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No, la falta de rigurosidad no es inocua

octubre 11, 2013 9 comentarios

Leer libros o escuchar conferencias “inspiradoras” y nada rigurosos generan varios problemas:

1. Te hacen creer cosas que no son ciertas, tu cerebro se alimenta de más mitos, bulos y falsas “leyes sociales” como si fuesen equivalentes a  una “ley física”.

2. Crea falsas ilusiones, que a la larga puede producir desasosiego “si los demás pueden y yo no, soy yo el problema” (eso que acabo de citar, según muchos estudios, es la causa fundamental de suicidios, cuyas tasas más altas se dan en países más ricos).

3. Normalmente sobresimplifican la enorme complejidad de nuestra sociedad, incluyendo la política, economía, negocios y relaciones sociales. No podemos asumir que el mundo no esté bajo nuestro control.

4. El tiempo (y dinero) que le dedicas es tiempo (y dinero) que no podrás dedicar a leer o informarte de los problemas reales, de la complejidad, diversidad, y de los verdaderos desafíos como sociedad.

5. Como te ha “emocionado”, colaboras en divulgar aún más esas falsas leyes, creencias, mitos y bulos. Luego es cada vez más difícil deshacer esa desinformación. De hecho, acaban en modelos de negocios rentables, ¿hablamos de TED y sobre todo de TEDx y sus grandes simplificaciones -por diseño- inspiradoras?.

6. La ciencia te dirá que no es así, que no hay datos que lo fundamenten, que el tema es más complejo, etc. Acabarás creyendo que la ciencia no te ayuda, sino esos que “saben escribir historias humanas que realmente interesan y ayudan a las personas”.

7. Como escribir historias “inspiradoras” atrae a muchos lectores -cada vez menos críticos-, se convierte en un negocio jugoso. Así es como estamos siendo bombardeados de tantos libros “inspiradores” y de autoayuda. Además nos dedicamos a repetir sus ideas resumidas en frases cortas e “inspiradoras”, así es como los eslóganes estúpidos tienen tanto éxito en las redes sociales.

8. Acabarás creyendo que el pensamiento crítico es malo, que no ayuda -incluso que es malo- al bienestar personal.

Así es como ayudamos a tener una sociedad que hasta cuando se discute de una ley educativa no escuchamos a los investigadores ni estudiosos del tema, sólo a políticos que en el mejor de los casos antes han sido tertulianos dedicados también a la sobresimplificación de los problemas. Y cuando nos damos cuenta de esto, sólo se nos ocurre mejor idea que culpar de todo a los demás (políticos, medios… votantes del partido contrario).

Luego nos preguntamos por qué no tenemos intelectuales “científicos”, por qué en otros países hacen mejor ciencia, por qué somos incapaces de resolver problemas reales más complejos, por qué leemos tanta manipulación en los medios, por qué leemos y escuchamos tantas tonterías de políticos, tertulianos y fanboys.

Todas nuestras “transacciones sociales” tienen efectos en la sociedad, ésta es la suma de miles de millones de “transacciones” diarias. Que no te hagan creer que leer libros de este tipo es sólo “entretenimiento”, que no hace daño. No es así, no son inocuos, sobre todo si tienen grandes audiencias.

¿Sólo soy yo que ya casi no ve diferencias entre la religión y sus liturgias inspiradoras con los libros y conferencias ídem? Porque si lo importante es la “inspiración”, las religiones e iglesias ya lo han descubierto hace miles de años. Ahora replicamos el modelo, con nuestros propios mitos, becerros, mandamientos, pecadores, santos, discípulos, paraísos e infiernos imaginarios.

No, no es inocuo. Ni nuevo.

Una de arena

Te obsequio con una charla TED inspiradora, rigurosa, graciosa y educativa, cada vez menos frecuente en TED y sus franquicias.

Cuando el machismo es buenrollista

octubre 5, 2013 8 comentarios

Hace pocas horas, en los comentarios de una pequeña nota en Facebook sobre las magufadas de Punset  me lié en una discusión por lo que consideraba un exceso de sensibilidad y la sobrereacción a frases que mencionen cualquier diferencia entre mujeres y hombres. Pido perdón a Patri Horrillo  (otra vez) por exagerar y forzar la lógica por intentar demostrar mi punto: si a una mujer anti machista le molesta una frase como “a vosotras x”, a un hombre anti machista (los hay, y creo que somos mayoría) nos es mucho más ofensivo que siquiera sugieran que somos machistas. Parece que no se entiende que el repudio al machismo existe en ambos sexos, no sólo entre las mujeres, y que es más ofensivo una acusación ad-hominem que una frase impersonal.

