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La pose, o ignorancia, de usar “open source” en castellano

diciembre 26, 2013 21 comentarios

facepalmAyer comenté por Twitter (y 2, 3, 4, 5, 6, 7) una tontería que leo muy frecuentemente, incluso en artículos de supuestos expertos en el tema: usar el término open source en vez del más sencillo y claro “software libre”. A raíz de mis tuits pude ver la profunda ignorancia que todavía hay sobe las licencias y hasta de la historia básica del tema.

El término software libre nace con el proyecto GNU, entre los años 1983 y 1984, y se definía así al software que cumple con unas condiciones muy claras: libertad para ejecutarlo como quieras, libertad para estudiarlo y modificarlo, libertad para distribuir copias, y libertad para distribuir copias modificadas.

El término “open source” no surge hasta el 3 de febrero de 1998, cuando unas cuantas personas se reúnen en Palo Alto para buscar un término “más adecuado”. Había varias razones:

  • En inglés “free” significa libre y gratis, por lo que siempre había que estar aclarando free as in free speech, not free as in free beer (en castellano se traduciría como “libre como libertad de expresión, no libre como barra libre”).
  • Buscaban un término más amigable para las empresas y el negocio que se avecinaba.
  • Cuestiones ideológicas y manías personales contra la Free Software Foundation y Richard Stallman. Fundamentalmente no compartían la visión y postura ética de RMS, estaban más interesados en minimizar, y mejor desaparecer, su discurso.

Una de las personas que más divulgó y ayudó a establecer el término open source fue Tim O’Reilly, que en abril de 1998 cambió el nombre de la conferencia Freeware summit” a “Open Source Summit. Fue el mismo O’Reilly, en el interés de sus negocios, que se aprovechó de la popularidad del término para empezar a llamar y divulgar con la apostilla “open” a todo lo que se meneaba (así tenemos hasta “open government”). No le ha ido nada mal, se posicionó como el líder espiritual-ideológico-negocios de todo lo relacionado con la palabra.

Como resultado de esa reunión de 1998 se Bruce Perens y Eric Raymond fundaron la Open Software Initiative, que definió las condiciones para que un programa de ordenador sea open source: The Open Source Definition. Estas condiciones fueron inspiradas -casi copiadas literalmente, no en vano Bruce Perens fue uno de sus autores- de las condiciones que debían cumplir los programas para ser considerados libres (Debian Free Software Guidelines) y por lo tanto aptos para ser incluidos en su distribución.

Es decir, dejando de lado las diferencias sobre todo ideológicas y lingüísticas, las licencias de software que cumplen con las condiciones de open source o Debian Free Software son licencias de software libre. Aunque en castellano nunca tuvimos problemas con comprender qué significa “libre” en el contexto de software, y que es totalmente compatible con las definiciones de la FSF, OSI o Debian, se empezó a usar mucho el anglicismo open source. En gran parte se debe al éxito del discurso de Tim O’Reilly (que fue muy criticado por Eben Moglen) y sus wannabe en nuestro país.

Nos encanta la levedad y el discurso fácil, aún así es incomprensible que se reemplace un término que todo el mundo entiende por un anglicismo que sólo ha creado confusión. Mucha gente que me contestó o preguntó en Twitter pensaban cosas muy distintas: que libre era sólo para software gratis (¡¿?!), otros que open source también eran los programas donde se puede ver el código, otros que “software libre” eran solo aquellos que tenían la cláusula copyleft, etc. Es decir, ni siquiera el uso y abuso del open source ha servidor para aclarar el tema, sólo agregó -y sigue- más confusión. Lo cuál no es nada novedoso entre nuestros charlatanes del discurso blandengue y de lecturas en diagonal, pasó exactamente lo mismo con el término copyleft.

Algunos, para intentar arreglar la gilipollez el desaguisado de estar usando un anglicismo en vez del más claro y popular “software libre” intentaron arreglarlo, empezado a llamar “código abierto”. Lo que aumentó aún más la confusión, ¿qué carallo significa el “abierto” en software? Como tampoco aclaraba demasiado, cuando se discutió la definición de software libre en la legislación española se usó “código de fuentes abiertas”, o:

¡Está clarísimo! :roll:

Es decir, algunos empezaron a usar open source como un forma de ser más genérica que software libre, que se incluya también a esos programas que te dejan ver el código (y nada más), lo que es erróneo de acuerdo a la definición original y oficial de open source (¡ei! que no es tan antiguo, todavía no tiene ni 16 años). Otros porque pensaban que era mejor alejarse de los postulados éticos de la Free Software Foundation. Otros porque sonaba más cool y dospuntocero que software libre, ¡si hasta O’Reilly lo usaba en sus conferencias y series de libros! Y otros sencillamente por la costumbre, sin tener muy claro qué significa.

Sea como fuese, no hacía falta y sólo agrega confusión. Así que empezad a llamar a las cosas por su nombre, si habláis de software libre no le llaméis open source, que luego ni los que a autodefinen como gurús entienden muy bien de qué están hablando:

Cuánto mal nos ha hecho el buenrollismo dospuntocerista y sus charlatanes de saraos.

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Cuando el machismo es buenrollista

octubre 5, 2013 8 comentarios

Hace pocas horas, en los comentarios de una pequeña nota en Facebook sobre las magufadas de Punset  me lié en una discusión por lo que consideraba un exceso de sensibilidad y la sobrereacción a frases que mencionen cualquier diferencia entre mujeres y hombres. Pido perdón a Patri Horrillo  (otra vez) por exagerar y forzar la lógica por intentar demostrar mi punto: si a una mujer anti machista le molesta una frase como “a vosotras x”, a un hombre anti machista (los hay, y creo que somos mayoría) nos es mucho más ofensivo que siquiera sugieran que somos machistas. Parece que no se entiende que el repudio al machismo existe en ambos sexos, no sólo entre las mujeres, y que es más ofensivo una acusación ad-hominem que una frase impersonal.

(Por otro lado hay estudios, creo que lo comenta Daniel Kahneman en su libro Think Fast, This Slow, que la imagen como la de Einstein -señor maduro, canoso, cara de bueno, pelo desarreglado- es muy seductor para mujeres, y que por el efecto priming hace que sus opiniones tengan mayor credibilidad. También es una realidad que la audiencia de Punset es mayoritariamente considerablemente femenina [no tengo números objetivos y medidos, por lo que no podría defender lo de "mayoritariamente])

Poco tiempo después ve el siguiente tuit:

alaya

No entendí muy bien qué me quería decir (aunque lo aclaré luego), si era una crítica a mí, o al artículo de Almudena Grandes. Lo leí, y como dije en una respuesta, es vomitivo, por frívolo, falaz y porque repite todos los estereotipos machistas. Quedé alucinado.

