sus empleados. Era una bonita idea, humanista, que rompía con los moldes de la psicología conductista (y abrió el camino para la positivista), pero es una teoría que jamás ha podido tener evidencias que la soporten. De hecho, investigaciones a partir de 1970 ya desmienten que exista ese tipo de categorías definidas -ejemplificada por la pregunta “extrema” ¿qué hay del poeta hambriento?-.

Pero sin duda, lo que menos me ha gustado del libro -aunque es de esperar, el título lo dice- es la generalización al extremo de las ideas de la memética. Ésta está acusada de ser una pseudociencia, de no tener evidencias suficientes, de no aportar nada nuevo, de no predecir nada, y de ser sólo una forma moderna y vendible de llamar a las ideas para así poder usar la terminología y principios de la genética (que por otro lado, es cualidad típica de las pseudociencias).

El uso de la palabra “meme” no me provoca escozor en principio, todos más o menos estaremos de acuerdo en qué es un meme, por ejemplo el “Ola k ase” (explicado en el libro), que sin ser un eslógan (no intenta vender ni convencer de nada) es una frase corta que se popularizó de forma viral y que pasó a ser parte de la cultura de internet. Pero elaborar toda una teoría científica a partir de ello, e intentar explicar la cultura a partir de “frases indivisibles” hay todo un trecho. En el mejor de los casos, le memética todavía no pasa de ser una hipótesis, muy atractiva y vendible, pero que no tiene ni las bases para ser considerada una teoría seria.

Aún peor es cuando se intenta usar las ideas de la memética para explicar hasta cómo se forman las ideas, sesgos y otras taras humanas. Es una gran simplificación, enorme, a la que tampoco veo utilidad. Aunque existan y se pueda elaborar una teoría consistente de memes, no tiene sentido usar esa “unidad básica” para explicar todos los fenómenos que ocurren en capas muchas más complejas. Para hacer un símil informático (nótese la distancia en complejidad con el cerebro, la psicología o neurociencia), es como pretender responder a la pregunta si P es igual a NP con “se trata sólo de seleccionar el orden de los bits o bytes”. O que pretendamos resolver el problema de los bugs en ingeniería informática mediante mecanismos para seleccionar y reordenar los bits de los programas. El problema debe ser atacado en el nivel de complejidad y abstracción adecuado -que involucra desde lenguajes formales de programación de alto nivel  hasta a la psicología humana-, y no simplemente como un problema de organización de sus partes fundamentales.

Pero de eso va el libro, entre las historias e información valiosa que nos relata -deliciosamente-, nos intenta vender la idea de que todo es tratable y solucionable a partir de la manipulación de nuestras “unidades básicas de comunicación”. El ejemplo más notable es al final del libro, cuando da las “recetas” para interpretar mejor a la información^Wmemes [*] que nos llegan. Ese compendio final es una mezcla de buenas y conocidas reglas de escepticismo, junto con reglas típicas de autoayuda. Por ejemplo de habla de seleccionar sólo los buenos memes y descartar los malos, otros autores más kumbayá hablarían de energías positivas y negativas.

[*] El ^W es otro “meme” muy informático, significa “borrar palabra”, por la tradicional combinación de teclas Ctrl+W de las consolas y editores de texto antes de la aparición de las interfaces gráficas ;)

También me llamó la atención esa especie de disociación entre las ideas y ética de Delia con las historias personales de la Delia profesional que relata, casi como si se tratasen de personas diferentes, con valores morales distantes. Por ejemplo, para compensar un pecado frívolo (así lo describe ella), hizo un artículo que recibió más de un millón de visitas: 15 imágenes que deberían hacernos pensar en la ropa que llevamos (FOTOS).

Ella misma explica que empaquetó cuidadosamente las imágenes para lograr la máxima difusión, recurrió sin pudor a las emociones y a la “ingeniería de memes” que tanto critica para lograr calmar su sentimiento de culpa, y de paso lograr millones de visitas (o viceversa, no lo tengo claro). Sin duda aplicó las normas y practicó casi el mismo periodismo que critica en las frases que cité arriba. Tampoco puedo dejar de lado, y ella misma lo cuenta, que el medio en el que es redactora jefa practica extensivamente todas las técnicas de manipulación e “ingeniería de memes” para lograr aumentar las páginas vistas (y es reconocido mundialmente, junto a BuzzFeed, un sitio aún más extremo en estas prácticas).

Es una situación rara, la Delia pensadora critica las prácticas de la Delia redactora, y conviven tan tranquilas. Aunque hay que reconocer la valentía de la conocida Delia redactora en dejar salir del armario a esa Delia de ácida crítica. Como mínimo, es refrescante, simpático y entrañable (si lo miras con empatía).

En resumen:

Un libro que recomiendo, es una pena que os perdáis la información e historias que relata, pero que al mismo tiempo hay que leer con mucho escepticismo. El mismo que Delia propone en la mayor parte del libro, y al que no hizo caso en muchas otras partes -hasta en la idea central del libro-. Pero así es la condición humana, Delia es lista y adorable, no me costó nada perdonarle. Personalmente, y lo que me divirtió, es que lo leí como si todo lo de memes fuese sólo una excusa pomposa para relatar, aclarar y criticar historias y bulos de internet y los medios digitales (muy en línea con otro libro que me encantó, y me hizo cabrear al mismo tiempo:  Trust Me, I’m Lying: Confessions of a Media Manipulator).

El cifrado es muy complicado, pero sus principios son sencillos de entender

septiembre 14, 2013 8 comentarios

Con el tema del espionaje de la NSA, el algoritmo desconocido de Intel para generar números aleatorios y el presunto backdoor de la NSA, y ahora que la agencia de estándares de cifrados norteamericana (NIST) volvió a abrir el debate sobre unos algoritmos de generación de números aleatorios influidos por la NSA, el debate está en la calle. Pero la información que se publica suele ser muy mala, confunden mucho los conceptos, y no saben distinguir entre generación de clave con el cifrado de un mensaje.

Por eso le dediqué unos minutos a explicar los principios fundamentales en unos tuits. A veces me gusta hacerlo así cuando no estoy motivado para escribir un apunte, el estar obligado a escribir una idea en pocas palabras, y luego continuar explicando en otro tuits, ayuda bastante. Así que abajo están los 28 tuits que le dediqué al tema, un introducción muy básica a las partes importantes. Perdón a los que les llené el timeline, pero todo tiene su coste, incluso seguirme en Twitter ;)

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Categorías:ciencia, internet Etiquetas: ,
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