(Por otro lado hay estudios, creo que lo comenta Daniel Kahneman en su libro Think Fast, This Slow, que la imagen como la de Einstein -señor maduro, canoso, cara de bueno, pelo desarreglado- es muy seductor para mujeres, y que por el efecto priming hace que sus opiniones tengan mayor credibilidad. También es una realidad que la audiencia de Punset es mayoritariamente considerablemente femenina [no tengo números objetivos y medidos, por lo que no podría defender lo de "mayoritariamente])

Poco tiempo después ve el siguiente tuit:

alaya

No entendí muy bien qué me quería decir (aunque lo aclaré luego), si era una crítica a mí, o al artículo de Almudena Grandes. Lo leí, y como dije en una respuesta, es vomitivo, por frívolo, falaz y porque repite todos los estereotipos machistas. Quedé alucinado.

Ojo, no la escribió una becaria, o una articulista de revista de modas, sino una “intelectual” reconocida. Según esta intelectual multipremiada, una mujer no puede ser una buena profesional si va siempre bien vestida y con una sonrisa (aunque las imágenes parecen contradecirla, no es para tanto), por ser mujer debe ir con cara somnolienta y mal maquillada y peinada. Para rematar, sólo por su estética [femenina] ya se puede deducir  que es una mala profesional (al punto de servir de argumento para acusarla de prevaricación).

Imaginad que ese artículo lo firme un hombre (o como me dijeron en un tuit, Perez Reverte), o Sostres,  o alguien de Intereconomía, o la mujer de Wert. O imaginad que la profesional protagonista fuese una mujer del PSOE. Se hubiese montado un escándalo.  Si alguien busca machismo hasta debajo de las piedras, éste le está dando hostias en toda la cara. No sé si es que se permite todo cuando la autora va de buenrollista, o que se bajan mucho las defensas cuando se lee a los cercanos ideológicamente, o es que estamos todos ya muy atontados.

En cualquier caso, estamos cada vez más pobres de intelectuales. O quizás ahora me estoy dando cuenta que para ser intelectual no hace falta ser coherente ni pensar demasiado, basta con soltar un discurso para que aplauda tu parroquia aunque se digan burradas que no se admitirían en otros.

(Y ya salgo de esta camisa de once varas, pero es que me encuentro con cada basura en los medios)

Actualización

Como era de esperar, por meterme en camisa de once varas, en Twitter me insultaron y me acusaron de machista (recibí cientos de replies, muchos con insultos). Todavía no sé muy bien cómo funciona esa lógica de criticar a un machismo subyacente -el estándar feminista no se aplica si se trata de una mujer profesional guapa y elegante presuntamente del PP, en este caso parece ser válido usar los peores argumentos machistas para desacreditarla- pero terminar siendo acusado de machista.

Mareaban la perdiz (que si usé la palabra coñazo, o que “doy lecciones”, o que es falaz citar al libro de Kahneman, o que ellos/as no conocen a Punset, que hablo sin tener idea -no sé dónde hay titulación para poder hablar del tema-, alguno hasta metió a Menéame ¿?)… puede ser que no me gane el premio de estilo y humor, pero cuando hacía la pregunta clave ¿estás de acuerdo con el artículo de Almudena Grandes? la respuesta fue el silencio en todos los casos. O más red herring y excusas varias, el caso es que nadie, ninguno, ni uno sólo de los que me criticaron respondió con un sí o un no.

No sé si es feminismo de chichinabo o fanboyerismo partidista que nubla hasta los principios que aseguran tener tan claros. Tiendo a pensar que es lo segundo, pero eso haría también cierto lo primero (también creo que los “principios” deben aplicarse a todas las personas por igual, mujeres y hombres, del PSOE, IU, UPyD o del PP, si no, es un postureo hipócrita y superficial).

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Una crítica a Memecracia

septiembre 18, 2013 4 comentarios

Antes de ayer me enteré que salía el libro Memecracia de Delia Rodriguez. Inmediatamente fui a Amazon.com e hice la compra anticipada de la versión Kindle. Ayer a las 9 de la mañana Amazon ya me había copiado el libro a mi dispositivo, lo devoré entre la tarde y la madrugada. Es un libro delicioso de leer, con mucha información, muchas frases que me daban de aplaudir en la soledad de la sala, y otras que me han decepcionado bastante. Ningún libro es perfecto, y por eso mismo recomiendo este libro (le puse 4 estrellas).

Aunque sólo hablé con ella en persona muy pocas veces, conozco a Delia desde hace tiempo. Me parece una persona muy inteligente, observadora, curiosa, conocedora de las “culturas” dominantes en Internet, y con el punto cínico imprescindible para analizarla y criticarla con humor y acidez. Además es periodista, y con muchísima experiencia (a pesar de su juventud) en medios digitales, por lo que cumple una condición básica que debe tener un buen libro: relatar y teorizar basado en la experiencia propia, salpicado de historias reales.

Por todo lo anterior, mis sesgos personales  para opinar sobre el libro son difíciles de evitar, así que quizás deberíais tomar con un grano de sal mis halagos, y reconocerme el valor de hacer las críticas ;).