Ojo, no la escribió una becaria, o una articulista de revista de modas, sino una “intelectual” reconocida. Según esta intelectual multipremiada, una mujer no puede ser una buena profesional si va siempre bien vestida y con una sonrisa (aunque las imágenes parecen contradecirla, no es para tanto), por ser mujer debe ir con cara somnolienta y mal maquillada y peinada. Para rematar, sólo por su estética [femenina] ya se puede deducir  que es una mala profesional (al punto de servir de argumento para acusarla de prevaricación).

Imaginad que ese artículo lo firme un hombre (o como me dijeron en un tuit, Perez Reverte), o Sostres,  o alguien de Intereconomía, o la mujer de Wert. O imaginad que la profesional protagonista fuese una mujer del PSOE. Se hubiese montado un escándalo.  Si alguien busca machismo hasta debajo de las piedras, éste le está dando hostias en toda la cara. No sé si es que se permite todo cuando la autora va de buenrollista, o que se bajan mucho las defensas cuando se lee a los cercanos ideológicamente, o es que estamos todos ya muy atontados.

En cualquier caso, estamos cada vez más pobres de intelectuales. O quizás ahora me estoy dando cuenta que para ser intelectual no hace falta ser coherente ni pensar demasiado, basta con soltar un discurso para que aplauda tu parroquia aunque se digan burradas que no se admitirían en otros.

(Y ya salgo de esta camisa de once varas, pero es que me encuentro con cada basura en los medios)

Actualización

Como era de esperar, por meterme en camisa de once varas, en Twitter me insultaron y me acusaron de machista (recibí cientos de replies, muchos con insultos). Todavía no sé muy bien cómo funciona esa lógica de criticar a un machismo subyacente -el estándar feminista no se aplica si se trata de una mujer profesional guapa y elegante presuntamente del PP, en este caso parece ser válido usar los peores argumentos machistas para desacreditarla- pero terminar siendo acusado de machista.

Mareaban la perdiz (que si usé la palabra coñazo, o que “doy lecciones”, o que es falaz citar al libro de Kahneman, o que ellos/as no conocen a Punset, que hablo sin tener idea -no sé dónde hay titulación para poder hablar del tema-, alguno hasta metió a Menéame ¿?)… puede ser que no me gane el premio de estilo y humor, pero cuando hacía la pregunta clave ¿estás de acuerdo con el artículo de Almudena Grandes? la respuesta fue el silencio en todos los casos. O más red herring y excusas varias, el caso es que nadie, ninguno, ni uno sólo de los que me criticaron respondió con un sí o un no.

No sé si es feminismo de chichinabo o fanboyerismo partidista que nubla hasta los principios que aseguran tener tan claros. Tiendo a pensar que es lo segundo, pero eso haría también cierto lo primero (también creo que los “principios” deben aplicarse a todas las personas por igual, mujeres y hombres, del PSOE, IU, UPyD o del PP, si no, es un postureo hipócrita y superficial).

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Una crítica a Memecracia

septiembre 18, 2013 4 comentarios

Antes de ayer me enteré que salía el libro Memecracia de Delia Rodriguez. Inmediatamente fui a Amazon.com e hice la compra anticipada de la versión Kindle. Ayer a las 9 de la mañana Amazon ya me había copiado el libro a mi dispositivo, lo devoré entre la tarde y la madrugada. Es un libro delicioso de leer, con mucha información, muchas frases que me daban de aplaudir en la soledad de la sala, y otras que me han decepcionado bastante. Ningún libro es perfecto, y por eso mismo recomiendo este libro (le puse 4 estrellas).

Aunque sólo hablé con ella en persona muy pocas veces, conozco a Delia desde hace tiempo. Me parece una persona muy inteligente, observadora, curiosa, conocedora de las “culturas” dominantes en Internet, y con el punto cínico imprescindible para analizarla y criticarla con humor y acidez. Además es periodista, y con muchísima experiencia (a pesar de su juventud) en medios digitales, por lo que cumple una condición básica que debe tener un buen libro: relatar y teorizar basado en la experiencia propia, salpicado de historias reales.

Por todo lo anterior, mis sesgos personales  para opinar sobre el libro son difíciles de evitar, así que quizás deberíais tomar con un grano de sal mis halagos, y reconocerme el valor de hacer las críticas ;).

En primer lugar, recomiendo leer este libro, y si además estás interesado (¡deberías!) en cómo se informa, manipula y crean “memes”, eslóganes y tendencias culturales en Internet (y medios digitales), es un libro imprescindible.

Lo mejor del libro: la crítica ácida y dura que hace a su propia profesión, estoy seguro que hará que los periodistas -especialmente de medios digitales, inclusive los de su propio medio- se revuelvan en las sillas, y lo lectores a aprender a ser más escépticos hasta de sus propias mentiras. Cuenta cómo los medios se han adaptado a la forma de divulgar información, bulos y memes para conseguir más visitas, y cómo esto -sumado a la crisis económica y del periodismo- hizo que se olvidasen los principios éticos y deontológicos básicos. Tiene algunas frases que son para encuadrar. Para no hacer demasiado spoiler, y no alimentar demasiado mis propios sesgos (muy críticos con el estado del periodismo actual), me limitaré a citar a tres:

[...] Soy periodista y por tanto intento informar a los demás. No hay más mística en ello (o al menos no más de la que existe tras un peluquero que trata de dejar guapos a sus clientes o un médico que busca curar a las personas), pero ocurre que en nuestro oficio estamos haciendo justo lo contrario. Nos hemos convertido en una industria contaminante que lanza vertidos a la sociedad. No somos mejores que una tabaquera o una cadena de comida basura [...] intentamos hacer creer a nuestras víctimas que todo es por su bien.

[...] Y si ese ciudadano es un periodista que debe elegir al momento y en caliente sobre qué informar? La respuesta es evidente y el resultado, que todos estamos fallando. Los medios de comunicación se están transformando en medios de emoción. No somos ciudadanos informados, somos groupies de la información que nos excita; con la que nos alteramos y automedicamos.

[...] Redacciones diminutas servían para mantener el nuevo periodismo de bandera, en el que uno se envuelve porque le gusta cómo se se ve vestido con él [sic]  [...] Las costumbres de la prensa deportiva o del corazón (partidista, sesgada, atractiva, irracional, opinativa, divertida, grupal) se aplicaron con éxito a la política y la sociedad.

Aunque Delia critica a sus pares y su industria, no le dedica demasiadas líneas, de hecho estas críticas están entremezcladas -a menudos aparecen de sorpresa- en una relato y descripción de los bulos y manipulaciones más recientes en Internet, desde el vídeo promocional-viral de una ONG, a los mitos y bulos generados durante el 15M. Aunque no es muy extensa -por razones obvias de espacio-, la selección es adecuada, y el relato de su historia y cuál es la verdad sobre estos hechos es también muy informativa, y relatada de forma agradable.

