Inicio > personal > La pasta, y la informática

La pasta, y la informática

enero 9, 2012

Es curioso como eventos de nuestra infancia marcan a fuego nuestra personalidad futura. No siempre es así, por supuesto, pero sí hay algunos que con el tiempo parecen más relevantes que otros. En mi apunte Defiende lo que te ha dado tanto, expliqué ese mes de diciembre de 1989 que marcó mi obsesión por Internet (siempre había una excusa para poner Internet en todo lo que hacía, mi tesis doctoral, el ISP del que fui co-fundador en 1995 -todo con GNU/Linux-, los proyectos en los que participé…). Pero eso fue después de los 20 años, sin embargo hay otros de mi infancia que me marcaron aún más.

El primero es de 1972 o 73, yo tenía 7 años, con una de mis hermanas y varios primos fuimos a ver la película de la precoz estrella Andrea del Boca (nacimos sólo con un día de diferencia). Era una sección de tarde, creo que la película era “Había una vez un circo”, con Gabi, Fofó y Miliki. En una de las escenas se preparan un plato de pasta, muy simple, sólo con mantequilla. Yo estaba hambriento, aquello me generó una angustia enorme, no podía aguantar las ganas de saltar a la pantalla para devorar ese plato. Esa misma tarde-noche llegué a casa y me preparé la pasta en casa, tal como vi hacerla en la película.

Si me dan a elegir entre la comida más sofisticada y un plato de buena pasta con mantequilla, prefiero lo segundo. De hecho, ahora, a las 4 de la mañana, me está entrando ganas de prepararla.

Esta era la pasta de la que hablaba, no de dinero.

El otro tema, mis primeras experiencias con los ordenadores, es un poco más difuso.

No recuerdo qué película o libro me hizo conocer los ordenadores de IBM, quedé obsesionado. Pero no tenía forma de siquiera poder tocar un ordenador. Yo tenía 10  años, eran a medidos de los 70. Descubrí que en la ferretería de mi padre había una enorme calculadora mecánica, de plástico gris, con botones negros y naranjas… marca IBM. Le pregunté a mi padre si eso era un ordenador (la palabra fue “computadora”), me dijo, por supuesto que no. Pero para mí era como si lo fuese, durante varios años intentaba estar a la hora de cierre de la ferretería para encargarme de sumar todo lo que se había vendido y gastado. Al final era muy rápido picando en el teclado numérico, la secretaria se alegraba cuando contaba conmigo a la hora del cierre, yo me sentía un controlador del programa Apolo.

Cuando comencé el instituto conocí a mi amigo del alma Carlos (murió de un accidente eléctrico de alta tensión hace pocos años, el año pasado su mujer, con la que salía desde que tenía 15 años, se dejó morir, de tristeza). Nos dedicábamos a la electrónica analógica, nos iba muy bien con nuestros “negocios”. Fabricábamos cacharros para control de luces (las “audiorrítimicas”) para disc jokeys (todavía no les llamábamos diyeis) y discotecas, amplificadores de potencia, fuentes de alimentación “especiales”. Esa era nuestra vida de pueblo, lo pasábamos muy bien, demasiado.

Con 15-16 años hasta teníamos barra libre de copas en un par de puticlubs donde habíamos instalado nuestras luces (lo prometo, por mis hijas). Para la edad ganábamos bastante dinero, que invertiamos en discos de vinilo, zapatillas Adidas, vaqueros Levi’s (ambos valían una fortuna que no podían, o no querían, pagar nuestros padres) y más cacharros de audio y electrónica. El 5 de setiembre de 1982 organizamos (en menos de dos meses, ¡con 16 años!) el concierto de rock más grande hasta ese momento en la región. Fueron 12 horas de conciertos, 2.500 personas en un frío y ventoso día en el camping “El Cachilito” (todavía existe). Dimos tanto el coñazo que conseguimos hasta el auspicio de Coca Cola (eran épocas muy duras, pocos meses después de la guerra de Malvinas, seguía la dictadura, casi todos eran “cantautores de protesta”). Eso sí, con todos los problemas para gestionar viajes y músicos, me prometí nunca más repetir una experiencia parecida, y sigo sin poder tocar dos acordes en una guitarra.

En nuestras horas libres las pasábamos leyendo a hurtadillas -consentida-, libros de electrónica en una librería que había a pocos metros de donde comprábamos los transistores, triacs, resistencias, diodos, placas para circuitos impresos, el “percolato”, etc. (se llamaba “Electrónica Rivadavia”, justo aquí). Atendían una pareja de hermanos ya mayores, nos trataban casi como a sus hijos, nos hacían los pedidos de todas las cosas raras que sólo nosotros podíamos querer en toda la región. Un dia, Charly (así le llamábamos), cogió un listado de circuitos integrados, la mayoría eran digitales. Yo no los entendía, ni me interesaban. Pero él comenzó a leer sobre el tema. Al poco tiempo me mostró lo que había hecho. Eran sólo unos leds que formaban números, a los que controlaba cambiando las conexiones del circuito, luego avanzó más, hacía operaciones simples de sumas y multiplicaciones.

Quedé impresionado, todavía no entendía nada (ni nunca llegué a comprender del todo, por eso hace unos meses compré un par de libros) de electrónica digital. Eso me decidió: quería estudiar informática, ninguna otra cosa, quería poder programar un aparato para que hiciese sumas y restas sin tener qu tocar cables, como hacían los de IBM.

Al final, son esas pequeñas cosas las que nos marcan, y con el tiempo te das cuenta que no tienes otra cosa mejor que hacer. O eso, o sientes un vacío.