En primer lugar, recomiendo leer este libro, y si además estás interesado (¡deberías!) en cómo se informa, manipula y crean “memes”, eslóganes y tendencias culturales en Internet (y medios digitales), es un libro imprescindible.

Lo mejor del libro: la crítica ácida y dura que hace a su propia profesión, estoy seguro que hará que los periodistas -especialmente de medios digitales, inclusive los de su propio medio- se revuelvan en las sillas, y lo lectores a aprender a ser más escépticos hasta de sus propias mentiras. Cuenta cómo los medios se han adaptado a la forma de divulgar información, bulos y memes para conseguir más visitas, y cómo esto -sumado a la crisis económica y del periodismo- hizo que se olvidasen los principios éticos y deontológicos básicos. Tiene algunas frases que son para encuadrar. Para no hacer demasiado spoiler, y no alimentar demasiado mis propios sesgos (muy críticos con el estado del periodismo actual), me limitaré a citar a tres:

[...] Soy periodista y por tanto intento informar a los demás. No hay más mística en ello (o al menos no más de la que existe tras un peluquero que trata de dejar guapos a sus clientes o un médico que busca curar a las personas), pero ocurre que en nuestro oficio estamos haciendo justo lo contrario. Nos hemos convertido en una industria contaminante que lanza vertidos a la sociedad. No somos mejores que una tabaquera o una cadena de comida basura [...] intentamos hacer creer a nuestras víctimas que todo es por su bien.

[...] Y si ese ciudadano es un periodista que debe elegir al momento y en caliente sobre qué informar? La respuesta es evidente y el resultado, que todos estamos fallando. Los medios de comunicación se están transformando en medios de emoción. No somos ciudadanos informados, somos groupies de la información que nos excita; con la que nos alteramos y automedicamos.

[...] Redacciones diminutas servían para mantener el nuevo periodismo de bandera, en el que uno se envuelve porque le gusta cómo se se ve vestido con él [sic]  [...] Las costumbres de la prensa deportiva o del corazón (partidista, sesgada, atractiva, irracional, opinativa, divertida, grupal) se aplicaron con éxito a la política y la sociedad.

Aunque Delia critica a sus pares y su industria, no le dedica demasiadas líneas, de hecho estas críticas están entremezcladas -a menudos aparecen de sorpresa- en una relato y descripción de los bulos y manipulaciones más recientes en Internet, desde el vídeo promocional-viral de una ONG, a los mitos y bulos generados durante el 15M. Aunque no es muy extensa -por razones obvias de espacio-, la selección es adecuada, y el relato de su historia y cuál es la verdad sobre estos hechos es también muy informativa, y relatada de forma agradable.

También hay mucha información sobre las recientes investigaciones de científicos muy reconocidos, como Daniel Kahneman (especialmente de su libro Thinking, Fast and Slow -al que en mi opinión faltan varias referencias en el libro-) y Duncan Watts (especialmente de su libro Everything Is Obvious: How Common Sense Fails Us). En esto también es  bueno el libr, hace un resumen sencillo y digerible de los resultados de estas investigaciones que están cambiando el panorama de la sociología y psicología humana.

Pero aquí comienzan los problemas del libro.

A la par de estos investigadores serios y rigurosos coloca, en un totum revolutum, a otros que rozan la la pseudociencia y autoayuda de libro de aeropuerto (to say the least). Cita bastante, sin la crítica y escepticismo adecuado, a The Tipping Point de Malcolm Gladwell, un libro que tuvo mucho éxito, pero cuyas teorías están puestas en duda (incluso desmentidas por trabajos del propio Duncan Watts) y las que se les critica por ser un agrupamiento superficial y frívolo de ideas y teorías serias para crear un producto de puro marketing, justamente las condiciones de las pseudociencias (estas críticas han sido aún más duras con su libro Blink, leí ambos, el primero es mejor y al menos propone conceptos novedosos y convence fácil a aquellos que leen y contrastan poco, Blink es directamente pseudociencia para autoayuda).

Insiste también, y es una parte sustantiva de las hipótesis del libro, en la teoría de la pirámide de Maslow. Aunque no aparecía como tal en su trabajo “Una teoría para la motivación humana”, se convirtió en un “meme” de Internet. Tampoco fue popularizado por internet, ya en la década de 1950 se empezó a popularizar en las escuelas de negocios, como una forma más “humana” de gestión de empresas y sus empleados. Era una bonita idea, humanista, que rompía con los moldes de la psicología conductista (y abrió el camino para la positivista), pero es una teoría que jamás ha podido tener evidencias que la soporten. De hecho, investigaciones a partir de 1970 ya desmienten que exista ese tipo de categorías definidas -ejemplificada por la pregunta “extrema” ¿qué hay del poeta hambriento?-.