También hay mucha información sobre las recientes investigaciones de científicos muy reconocidos, como Daniel Kahneman (especialmente de su libro Thinking, Fast and Slow -al que en mi opinión faltan varias referencias en el libro-) y Duncan Watts (especialmente de su libro Everything Is Obvious: How Common Sense Fails Us). En esto también es  bueno el libr, hace un resumen sencillo y digerible de los resultados de estas investigaciones que están cambiando el panorama de la sociología y psicología humana.

Pero aquí comienzan los problemas del libro.

A la par de estos investigadores serios y rigurosos coloca, en un totum revolutum, a otros que rozan la la pseudociencia y autoayuda de libro de aeropuerto (to say the least). Cita bastante, sin la crítica y escepticismo adecuado, a The Tipping Point de Malcolm Gladwell, un libro que tuvo mucho éxito, pero cuyas teorías están puestas en duda (incluso desmentidas por trabajos del propio Duncan Watts) y las que se les critica por ser un agrupamiento superficial y frívolo de ideas y teorías serias para crear un producto de puro marketing, justamente las condiciones de las pseudociencias (estas críticas han sido aún más duras con su libro Blink, leí ambos, el primero es mejor y al menos propone conceptos novedosos y convence fácil a aquellos que leen y contrastan poco, Blink es directamente pseudociencia para autoayuda).

Insiste también, y es una parte sustantiva de las hipótesis del libro, en la teoría de la pirámide de Maslow. Aunque no aparecía como tal en su trabajo “Una teoría para la motivación humana”, se convirtió en un “meme” de Internet. Tampoco fue popularizado por internet, ya en la década de 1950 se empezó a popularizar en las escuelas de negocios, como una forma más “humana” de gestión de empresas y sus empleados. Era una bonita idea, humanista, que rompía con los moldes de la psicología conductista (y abrió el camino para la positivista), pero es una teoría que jamás ha podido tener evidencias que la soporten. De hecho, investigaciones a partir de 1970 ya desmienten que exista ese tipo de categorías definidas -ejemplificada por la pregunta “extrema” ¿qué hay del poeta hambriento?-.

Pero sin duda, lo que menos me ha gustado del libro -aunque es de esperar, el título lo dice- es la generalización al extremo de las ideas de la memética. Ésta está acusada de ser una pseudociencia, de no tener evidencias suficientes, de no aportar nada nuevo, de no predecir nada, y de ser sólo una forma moderna y vendible de llamar a las ideas para así poder usar la terminología y principios de la genética (que por otro lado, es cualidad típica de las pseudociencias).

El uso de la palabra “meme” no me provoca escozor en principio, todos más o menos estaremos de acuerdo en qué es un meme, por ejemplo el “Ola k ase” (explicado en el libro), que sin ser un eslógan (no intenta vender ni convencer de nada) es una frase corta que se popularizó de forma viral y que pasó a ser parte de la cultura de internet. Pero elaborar toda una teoría científica a partir de ello, e intentar explicar la cultura a partir de “frases indivisibles” hay todo un trecho. En el mejor de los casos, le memética todavía no pasa de ser una hipótesis, muy atractiva y vendible, pero que no tiene ni las bases para ser considerada una teoría seria.

Aún peor es cuando se intenta usar las ideas de la memética para explicar hasta cómo se forman las ideas, sesgos y otras taras humanas. Es una gran simplificación, enorme, a la que tampoco veo utilidad. Aunque existan y se pueda elaborar una teoría consistente de memes, no tiene sentido usar esa “unidad básica” para explicar todos los fenómenos que ocurren en capas muchas más complejas. Para hacer un símil informático (nótese la distancia en complejidad con el cerebro, la psicología o neurociencia), es como pretender responder a la pregunta si P es igual a NP con “se trata sólo de seleccionar el orden de los bits o bytes”. O que pretendamos resolver el problema de los bugs en ingeniería informática mediante mecanismos para seleccionar y reordenar los bits de los programas. El problema debe ser atacado en el nivel de complejidad y abstracción adecuado -que involucra desde lenguajes formales de programación de alto nivel  hasta a la psicología humana-, y no simplemente como un problema de organización de sus partes fundamentales.

Pero de eso va el libro, entre las historias e información valiosa que nos relata -deliciosamente-, nos intenta vender la idea de que todo es tratable y solucionable a partir de la manipulación de nuestras “unidades básicas de comunicación”. El ejemplo más notable es al final del libro, cuando da las “recetas” para interpretar mejor a la información^Wmemes [*] que nos llegan. Ese compendio final es una mezcla de buenas y conocidas reglas de escepticismo, junto con reglas típicas de autoayuda. Por ejemplo de habla de seleccionar sólo los buenos memes y descartar los malos, otros autores más kumbayá hablarían de energías positivas y negativas.

[*] El ^W es otro “meme” muy informático, significa “borrar palabra”, por la tradicional combinación de teclas Ctrl+W de las consolas y editores de texto antes de la aparición de las interfaces gráficas ;)

También me llamó la atención esa especie de disociación entre las ideas y ética de Delia con las historias personales de la Delia profesional que relata, casi como si se tratasen de personas diferentes, con valores morales distantes. Por ejemplo, para compensar un pecado frívolo (así lo describe ella), hizo un artículo que recibió más de un millón de visitas: 15 imágenes que deberían hacernos pensar en la ropa que llevamos (FOTOS).

Ella misma explica que empaquetó cuidadosamente las imágenes para lograr la máxima difusión, recurrió sin pudor a las emociones y a la “ingeniería de memes” que tanto critica para lograr calmar su sentimiento de culpa, y de paso lograr millones de visitas (o viceversa, no lo tengo claro). Sin duda aplicó las normas y practicó casi el mismo periodismo que critica en las frases que cité arriba. Tampoco puedo dejar de lado, y ella misma lo cuenta, que el medio en el que es redactora jefa practica extensivamente todas las técnicas de manipulación e “ingeniería de memes” para lograr aumentar las páginas vistas (y es reconocido mundialmente, junto a BuzzFeed, un sitio aún más extremo en estas prácticas).

Es una situación rara, la Delia pensadora critica las prácticas de la Delia redactora, y conviven tan tranquilas. Aunque hay que reconocer la valentía de la conocida Delia redactora en dejar salir del armario a esa Delia de ácida crítica. Como mínimo, es refrescante, simpático y entrañable (si lo miras con empatía).

En resumen:

Un libro que recomiendo, es una pena que os perdáis la información e historias que relata, pero que al mismo tiempo hay que leer con mucho escepticismo. El mismo que Delia propone en la mayor parte del libro, y al que no hizo caso en muchas otras partes -hasta en la idea central del libro-. Pero así es la condición humana, Delia es lista y adorable, no me costó nada perdonarle. Personalmente, y lo que me divirtió, es que lo leí como si todo lo de memes fuese sólo una excusa pomposa para relatar, aclarar y criticar historias y bulos de internet y los medios digitales (muy en línea con otro libro que me encantó, y me hizo cabrear al mismo tiempo:  Trust Me, I’m Lying: Confessions of a Media Manipulator).

Si nos dijesen que es sólo un negocio… (de periodismo)

agosto 25, 2013 20 comentarios

Hoy me enteré que un medio (da igual cuál, no es lo importante) cede una sección de su periódico a una ONG -y grupo de presión- que no se corta un pelo a la hora de manipular información o para recurrir a “expertos” y asociaciones pseudocientíficas cuando les conviene. Me indigné, para mí existe una incompatibilidad muy de fondo entre pretender ser un medio de información veraz y al mismo tiempo ceder una parte de un medio a una asociación que recurre regularmente a la manipulación informativa para conseguir sus fines.

Sí, todos tenemos nuestros sesgos y preferencias ideológicas, pero así como la ciencia está definida básicamente por los mecanismos para evitar y detectar esos sesgos humanos, entiendo que el periodismo debe también usar mecanismos para minimizar esos efectos en la información que dan al público. Es decir, considero que el “periodismo activista” es un oxímoron, tanto como “ciencia religiosa” o “ciencia de izquierdas/derechas”.

Iba a criticarlo públicamente, pero como hay varios amigos y gente a la que respeto me abstuve y pensé en hacer la crítica por una lista de correo privada. Pero al cambiar de ámbito de la crítica, inmediatamente me planteé “¿y quién cojones soy yo para decirles cómo deben llevar su negocio?”, y desistí.

Pero lo seguí pensando, el problema es otro: la brecha entre lo que prometen como profesión (o empresas) y su praxis cotidiana, están “sobreprometiendo” y no cumplen el contrato social que ellos mismos han redactado.

Se describen a sí mismos como una profesión especial, el “cuarto poder” que sirve de control a los otros tres, que es imprescindible para la democracia, que el público necesita información veraz y que ellos la proporcionan basándose en valores éticos-deontológicos que están por encima de cualquier discusión. Pero en la práctica están muy influidos por sus propios intereses económicos-financieros y sesgos realimentados por la propia “redacción”, que no están contrarrestados ni minimizados por procedimientos o herramientas como las desarrolladas por la comunidad científica que, insisto, sufre de los mismos problemas humanos.  Si el periodismo se presentase en sociedad, o al menos explicasen por la bajini (cosa que tampoco hacen), que sólo se trata de ganarse la vida vendiendo información lo entendería y ni me plantearía una crítica por asociar su medio-empresa con una ONG o cualquier grupo de presión o activismo.

El problema es que los propios periodistas (y medios) se sitúan profesionalmente en una posición ética muy elevada pero no cumplen con sus promesas. Y esto que digo no es nada nuevo, hasta las encuestas del CIS lo sitúan entre las profesiones peores valoradas, el público es consciente que están por debajos de los estándares profesionales que ellos mismos han definido y “vendido” como parte de su contrato con la sociedad.

Lo que me lleva a la duda de si lo correcto es criticar cuando no cumplen con sus [propios] estándares, o directamente criticarles por vendernos un contrato imposible de cumplir.

No me gustaría lo segundo, todavía creo que necesitamos al periodismo con unos estándares éticos muy elevados, así que quizás siga criticando por no cumplir sus promesas y contrato social. Eso significa, entre otras cosas, que hay que recordarles no se puede cobijar ni tener negocios conjuntos con asociaciones y grupos cuyos objetivos sean contradictorios con tender a ofrecer información veraz, contrastada, y no manipulada por sesgos e intereses. Aunque la idea y objetivos parezcan loables y humanitarios, no se puede.

El periodismo debería  controlar a esos grupos y asociaciones públicas con el mismo rigor como lo haría con el PP, el Tea Party, o la corona.  Y lo peor que pueden hacer es otorgarles la misma credibilidad y autoridad que deberían tener periodistas y medios de información independientes. Pero al darles espacio, bajo la misma marca que el medio, lo están haciendo. Una pena que esto parezca normal, incluso moralmente deseable.

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‘Hackers’, soldados de una revolución ética… o vender humo con el tecnocentrismo

julio 10, 2013 3 comentarios

Hace unos días, Susana Urrutia me hizo unas preguntas (gracias) para el artículo ‘Hackers’, soldados de una revolución ética que acaba de publicarse. Hizo un resumen adecuado de lo que le había contestado, pero como en el mismo artículo salen otras personas con el mismo discurso tecnocentrista y vendehumos de la palabra “hacker” que critico, pongo a continuación mis respuestas completas a las preguntas de Susana.

¿Qué es un hacker? ¿y la ‘etica hacker’?

Los “hackers”, como se los conoce popularmente, son una especie de subcultura informática (o ingenieril) que se basa en hacer cosas divertidas y diferentes con los programas (u otros objetos). Nació originalmente en el MIT y fue popularizado Steven Levy en su libro “La ética hacker”, donde resumía esa ética en unos cuantos principios: compartir, apertura, descentralización, acceso libre a los ordenadores, mejorar el mundo. Las comunidades de software libre popularizaron aún más el término para referirse a sus mejores programadores, los que eran capaz de producir código o diseños de alta calidad y que los compartían en su comunidad.

Muchas veces se confunde a un “hackers” con los que se dedican a acceder a ordenadores de forma ilegal o no autorizada, a veces llamados “piratas informáticos”, pero no es el origen de la palabra, ni su uso habitual en las comunidades de programadores.

Pekka Himanen afirma  en su libro ‘La ética hacker y el espíritu de la Era de la Información’ que esta es “una nueva moral” que desafía a la ética protestante del trabajo. Concretamente, apunta:

“La ética hacker es una nueva moral que desafía la ética protestante del trabajo, tal como la expuso hace casi un siglo Max Weber en su obra clásica La ética protestante y el espíritu del capitalismo, y que está fundada en la laboriosidad diligente, la aceptación de la rutina, el valor del dinero y la preocupación por la cuenta de resultados. Frente a la
moral presentada por Weber, la ética del trabajo para el hacker se funda en el valor de la creatividad, y consiste en combinar la pasión con la libertad. El dinero deja de ser un valor en sí mismo y el beneficio se cifra en metas como el valor social y el libre acceso, la transparencia y la franqueza”.

¿Estás de acuerdo con estas afirmaciones?

Cuando leí el libro hace años, me entusiasmó al principio, luego me aburrió mucho, y no sé si sería capaz de volver a leerlo. Ya me parece exagerado relacionar directamente el modelo capitalista con una religión, una enorme simplificación. Aún más contraponer, simplificando, una subcultura informática -ideológicamente muy variada- con un modelo socio-económico y la religión al mismo tiempo. Me parece un exceso de simplificación, pura charlatanería. Ni la cultura hacker es tan uniforme (hay renombrados personajes de la “comunidad hacker”, como Eric Raymond, que en España serían considerados de extrema derecha), ni la sociedad es tan simple para intentar explicarla por la contraposición de esa subcultura con un modelo socio-económico.