Pero sin duda, lo que menos me ha gustado del libro -aunque es de esperar, el título lo dice- es la generalización al extremo de las ideas de la memética. Ésta está acusada de ser una pseudociencia, de no tener evidencias suficientes, de no aportar nada nuevo, de no predecir nada, y de ser sólo una forma moderna y vendible de llamar a las ideas para así poder usar la terminología y principios de la genética (que por otro lado, es cualidad típica de las pseudociencias).

El uso de la palabra “meme” no me provoca escozor en principio, todos más o menos estaremos de acuerdo en qué es un meme, por ejemplo el “Ola k ase” (explicado en el libro), que sin ser un eslógan (no intenta vender ni convencer de nada) es una frase corta que se popularizó de forma viral y que pasó a ser parte de la cultura de internet. Pero elaborar toda una teoría científica a partir de ello, e intentar explicar la cultura a partir de “frases indivisibles” hay todo un trecho. En el mejor de los casos, le memética todavía no pasa de ser una hipótesis, muy atractiva y vendible, pero que no tiene ni las bases para ser considerada una teoría seria.

Aún peor es cuando se intenta usar las ideas de la memética para explicar hasta cómo se forman las ideas, sesgos y otras taras humanas. Es una gran simplificación, enorme, a la que tampoco veo utilidad. Aunque existan y se pueda elaborar una teoría consistente de memes, no tiene sentido usar esa “unidad básica” para explicar todos los fenómenos que ocurren en capas muchas más complejas. Para hacer un símil informático (nótese la distancia en complejidad con el cerebro, la psicología o neurociencia), es como pretender responder a la pregunta si P es igual a NP con “se trata sólo de seleccionar el orden de los bits o bytes”. O que pretendamos resolver el problema de los bugs en ingeniería informática mediante mecanismos para seleccionar y reordenar los bits de los programas. El problema debe ser atacado en el nivel de complejidad y abstracción adecuado -que involucra desde lenguajes formales de programación de alto nivel  hasta a la psicología humana-, y no simplemente como un problema de organización de sus partes fundamentales.

Pero de eso va el libro, entre las historias e información valiosa que nos relata -deliciosamente-, nos intenta vender la idea de que todo es tratable y solucionable a partir de la manipulación de nuestras “unidades básicas de comunicación”. El ejemplo más notable es al final del libro, cuando da las “recetas” para interpretar mejor a la información^Wmemes [*] que nos llegan. Ese compendio final es una mezcla de buenas y conocidas reglas de escepticismo, junto con reglas típicas de autoayuda. Por ejemplo de habla de seleccionar sólo los buenos memes y descartar los malos, otros autores más kumbayá hablarían de energías positivas y negativas.

[*] El ^W es otro “meme” muy informático, significa “borrar palabra”, por la tradicional combinación de teclas Ctrl+W de las consolas y editores de texto antes de la aparición de las interfaces gráficas ;)

También me llamó la atención esa especie de disociación entre las ideas y ética de Delia con las historias personales de la Delia profesional que relata, casi como si se tratasen de personas diferentes, con valores morales distantes. Por ejemplo, para compensar un pecado frívolo (así lo describe ella), hizo un artículo que recibió más de un millón de visitas: 15 imágenes que deberían hacernos pensar en la ropa que llevamos (FOTOS).

Ella misma explica que empaquetó cuidadosamente las imágenes para lograr la máxima difusión, recurrió sin pudor a las emociones y a la “ingeniería de memes” que tanto critica para lograr calmar su sentimiento de culpa, y de paso lograr millones de visitas (o viceversa, no lo tengo claro). Sin duda aplicó las normas y practicó casi el mismo periodismo que critica en las frases que cité arriba. Tampoco puedo dejar de lado, y ella misma lo cuenta, que el medio en el que es redactora jefa practica extensivamente todas las técnicas de manipulación e “ingeniería de memes” para lograr aumentar las páginas vistas (y es reconocido mundialmente, junto a BuzzFeed, un sitio aún más extremo en estas prácticas).

Es una situación rara, la Delia pensadora critica las prácticas de la Delia redactora, y conviven tan tranquilas. Aunque hay que reconocer la valentía de la conocida Delia redactora en dejar salir del armario a esa Delia de ácida crítica. Como mínimo, es refrescante, simpático y entrañable (si lo miras con empatía).

En resumen:

Un libro que recomiendo, es una pena que os perdáis la información e historias que relata, pero que al mismo tiempo hay que leer con mucho escepticismo. El mismo que Delia propone en la mayor parte del libro, y al que no hizo caso en muchas otras partes -hasta en la idea central del libro-. Pero así es la condición humana, Delia es lista y adorable, no me costó nada perdonarle. Personalmente, y lo que me divirtió, es que lo leí como si todo lo de memes fuese sólo una excusa pomposa para relatar, aclarar y criticar historias y bulos de internet y los medios digitales (muy en línea con otro libro que me encantó, y me hizo cabrear al mismo tiempo:  Trust Me, I’m Lying: Confessions of a Media Manipulator).

Un decálogo para evitar sobresimplificaciones bobas en las redes sociales

junio 21, 2013 7 comentarios

Mis últimos apuntes comparten una característica: son críticos con la magufería, el usar estadísticas o “big data” de forma incorrecta, en la divulgación de bulos y noticias falsas. A ello se suma que ayer fueron los 10 años de Magonia y le dediqué 100 palabras la razón… y la complejidad. Quizás esté obsesionado o sensible con el tema, ya lo sé, no me lo digáis ;)

BNOjsBKCMAAjteULa cuestión es que anoche en Twitter volví a ver un tuit de esos que casi me saca los ojos de las órbitas de tanto girarlos. Era uno con una gráfica cutre del salario mínimo en países europeos (lo siento, no recuerdo de quién era), por supuesto seleccionando sólo aquellos que lo tienen más alto y olvidándose del único país europeo que no está pasando por la crisis de los demás, Alemania, que no tiene salario mínimo. El tuit iba acompañado con una afirmación sin ninguna evidencia “en cambio los políticos tienen ingresos comparables con el resto” (cosa que dudo bastante, al menos hasta ver cifras).

Un típico tuit “genial” que pretende mostrar cuál es el problema de nuestro país con un sólo número (el salario mínimo). Es ridículo, absurdo, una absoluta bobada [*] cada vez que veo algo así (demasiado a menudo) no sé si hacer un :roll: o decenas de :facepalm: Lo que más me llama la atención de estos tuits es que muchas veces son retuiteados o incluso creados por personas inteligentes, que si practicasen unos pocos segundos de pensamiento crítico se darían cuenta que no tiene sentido, que es sólo otro tuit populista escrito para la audiencia (parece que todo el mundo es esclavo de sus seguidores).

[*] Ejemplo, si se incluye a Alemania, se podría sacar una conclusión más clara: tenemos que eliminar el salario mínimo. Pero es lo que tiene el sesgo de selección, podemos demostrar lo que queremos seleccionando los datos que nos interesan, e ignorando los demás.

El tema es que quise responder a la generalidad de esos tuits y atan habituales, pero explicando algunos fundamentos de por qué son una chorrada, y me salió improvisado el siguiente decálogo, que tampoco está mal para resumir por qué solemos caer en sobresimplificaciones y conspiranoias bobas:

  1. El mundo, y la sociedad, es mucho más complejo de lo que imaginas.
  2. Puedes coger unas pocas variables y creer que eso lo explica todo, pero es FALSO, la complejidad no se explica con pocas variables.
  3. Tenemos tendencia a la falacia narrativa, a encontrar relaciones causales e “historias” donde no las hay. No caigas en la trampa.
  4. Hay tantas variables y ruido que creerás encontrar relaciones que lo explican. Lo más probable es que sea puro ruido, ve alerta.
  5. A todo lo que no entendemos queremos encontrar responsables o culpables. Es muy humano y siempre ocurre, pero evítalo.
  6. Los humanos tenemos el sesgo de selección en nuestros genes, nos acordamos sólo de la información que confirma nuestras creencias.
  7. Nuestra “intuición” reconoce patrones automáticamente, algunos son útiles, pero inútiles para explicar sistemas complejos.
  8. Nuestra parte racional es muy perezosa y sólo se pone en marcha voluntariamente y con esfuerzo, por eso no solemos ser muy racionales.
  9. Ante información extraordinaria que confirma tus creencias, párate y haz el esfuerzo de poner en marcha tu sistema racional.
  10. Por lo que expliqué antes, DEJA YA DE HACER GRANDES SIMPLIFICACIONES GENIALES DEL MUNDO EN TWITTER, son una chorrada.
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Diez años escépticos de Magonia

junio 20, 2013 2 comentarios

Hoy Magonia cumple 10 años, su autor, el amigo Luís Alfonso Gámez nos ha pedido a diez amigos que hagamos una reflexión de 100 palabras. De las diez,  selecciono una que es especial para mí, es la mía.

A pesar de las promesas de Internet, tengo la sensación de que el nivel de desinformación, magufería y divulgación de teorías de la conspiración no ha dejado de aumentar. La complejidad creciente de la sociedad y la angustia provocada por la grave crisis político-económica nos hacen más proclives a aceptar explicaciones irracionales a problemas que no alcanzamos a comprender. Es muy difícil practicar el espíritu crítico, requiere estar siempre alerta y un esfuerzo mental importante. Hemos de esforzarnos para salir de los bares, las cámaras de eco y temas escépticos típicos para hacer pedagogía -con asuntos cotidianos- donde más falta hace: institutos, universidades y medios de comunicación.

La razón -y su hija la ciencia- es el mayor, quizás el único, triunfo de la especie humana. Las que nos ha traído hasta aquí, la que nos permite conocernos y conocer el universo, y la única que podrá evitar que desaparezcamos sin dejar rastro en ese universo que vamos descubriendo. Pero quizás lo más importante, todavía sobrevive a pesar del esfuerzo dedicado a destruirla en nombre de la “espiritualidad” y “humanidad” por parte de una ingente cantidad de necios e incautos.