Himanen menciona la ‘transparencia’ o la accesibilidad (podríamos hablar también de apertura) como valores distintivos de la ética hacker. Valores estos que, junto a otros mil y un veces referidos como la ‘meritocracia’, la cooperación o la horizontalidad, parecen haberse puesto ‘de moda’. Se habla de ‘gobierno abierto’, movimientos sociales abiertos y ‘sin jerarquías’-, OpenData, OpenAccess, licencias ‘abiertas / libres’…

¿Crees que existe un contagio entre los valores / practicas del hacker como figura teórica y el resto de la sociedad? ¿Te parece positivo?

En esto coincido con Morozov, es el “internet centrismo”: lo que es bueno para Internet -o un tipo de tecnología- es bueno para la sociedad, porque sí, y punto. Se ha abusado de estos términos, y se han creado y justificado como si Internet fuese una especie de regalo divino con un fin en sí mismo. Se cae en la justificación circular: si es bueno para Internet, debe ser bueno para la sociedad, y es bueno para lo sociedad porque es bueno para Internet.

El término “open” se popularizó con “open source”, que fue una forma de quitarle la parte filosófica-ética a los planteamientos de Richard Stallman y la Free Software Foundation. A partir de allí se tomó a “open” como algo bueno y sobre el que ni siquiera se pueden plantear dudas. Así llegamos hasta lo moderno, como “open government”, donde nadie es capaz de definirlo claramente, ni sus límites. Otra forma de vender humo, cuando he tenido experiencias personales y directas con políticos y empresarios activistas del “open government” que han sido incapaces de darme información sobre sus negocios con la administración (http://gallir.wordpress.com/2010/07/14/la-hipocresia-de-evangelizar-la-administracion-abierta-y-hacer-todo-lo-contrario/). Una claro ejemplo del uso y abuso de esos “palabros” para engrasar negocios privados.

Por otro lado, el software es muy importante para nuestra sociedad, no hay nada que no dependa de software. Estoy a favor de algunas de las ideas que se exponen como características de la comunidad “hacker”, sobre todo apertura y compartir código y conocimiento. No sé hasta qué punto ha contagiado a toda la sociedad. El software libre (y “open source”) ha sido todo un éxito, y ayudaron a tener una Internet abierta y sin discriminaciones. Pero no estoy seguro que sus valores y características deban ser aplicados a todos los aspectos de nuestra sociedad.

¿Qué valores / prácticas crees que están calando más? (si alguno lo está haciendo)

Desde el punto de vista sesgado de programador, realimentado en la cámara de eco, diría que valores como compartir o intentar mejorar el mundo. Pero seguramente es falso, ni la comunidad “hacker” es tan importante en la sociedad (¿qué porcentaje de la población la conoce?), y estos valores tienen orígenes diversos, desde las antiguas religiones, los movimientos políticos de todas las épocas, hasta las personas que donan sangre cada mes.

No debemos darnos tanta importancia, ya es cansino.

Siguiendo en esta misma línea, el verbo ‘hackear’ parece haber desatado cierta fiebre fuera del contexto puramente técnico. Se habla de ‘hackear la democracia / el periodismo / los movimientos sociales. Se habla de ‘hacktivismo’, ‘hackarquitectos’ y ‘hackabogados’. Todo parece susceptible de ser ‘hackeado’. ¿Cómo lo valoras? ¿Crees que el hacker y su ética son, efectivamente, los iconos de esta ‘Era de la Información’ o estamos ante una burbuja?

Sí, es lo de la cámara de eco que comentaba antes, y las ganas de usar palabros “cool”. Ahora muchos se autodenominan hackers, cuando en mi comunidad hackers es un adjetivo “honorífico” que no se pone uno mismo (como llamarse “soy un excelente programador, además divertido y que quiero mejorar el mundo”), son los demás. Así se abusa de la palabra, pero no es la única, hoy ví lo de 15MP2P, me llevé las manos a la cabeza. Otro ejemplo de usar etiquetas “tecno-cool”, pero lo peor es ese centrismo en la tecnología. ¿Cómo pretender explicar la sociedad por unos protocolos de comunicación? Vaya sobre simplificación más deshumanizadora. La tecnología es creación y resultado de la sociedad, no al revés.

De hecho, cada vez que leo algo que comienza con “hackear algo”, “AlgoP2P”, “empoderar”, “influencers”, “paradigma” o “tecnoactivismo” cambio de lectura rápidamente. Me están vendiendo humo, es un flipadillo que descubrió un palabro nuevo, o no me enseñará nada valioso.

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Un día te dicen…

Un día te dicen que apoyan las energías renovables, al día siguiente están pidiendo desde una manifestación que se mantengan los subsidios al ineficiente y contaminante carbón español.

Un día te dicen que es importante la soberanía en la energía, al día siguiente que se prohíban todas las pruebas con el fracking (aunque les esté yendo muy bien a otros países).

Un día escriben en su blog que el establishment de la ciencia oficial opresora no acepta papers con sus ideas y modelos que solucionarán los problemas económicos del mundo, al otro día se quejan de que el gobierno está matando a la ciencia [oficial opresora].

Un día sacan una declaración que apoyan a la ciencia, al siguiente piden que se no se apliquen más vacunas contra el papiloma, o anuncian que pretenden eliminar los transgénicos en todo Andalucía.

Un día te dicen que obligarán a toda la administración pública a usar software libre, al día siguiente te dicen que los iPad de diputados son una herramienta de trabajo, que los diputados no son la administración pública y que todo es culpa del capitalismo.

Un día exigen que renuncien todos los diputados de los otros partidos -elegidos el mismo día, con el mismo procedimiento y con más votos que ellos- porque no son democráticos, al día siguiente te dicen que su objetivo no es la democracia sino la revolución.

Un día te dicen que hay que revisar toda la política energética del país, que se cometieron desastres, al día siguiente rechazan que se haga una auditoría.

Un día te dicen que los otros partidos son todos iguales de malo, al día siguiente forman gobierno con uno de ellos.

Un dia te dicen que no hay que someterse a “los mercados”, al día siguiente que hay que venderles más deudas y aumentar el déficit.

Un día te dicen que se necesitan bancas públicas para evitar -entre otras cosas- problemas como los desahucios por ejecución de hipoteca, al día siguiente nos enteramos que uno de sus gestores en una Caja [pública] compró un piso desahuciado a un vecino por menor valor que la hipoteca.

Un día nos dicen que lo que hizo un político adversario hace 40 años es insoportable, al siguiente que sus errores de hace 18 fueron cosa de la “cotidianeidad” y del capitalismo.

Por supuesto, los anteriores tienen sesgos y cualquier puede identificar al partido al que hago referencia… lo hago porque alguna vez fui un iluso que los votaba, y porque es la esperanza de muchos jóvenes. Pero se puede extender, fácilmente (demasiado fácilmente, criticar al partido en el gobierno lo hacen todos, ya es muy aburrido por repetitivo y poco original).

Un día te dicen que saben perfectamente las soluciones para este país, al siguiente que no pueden hacer nada contra la realidad y la herencia recibida.

Un día te dicen que la solución es bajar impuestos, al día siguiente que es mejor subirlos porque lo importante es bajar el déficit y cumplir con los acreedores.

Un día te dicen que son ejemplos de transparencia y honestidad, al día siguiente nos enteramos de Bárcenas. Mejor dicho, todavía no nos enteramos.

Un día te dicen que no huirán de dar explicaciones y asumir responsabilidades, al día siguiente tenemos un plasma con ruido blanco.

Un día te dicen que España necesita reformas serias para la liberalización y un cambio de modelo productivo, al día siguiente festejan porque aseguraron 42.000 millones de fondos europeos para seguir manteniendo una agricultura ineficiente y proteccionista (que por otro lado, perjudica a países en desarrollo exportadores).

Un día te dicen que la ciencia y educación es prioritaria, al día siguiente te enteras que están todos el borde la quiebra por los recortes.

Un día te dicen que es fundamental bajar el precio de la energía, al siguiente suben las tarifas.

Podría seguir hablando y extenderlos a otros partidos, por ejemplo el PSOE:

Un día¿eh? (no se enteran todavía ni para qué existen, mucho menos explicar qué han hecho en 7 años de gobierno para prevenir la crisis que han colaborado a generar).

En fin, que venga de donde venga, o son unos ignorantes sin dos neuronas en condiciones para asegurar una mínima coherencia, o nos toman el pelo adrede. Yo creo que hay de los dos, que cada uno elija cómo prefiere seguir siendo engañado y a quién festejar sus eslóganes para seguir engañando. En eso consiste la democracia… o no.

PS: Se trata de “incentivos”,  si la gente festeja y aplaude los eslóganes populistas -¡y los vota!- de soluciones mágicas simplistas se incentiva a que sigan haciendo lo mismo. Pero podéis dormir tranquilos, la culpa es siempre de los otros.

El cinismo no desaparece

En primer lugar y como disclaimer, los que me siguen en Twitter o  Menéame ya deben saber que soy muy cínico (muchas veces) con lo que se dice o hace en Internet. Pero no me explicaba muy bien el porqué, hasta que leí una tontería hace un par de días que me hizo reflexionar.

Hace un momento leí los ataques personales que recibió un blogger por denunciar un plagio (vía Menéame), me recordó los ataques muchos más furiosos que recibí en los últimos 10 años por mi activismo en software libre, mi opiniones en mi blog, y luego por Menéame (tambien por #nolesvotes, desde ser del Bildeberg hasta explotar a trabajadores violando la ley laboral). Algunas de ellas las mencioné en la entrevista en Gizmodo de hace unos días, aunque es incompleta, me limito a copipastear:

Pregunta interesante. ¿Quiénes son esos “trolls de contenido”? ¿Los que me acusaron -abriendo fotos, blogs y hasta canales de Youtube-  de pederasta, de que acosé sexualmente a alumnas, de que robé a la universidad?

¿O los que se crearon muchas cuentas para spamear en Menéame y cuando el sistema les banea escriben en sus blogs que hay censura, que Menéame es una mierda o que recibimos comisiones de otros bloggers?

¿O los rebotados que escriben a la universidad pidiendo que me echen hasta por fomentar las violencias en las aulas?

¿O los twit/blogstars que me acusaron e hicieron campaña por estar dirigiendo una mafia para votarle en contra su broma del día de los inocentes… mientras yo estaba en un restaurante festejando el cumpleaños de mi hija sin enterarme de nada?

¿O periodistas que incluso acusaron de pedófilos y amenazaron con violencia a otros usuarios de Menéame -por votarles negativo una nota- y que luego montan campañas de difamación en su “medio”, o incluso en la web de la COPE.es?

¿O los que me llaman por teléfono para amenazarme porque hay una noticia que critica a su empresa?

(El tema de la acusación de pederasta fue intensa, con emails a todos los medios -me enviaban una copia-, a la Policía, Guardia Civil, me suscribían a foros de pornografía infantil… afortunadamente no tuvo repercusión mediática ni policial -hasta la Policía Nacional (en Barcelona) se puso en contacto para intentar ayudar-, pero tuve que comentarlo en la familia -nunca se sabe qué leyeron los amigos y conocidos-, y provocó muchas penurias, preocupaciones y enorme perplejidad. Algo parecido, aunque de menor importancia, cuando hasta se trató en un Consejo de Gobierno de la Universidad las cartas con falsas acusaciones, o cuando tuve que cerrar mi blog antiguo por otras falsas acusaciones y amenazas del fraudulento Observatorio Español de Internet)

El tema es que hace un par de días leí la entrevista The 9/11 conspiracy theorist who changed his mind. Esta persona apoyaba y era activista de la teoría de la conspiración por el 11S (y algunas más), pero después de participar en un documental de la BBC cambió de opinión y así lo explicó en su canal de Youtube. Como ya es de esperar, recibió todo tipo de ataques, amenazas y acusaciones públicas hasta de ser un pederasta. El patrón se repite una y otra vez, hay gente que cuando le dicen lo que no le gusta y se queda sin argumentos, o cree en conspiraciones, recurre a la difamación por todos los medios. Uno de los grandes problemas de Internet y sus rituales de odio.

Pero lo que más me llamó la atención fue la siguiente frase:

All of which has damaged him. “I don’t have the same love for people as I did,” he says. “I’ve become a misanthrope and I’ve become very cynical. I hope it goes away.

Salvando las distancias, parece que el cinismo es la segunda consecuencia después de la perplejidad. Pero es optimista, me parece que el cinismo no desaparece. Peor, te hace más sensible a la infaltable dosis diaria de ataques a otros, lo que realimenta el cinismo.

Un putada, tot plegat.

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Respuesta al director de Change.org España

febrero 6, 2013 39 comentarios

En lainformacion.com publican unas respuesta de Francisco Polo, director de Change España, que responde a mi apunte crítico anterior. Primero aclararé lo fundamental en temas técnicos, para que quede claro quién habla con pruebas, y quién suelta rollos vacíos intentando desacreditar al otro:

  1. Sí es posible que una persona firme varias veces con correos electrónicos diferentes, sin que se verifique ni que los datos (ni siquiera el código postal) correspondan.
  2. No hay verificación de los datos del formulario, ni siquiera para esos emails que ya tienen cuenta creada en change.org.
  3. No hay verificación de que el email pertenece a la persona que lo pone, y que esa personas tenía la intención de “firmar”.
  4. Sí es sencillo “firmar” automáticamente con un programa.
  5. Aunque creador de la petición recibe la lista (en PDF) de “firmantes” (con los datos falsos y sin especificar el email), y que change.org está en EEUU, argumentan que no pueden hacerla pública por la LOPD. Hay algo que no cuadra ¿no?.

A las pruebas, breves y preparadas sólo para esta respuesta, me remito.