Felicidades a Magonia, y que sean muchos años más. Aprendí mucho de ese blog y de su “entorno escéptico”, de hecho ya lo citaba en mi blog y en conferencias antes de conocer a su autor.

La otra marca España

junio 17, 2013 7 comentarios

La pena máxima por un delito en España es de 30 años (para terrorismo), la máxima para más de un delito es de 40 años, excepcionalmente puede estar 10 años si el tribunal considera que es un delincuente peligroso. Estos números son más o menos conocidos porque hubo un debate importante hace algo más de dos años. También es conocido que bajarse música o películas no es delito [todavía] en España, de esto se habla bastante desde hace años en Internet.

Sin embargo, esta basura súper demagógica de una cuenta con cientos de miles de seguidores ya tiene 5000 RTs:

Para rematar la estupidez, el juicio a Bretón todavía tiene para un mes largo y la fiscalía solicita el máximo de 40 años.

Todavía es más triste que este tipo de tuits sea lo habitual, como acusar a la fiscalía o al juez de antidemocrática, sin siquiera leer el escrito o la sentencia que no gusta ¿para qué, si lo que importa es confundir a la masa estúpida y conseguir RTs y seguidores?.

Y luego que me pregunten por qué no creo en temas de democracia directa o delegada (líquida, como está de moda decirlo). Pero ¿qué se puede esperar si tenemos hasta diputados que en Twitter se dedican a crear y/o divulgar bulos [interesados] descerebrados sin ninguna evidencia?

En fin, somos afortunados de no estar mucho peor.

Ooooommmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm.

La confusión con el copyleft

junio 16, 2013 9 comentarios

Hace unos días participé en un mini-debate en Twitter, estaban hablando de copyright y cultura y presentaban al copyleft como “la oposición a las leyes de propiedad intelectual”. Es una confusión bastante habitual, pero no es la única. Hace unos ocho años, casi de forma simultánea al movimiento Creative Commons promovida por Lawrence Lessig en España empezó el “movimiento copyleft“, y casi simultáneamente el de “cultura libre”, y “copyfight“.

Aunque debatí bastante en los foros relacionados, nunca entendí muy bien qué es lo que perseguían, ni las diferencias entre ellos (siempre estaban los mismos ponentes, y casi los mismos asistentes). La mayoría de la audiencia en las conferencias de copyfight -por ejemplo- eran orgullosos poseedores de MacBooks, plagado con software privativo (perdón por la redundancia), lo que era más una declaración de contradicciones que de intenciones.

Por otro lado, en Internet se hablaba mucho de la cultura libre y el copyleft, muchos de ellos asociados o mezclados con el movimiento Creative Commons. Pero tampoco los llegué a comprender. De todas las licencias CC, sólo dos son licencias libres: la “Reconocimiento (by)” y “Reconocimiento – CompartirIgual (by-sa)”. De ellas dos, sólo la última (by-sa) es una licencia con copyleft.

Aunque nadie podía explicarlo con claridad, se empezó a usar -incorrectamente- el término copyleft para identificar de forma difusa a una especie de movimiento, que a veces (muy pocas) era anti copyright, otras el de bajar gratis, otras el de luchar contra el canon digital, y casi nunca la de generar obras culturales libres. En esos años en España el término copyleft perdió completamente el sentido original, y lo peor, nunca nadie supo indicar cuál era el significado nuevo. Una especie de neolengua grass-root, aunque su origen, creador, e intenciones eran muy claros.

Richard Stallman fue el creador del término copyleft con un objetivo muy preciso, que no tiene nada que ver con la lucha contra la propiedad intelectual. Es todo lo contrario, las licencias de software libre (o CC) no pueden funcionar sin propiedad intelectual, aún menos el concepto copyleft que ni siquiera puede imaginarse sin las leyes de derechos de autor.

Durante el período de creación de la primera licencia libre de GNU/Free Software Foundation, se reflexionó y estudió sobre las condiciones que debía tener el software libre: copia libre, uso libre, modificación y distribución de la obra derivada. Había otras licencias de software que cumplían (y cumplen con esas características), BSD es la más conocida, pero existe también el “dominio público” que permite hacer cualquier cosa con la obra. Pero tenían un problema y que podía ser perjudicial si se quería atraer a programadores para formar una comunidad: los programas desarrollados con estas licencias podían ser modificados y redistribuidos de forma no libre.

Stallman se encontró con ese problema, por lo que tuvo la gran idea (un genialidad legal) de agregar una cláusula que impedía que ocurriese esto, es decir, que obligaba a que todas las obras derivadas de una obra libre fuesen también libres. A este concepto y su implantación en licencias le llamó copyleft, pero no porque fuese contra las leyes de derechos de autor (copy-right) sino porque usaba esas mismas leyes para un objetivo contrario (de allí la broma copy-left) al que fueron diseñadas: en vez de restringir el acceso a las obras se usaban para asegurar que fuesen siempre libres.