Repito, a las pruebas me remito.

Actualización (Feb 7, 10 hs): Por el comentario de Carles Mateu, he modificado el bot, y he logrado cientos de “firmas válidas” y confirmadas con una única dirección de email (desde ayer no puedo acceder a change.org desde la IP de casa, han puesto mis peticiones de prueba con captcha, y eliminaron esas firmas con gallir+xxxx, espero que sea porque solucionaron este problema en general).

Creo que son bastante claras: un programa que demuestra los 5 puntos anteriores (que ya había explicado en el apunte anterior). Solo puede negar estos hechos alguien que ni siquiera conoce en profundidad el funcionamiento técnica de la plataforma, no le interesa averiguar, y que se intente ocultar los serios problemas de poner un sistema de “firmas” en Internet (que no hace el mínimo de verificaciones para asegurarse por lo menos que la dirección de email es de la persona que lo puso. Un requerimiento básico).

Ahora paso a contestar cada una de las respuestas relevantes de Francisco Polo.

Ahora bien, si vuelves a poner todos tus datos, la plataforma te ‘loguea’.

No sé qué explica esto, pero tampoco funciona así, si no sería un problema de seguridad. Podéis probar que sucede “firmando” con mi email -por ejemplo-, os saldrá mi avatar (¿?), pero no estáis logueados con mi usuario.

 Una petición no se puede firmar dos veces, ni tres, ni cuatro con el mismo correo. Con lo cual, lo que se ha dicho este fin de semana es falso.

Falso, demostrado arriba. Y en el apunte anterior, no se hablaba de correos duplicados, sino de la misma persona con correos diferentes, y de hacerlo con programas. El primer programa con el que hice esas primeras generaba -adrede- direcciones muy poco probables agregando un número de varias cifras (más de 4) al final sólo para evitar llenar de “spam” a la gente que le coincidiera la dirección de email. Es muy fácil que coincidan direcciones como josemaria en gmail.com o mariagarcia en hotmail.com, o imaginaros que tuviese a disposición una lista de emails… no es nada complicado, también se compran, o se obtienen de “tu empresa”.

En este terreno nosotros tenemos un sistema de detección automática de ataques de spam. Cuando nuestro sistema aprecia que hay unas firmas de carácter continuado, generalmente desde una misma IP y siguiendo un patrón definido, lo detecta y las retira. Además tenemos sistemas manuales de comprobación. Comprobamos que no haya correos electrónicos extraños, o similares a los que utilizan para hacer ataques de spam, muchas firmas desde una misma dirección IP, etc. De hecho, en peticiones con tanto flujo mediático como puede ser la de la petición de la dimisión del PP, lo hemos pedido.  La respuesta de la comprobación manual fue que no había ningún indicio de ataque de spam. Con la mayor de las probabilidades podemos afirmar que las firmas que hay en esa petición son fidedignas.

El 100% de las peticiones de arriba no son “fidedignas”, además de demostrar que una persona puede firmar con muchos emails diferentes, como si fuesen “personas diferentes”, y que cuentan en el final. Tampoco hubo intervención manual, y no sé cuánto personal tienen para analizar cientos de miles de firmas.

En el caso de esta petición, hay “firmas fraudulentas”, la mía y de varias personas, pero siguen allí, y sin dar explicaciones. Responde como si estos casos no existiesen, roza el absurdo.

Nosotros no buscamos iniciar un proceso jurídico.

Ya, pero no se privan de contactar a todos los medios y agencias de noticias con titulares como Más de 700.000 personas firmaron la petición. Nadie firmó nada, y ni siquiera se puede asegurar que fueron todas “personas”, ni que los propietarios de las cuentas de correo siquiera hayan oído hablar de la petición.

Nosotros lo que hacemos es que después de firmar una petición el sistema te envía un correo electrónico de agradecimiento por firmar la petición. Si este correo se envía a una dirección inexistente, el mail rebota. Por lo que, entre cinco minutos y dos horas, esa firma falsa se retira.

Demostrado que se pueden usar emails diferentes, que son fáciles de generar “emails válidos” (imaginad que saque la lista de emails de mi buzón de entrada, puedo generar decenas de miles de “firmas válidas” en poco tiempo usando TOR (el ejemplo de arriba usa TOR, y ni detectan que sean IPs de TOR).

En el corro que envían tampoco hay un enlace para eliminar la “firma” de esa petición, solo para “anular” tu email (como creo que me pasó con gallir en uib.es del ejemplo).

En el caso de que tú introdujeras por ejemplo 20 correos electrónicos de gente que existe nosotros realizamos una comprobación manual y podemos ver que esos correos electrónicos provienen de la misma IP, entonces los retiramos. En el caso de que una persona firme por ti,

No lo he visto, ni explican cómo lo hacen, ni cuantas IPs diferentes tienen, por ejemplo, en sus peticiones más populares.

estamos ante un caso de “suplantación de la identidad”, algo que puede ocurrir en Twitter, Facebook… y que a nosotros nos ha pasado en un puñado de ocasiones desde la existencia de Change.org.

Ahora la culpa es de los demás, no de la debilidad de sus sistema de votos, diseñado específicamente para minimizar la “resistencia”, por lo que se fomenta este tipo acciones, que afortunadamente -¡oh, casualidad!- hacen subir los contadores. Además, no es suplantación de identidad, ni tiene nada que ver con Twitter o Facebook: se pueden poner datos falsos, y nunca hubo que confirmar ni un correo electrónico (como hacen todas las plataformas “serias”, desde Facebook hasta oiga.me).

Cuando eso ha ocurrido la persona se pone en contacto con nosotros y lo que hacemos es comprobar qué ha pasado. Si ha sido una verdadera suplantación, ayudamos a esa persona a hacer todas las comprobaciones y retiramos su firma. En el caso de que esa persona quisiera poner una querella contra quien ha suplantado su identidad, nosotros como cualquier otra organización, colaboraríamos con la justicia para esclarecer el caso.

Falso otra vez.

Todo esto comenzó porque detecté que usaron mi email para firmar la “famosa” petición al PP, es público, me respondieron (con excusas por Twitter y Google+), y me está respondiendo su director en un medio de comunicación. Pero no se pusieron en contacto conmigo para informarme nada de lo que había pasado, ni sé quién, dónde o cómo firmaron “en mi nombre” (esa y las demás que usaron también mi email). Otras personas también se quejaron de lo mismo, no he visto tampoco ninguna explicación sobre esas firmas falsas. Como si nunca hubiese ocurrido… exigen transparencia pero no dan ningún dato real, sólo excusas en el aire.

Si no tienes idea de la técnica, no publiques excusas tontas para desacreditar a un programador que te está indicando los problemas que tienes. No vaya a ser que se rebote y haga el programa para demostrarlo. En serio, es ridículo, y desperdiciamos tiempo todos.