En resumen, copyleft es una cláusula -no obligatoria- de licencias libres (como GPL en software, o CC by-sa para obras culturales) para asegurar que las obras derivadas se distribuyan con las mismas condiciones de libertad que la original. Punto. No es una lucha contra el copyright, ni por bajar obras gratuitamente sin autorización del autor, ni luchar contra el canon, ni odiar con toda tu alma a Sinde o Wert al mismo tiempo que se hacen genuflexiones a Kim Dotcom. Es el problema de la modernidad -otra burbuja- que tuvimos en España, se cogió un término que sonaba bien, y además no quedaba mal al lado del logo de la manzana ;)

Entiendo que la lengua evoluciona y que no tiene por qué mantener el significado original de las palabras (aunque haya sido creada sólo veinte años atrás), pero es que nadie es capaz de definir exactamente cuál es el significado alternativo y más moderno de copyleft. Una rosa es una rosa, todavía.

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El “Internet centrismo” y perogrulladas que parecen visionarias

junio 16, 2013 4 comentarios

Estoy leyendo To Save Everything, Click Here… de Evgeny Morozov, es un libro muy interesante. Aunque Morozov tiene “mala prensa” entre los ciber optimistas, la verdad es que es muy interesante leerle, como a Taleb sobre el mundo de la economía y negocios. Ambos desafían y reflexionan sobre muchas ideas [estúpidas] asumidas como reales e inquebrantables aunque la historia nos enseña lo contrario. La crítica de Morozov, y con la cual “aprendí” a estar de acuerdo en el fondo, es el centrismo en Internet: explicamos el mundo en base a Internet, y pensamos que cualquier característica deseable para Internet también es deseable y debe moldear a toda la sociedad, sin debate ni matices. Así, si Internet es mejor que los protocolos o formatos sean “open”, toda la sociedad y los gobiernos deben ser “open”… porque Internet es “open”. Se llega al extremo, como hizo Tim Woo en The Master Switch, de encontrar una narrativa a Internet, aplicar las mismas reglas seleccionadas arbitrariamente -obviando infinidad de otras “reglas” y hechos- a otras tecnologías anteriores para luego demostrar que su narrativa de Internet es la correcta e históricamente comprobable, por lo que no debemos resistirnos a los deseos y características suprahumanas de la tecnología.

El problema de estas tesis es que tomamos a una tecnología como un fin en si misma, ocultando que las tecnologías son sólo el resultado de interacciones sociales complejas y no el revés (la sociedad resultado de los efectos de una tecnología). Hace unos minutos leí un titular ejemplo claro, y casi de risa, en The Guardian: Advent of Google means we must rethink our approach to education.

Todo en nuestra sociedad está en permanente cambio, desde que hace varias decenas de miles de años empezamos a usar el lenguaje para comunicar nuestras intenciones y establecer objetivos comunes. La sociedad y sus instituciones nunca dejaron de evolucionar y ser “repensadas”. La educación pública es hija de las bibliotecas públicas, que a su vez fueron a su vez creadas para compensar los problemas de desigualdades amplificadas por la imprenta de Gutemberg, que a su vez ayudó a la difusión de conocimiento antes reservados a una ínfima minoría… aunque inicialmente fue usado para imprimir estampitas religiosas y la Biblia. (Y me acabo de crear otra narrativa simplista, pero que sirva como ejemplo de que el cambio es continuo.)

Es decir, estamos “repensando” todo, continuamente, nuestra educación también, la de los años 80 no era igual a la de los 70, ni ésta igual a la de los 50, ni esta igual a la de los 30. Los cambios en nuestra sociedad son la norma, y no se producen solo por la aparición “mágica” y aislada de una tecnología. Éstas  no aparecen de forma mágica e inesperada. Google no fue el primer buscador, sólo uno que mejoró ligeramente el resultados de varios anteriores. Éstos no fueron el resultado de la creación divina y aislada de genios informáticos, sino una evolución casi obligatoria y necesaria para poder acceder a la información que toda la sociedad estaba produciendo y compartiendo desde hace 100.000 años -cuando empezamos a usar el lenguaje-, con procesos e interacciones muchas más numerosas y complejas que el programa que la indexaba.

El titular en realidad debería haber dicho la perogrullada:

Los cambios en la sociedad obligan a repensar nuestras instituciones sociales

Pero si en vez de “sociedad” ponemos el nombre de alguna tecnología moderna, suena a afirmación de visionario. Lo paradójico es que a pesar de la existencia de esa tecnología “que produce cambios en la educación”, todavía se siguen titulando con afirmaciones vacías, como si no existiese información fácilmente accesible y contrastable de los cambios continuos… y de que la tecnología -como la educación- es un producto de la “humanidad” y no al revés.