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“Firmas” falsas, falta de transparencia y controles en change.org, pero mucho autobombo

febrero 4, 2013 31 comentarios

ActualizaciónRespuesta al director de Change.org España

Hace dos días me quejé públicamente de que en change.org cuentan como que “firmé” peticiones aunque no lo había hecho, incluso la tan mediática del millón de firmas por la dimisión de la cúpula del PP. En el blog Ciencias y cosas recogieron esa info y la ampliaron con más casos. En vez de reconocer el problema, me acusaron de mentir y no comprobar antes de acusar, por lo que hice un vídeo demostrando lo fácil que era. Aún así, responsables de comunicación de change.org España negaban lo evidente y ponían excusas ridículas, llegando a decir que hay que confiar en la honestidad de los usuarios, y que tiene medidas de seguridad para evitar las firmas falsas.

A pesar de lo expuesto, sigo apareciendo como firmante en peticiones que nunca firmé (de todas en la que aparezco como firmante, sólo voté la primera, de hace más de un año, por la ley de transparencia) sin que haya un mínimo control, y a pesar de que tengo usuario creado (por lo que el control es más sencillo, exigir que esté autentificado). Responsables de change.org España reconocieron que es un problema, que “alguien votó por mí” (aunque otros llegaron a decir que “tengo problemas de seguridad con mi email” [sic]), pero ante la petición que hagan pública la lista de votante  la respuesta fue que no les permite la LOPD. Podría ser, pero en ese caso tampoco deberían pasar, como hacen, la lista al que inició una petición. No es de la empresa, es un tercero sin relación, y aún así accede a los datos.

Es ridículo lo de exigir transparencia y no cumplirla. Es ridículo saber que se pueden hacer trampas de forma tan sencilla, y aún así seguir saliendo en los medios asegurando que “más de 700.000 personas firmaron” cuando:

  • No es ninguna “firma”.
  • No se hacen controles para minimizar los abusos.
  • Hay evidencias de que hay “firmas” falsas, y lo reconocen (con la boca pequeña).
  • No hay el mínimo de transparencia, ni en el código ni en la lista de “firmantes”, en un sitio que presume de acciones éticas.

Están engañando deliberadamente.

A pesar de ello, no se hizo nada, ni se dieron respuestas. Ayer domingo me puse a trabajar analizando los controles que hacen en la web al momento de “firmar” una petición. El resultado fue un bot que publiqué anoche, que es capaz de firmar decenas de veces por minuto (sólo depende de la red y velocidad de servidores, en el ejemplo puse un retraso deliberado, para no sobrecargar los servidorees de change.org). Cuando lo publiqué había llegado a casi 100 votos de una petición “de prueba” en pocos minutos, inmediatamente empezaron a reducirse, no sé si por los controles “a posteriori” (aunque el contador ya se había incrementado). Luego hice pruebas con otra petición (creada por Alejandra Ventura), y se llegó al objetivo rápidamente, desde una instancia de Amazon en Irlanda.

Es decir, se pueden hacer trampas fácilmente, por el propio diseño e implementación de change.org. Ellos lo saben perfectamente, aunque lo nieguen en público, hay suficientes evidencias,  se niegan a ser transparentes poniendo como excusa la LOPD (que es razonable) al mismo tiempo que se contradicen permitiendo que un tercero baja la lista completa en PDF, pero no cesan en el autobombo y ruido mediático hablando de “personas que han firmado”.

Si exiges transparencia y ética, comienza por dar el ejemplo. Sobre todo si ya hay personas que se están quejando de sus “firmas” fraudulentas, y tu negocio se basa en hacerte publicidad con titulares mediáticos gracias a  la indignación y desgracias de los demás.

Tampoco vale lo de justificar mentiras y trampas porque el objetivo de las campañas son peores, no puedes ir exigiendo ética, responsabilidad y transparencia con métodos que se saltan las tres. Por otro lado, como dice Nicholas Taleb:

Si ves fraude y no le llamas fraude, eres un fraude.

Y yo no quiero este tipo de “periodismo” en la radio pública

enero 21, 2013 6 comentarios

El colectivo “twittero” @SalvemosRNE, presuntamente formado por trabajadores de RNE, se dedica a denunciar presuntas manipulaciones desde su cuenta anónima de Twitter. Hoy publicaron una carta anónima De trabajadores a ciudadanos (también en periodismo para periodistas, por si hacen falta contradicciones). En ella hacen acusaciones graves a la dirección de RNE, critican la falta de profesionalidad, debate, críticas, y hasta aseguran saber que están siendo el hazmerreír.

Vale, bien, pero el problema es el mismo que ellos reconocen:

Como periodistas que defendemos la transparencia lamentamos tener que empezar de forma anónima, pero eso cambiará.

La enorme contradicción de esa frase resume muy bien el porqué son el hazmerreír.

Unos señores que se presentan como periodistas solicitan ayuda a los ciudadanos para defender a su empresa (pública), pero no se atreven a firmar ni decir quiénes son. Unos periodistas que dicen saber cómo hacer una radio crítica y profesional hacen acusaciones graves contra directivos de su empresa (pública), pero sin citar ningún nombre, ni de acusados ni de los críticos. Periodistas que reclaman transparencia y valentía, que no son capaces de decir quiénes son, ni siquiera cuántos.

¿De verdad saben qué es periodismo? ¿Creen que existe el periodismo crítico sin ningún riesgo y sólo de palmaditas en la espalda? ¿O es la moda de la rebeldía anónima para no tener problemas en su trabajo ni arriesgar su nómina?

Es muy habitual tener problemas con su empleador, yo mismo lo he tenido. Hice críticas a mi universidad cuando era mi única fuente de ingresos y tenía que mantener a una familia con esos únicos ingresos (y sin otros familiares que me sirviesen de colchón familiar). Me acarrearon muchos problemas y pedidos de “despido” y “expediente”, incluso por parte de altas autoridades. Lo pasé muy mal, pero si critiqué es porque creía que era lo que tocaba, y nunca lo hice de forma anónima, a pesar de que no estudié (ni pretendo hacer) “periodismo crítico”, ni mucho menos ser el héroe de la disidencia.

Pero ahora tengo que ver, una vez más, señores que dicen apostar por la transparencia y profesionalidad del periodismo en su medio, que piden ayuda para lograrlo, publicando acusaciones graves desde la comodidad del anonimato. Muy profesional. Siendo así, no quiero este tipo de “periodistas” en una radio pública, ni quiero un medio público gestionada por este tipo de periodistas que en vez de decir las cosas claras y de frente -tienen los medios-, se dedican a la agitación anónima.

Si quieren provocar los cambios tan necesarios, deberían empezar por cambiar ellos y dar ejemplo de coherencia de lo que demandan, desde el minuto cero (y no lanzar globos sondas antes, para ver qué pasa).

PS: Lo más triste es que lo que dicen defender a un periodismo de calidad en la radio pública -periodistas incluidos- no sólo no critican estas contradicciones tan poco profesionales, la festejan. Es de locos.

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