Vaya forma de deshumanizar a la tecnología, y creemos que es lo contrario.

Propina, tonterías de ayer y siempre: El papel obliga a repensar la educación, la imprenta obliga a repensar la educación, las enciclopedias obligan a repensar la educación, los periódicos obligan a repensar la educación, el telégrafo obliga a repensar la educación, el teléfono obliga a repensar la educación, la radio obliga a repensar la educación, la TV obliga a repensar la educación, el cable obliga a repensar la educación, las calculadoras electrónicas obligan a repensar la educación, los ordenadores obligan a repensar la educación, los ordenadores personales obligan a repensar la educación, el Macintosh obliga a repensar la educación, el CD-ROM obliga a repensar la educación, Internet obliga a repensar la educación, la web obliga a repensar la educación, la Wikipedia obliga a repensar la educación, Google obliga a repensar la educación, el WiFi obliga a repensar la educación, el ebook obliga a repensar la educación, el 3G obliga a repensar la educación, las redes sociales obligan a repensar la educación… la persistente estupidez miope y cansina  de los visionarios tecnocentristas debería obligarnos a repensar la educación.

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Cuidado con el Big Data II

Hace unos días publiqué Sé cuidadoso con el “Big Data”. Hace un par de horas descubrí Beware the Big Errors of ‘Big Data’. Prometo que no lo había leído, ni sabía de su existencia, pero sí había todos los libros de su autor Nicholas Taleb. En particular Antifragile, su último libro donde habla bastante de los problemas del ruido en el “Big Data”.

Lo interesante es que en el artículo en Wired dice:

This is not all bad news though: If such studies cannot be used to confirm, they can be effectively used to debunk — to tell us what’s wrong with a theory, not whether a theory is right.

Dice que al análisis de big data no sirve (o no debería) servir para confirmar teorías, pero sí que sirve para desenmascarar las falsas.

Ayer por la mañana leí, vía MenéameCorrelación, causalidad… y grafos: lo más fundamental (e ignorado) en estadística, donde justamente explican el caso del artículo que demuestra que hay una correlación entre el número de tiendas IKEA y el número de Premios Nobel de cada país, para mostrar la falsedad del estudio que asguró (y fue muy publicitado) que el mayor consumo de chocolate ayuda a tener más premios Nobel (¡sí!, eso decía).

Correlación entre número de tiendas IKEA y Premios Nobel

 

El desconocimiento de derechos de autor… de periodistas de cine y profesores de la cosa

Seguramente la mayoría que llegáis a este blog conocéis la película El Cosmonauta (de la que he sido “productor” ;) ), y que está ha sido publicada con licencia Creative Commons que permite copiar y reusar sin fines comerciales. Esta licencia, que es la autorización que dan los autores, otorga a cualquier la posibilidad de dar a otros una copia de la película (es el requisito mínimo de todas las CC). Además, la productora permite bajar y visualizar la película gratuitamente.

Es decir, no hay duda alguna que copiar la película sin fines de lucros es perfectamente legal, y autorizado. Sin embargo, a estas alturas (después de meses del descacharrante Qué es una Creative Commons, milady? de Pedro J. Ramirez), se pueden leer tuits como el siguiente:

Que alguien piense que la descarga de Internet es siempre “ilegal” sería otra simple anécdota, si no fuese porque el autor del tuit es periodista especializado en cine, y profesor de periodismo del máster de periodismo de la Universidad del País Vasco. ¿Una periodista especializado en cine y que no conoce lo básico de los derechos de autor? ¿Un profesor de un máster de universidad que no sabe eso ni que existen las licencias, y que algunas de ellas permiten la descarga autorizada y perfectamente legal? ¿Un periodista que opina públicamente sobre una película, de la que se habla desde hace meses, que ni se enteró la licencia que tenía? ¿Y el llama “ilegales”, así, sólo porque se puede descargar?

Quiero decir, presuponemos que un periodista y profesor como Oskar Belategui es una persona formada, conocedora del cine y su contexto legal, pero el nivel es el que se ve. No se trata de avergonzarle y apuntarle (lo siento, pero es una muestra), el tema es más grave. ¿Qué podemos esperar de los demás? ¿De los ministros, directores, legisladores, jueces y fiscales sobre este tema, cuando no es su especialidad ni han estudiado para enseñar?

Es triste este desconocimiento generalizado. Tiene una explicación, al menos parcial: es el resultado de tantos años de propaganda manipuladora alevosa e indiscriminada de los “radicales del copyright”, ayudado por la falta de formación de los presuntos especialistas, lo que ha llevado a este nivel de ignorancia y estulticia generalizada. Pero oye, sin pudores.

Quizás deberían asistir a mis clases o al menos mirar algunos de los documentales que proyecto. De paso -ya en serio- se podría empezar a reclamar a las universidades para que exijan un mínimo de docencia sobre temas de derechos de autor y propiedad intelectual. El déficit y los efectos de tanta manipulación son evidentes.

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