Supongo que muchos de los que se dedicaron a informática tuvieron momentos así, quizás un Sinclair, o una Commodore, o el PC de un pariente. También sé que cuando pasas por la universidad (como estudiante o profesor), o por diferentes empleos, te desanimas y ya no sientes la misma ilusión, empieza a ser una carga, el trabajo con el que te ganas la vida. Lo que no puedo entender es que, con las oportunidades y novedades que hay ahora (mucho más que hace unos años), haya informáticos o programadores que no intentan volver a recuperar esa pasión.

Si la vida te “preparó” para programador ¿qué otra cosa mejor puedes hacer? Se puede, siempre se puede, ya ni hace falta leer entre las estanterías de una librería. Y es cada día más divertido.

PS: También recuerdo muy bien un libro que me impactó mucho cuando lo leí a escondidas a mis 9 años. Siguen vivas algunas de sus “escenas” en el penal, sobre todo cómo hacían para esconder sus pertenencias valiosos. Se trata de Papillón, pero prefiero no hablar sobre su influencia :-P

PS2: Acabo de darme cuenta que no puedo usar otros pantalones que no sean tejanos, todos los que tengo son Levi’s. Vaya, con las puñeteras infancias pueblerinas.

Categorías:personal Etiquetas: , ,
  1. Miguel
    enero 9, 2012 en 6:53 am

    Es la evolución, en 1982 cuando un chico de 13 años conectaba su Spectrum a un televisor viejo en blanco y negro lo primero que aparecia en pantalla era un invitación a programar.

    El equipo venía con un par de juegos muy simples y unos programas aburridisimos. Obviamente al principio no había juegos ni posibilidad alguna de comprarlos. Como el chisme era tremendamente lento era un paso natural aprender código ensamblador y ensamblar a mano

    En 1985, antes de que los PC llegaran a las casas, era raro el chico que no supiese algunas nociones de programación. Los Spectrums, VIC 20, Dragon 32, … eran tan populares como puedan serlo hoy las PS3.

    Hoy cuando un chico de 13 años recibe su quinto ordenador, cuando lo pone en marcha lo último que aparece en pantalla es una invitación a programar. No hay necesidad, hay muchas distracciones que impicen aprender algo de informática.

    Con solo una formación académica, sin vocación, no se puede ser buen programador, y en mi opinión sino eres buen programador no puedes ser buen informático.

    Me ha gustado bastante este artículo de pasta e informática.

  2. enero 9, 2012 en 9:32 am

    La culpa de que se haya perdido esa ilusión la tienen las cárnicas y el intrusismo profesional. Hoy ya no queda departamento de informática propio en las empresas, todo son subcontratas, sale más barato y asi se quitan problemas, sin siquiera un convenio colectivo específico de esta rama.
    ¿Qué es lo que sucede? que muchos informáticos pueden acabar reparando equipos, instalando sofware, ensamblando ordenadores o lo que la cárnica para la que trabajan les pida.
    Yo también aposté en su día por esta profesión y a día de hoy como tu bien dices no siento la misma ilusión de cuando empezaba. De haberlo que esta profesión me iba a desilusionar de esta manera habría apostado por la pasta…… hecha con mantequilla.

  3. Rob
    enero 9, 2012 en 1:05 pm

    Yo leí papillón unas 300 veces. Estaba siempre sobre mi mesilla y lo abría por cualquier página.

    acabo de volver de Colombia, donde he ido a visitar… la guajira, río hacha y también la ciénaga grande y barranquilla (estas, de 100 años de soledad, que leí por la misma época y con la misma fruición)

  4. enero 9, 2012 en 6:19 pm

    Pues ¿qué quieren que les diga? yo no me creo que antes raro fuese el chaval que no supiese programar, ni que ahora “intenten alejarnos” de la programación.

    Siento discrepar pero, lo que en mi caso he observado, es que quien antes tenía interés, encendía su spectrum y se lo encontraba todo por hacer. Se programaba un jueguito con asteriscos y estaba sacando rendimiento por encima de lo que el fabricante prometía. Se creía un héroe, y la motivación se disparaba.

    Los hermanos, cuando le veían toquetear, como mucho intentaban hacer lo mismo y, después de ver que aquello no era divertido y además requería tenacidad, abandonaban, y nuestro pequeño hacker tenía el pc para él solito. Este fue mi caso.

    Hoy en día, mis hermanos tienen todos un ordenador y el vendedor se lo da todo hecho. Programar un ¡Hola mundo! en ensamblador (por poner un ejemplo)es una pérdida de tiempo, porque hay viente mil programas ya hechos que hacen eso mismo…

    …el único problema es encontrar ese poquito de más que nuestros ordenadores pueden hacer pero aún nadie ha programado, porque la ilusión tambien se puede entrenar.

  5. enero 9, 2012 en 7:11 pm

    Pues yo si creo que el Spectrum invitaba a programar y los PCs no, pero hay soluciones. Yo a mi hija de 8 años decidí enseñarla a programar en el Mac que tenemos y de hecho le encanta. Ahora tiene 10. Tanto es así que conté la odisea y filmé el curso para que otros padres pudieran enseñar a sus hijos a programar.

    El lenguaje, orientado a los críos, pero suficientemente potente para interesar a los menos críos se llama Scratch y fue diseñado por el MIT.

    Les dejo el enlace a la experiencia y a los vídeos:

    http://tejedor1967.blogspot.com/2011/05/curso-de-scratch-videos-en-hd.html

    http://tejedor1967.blogspot.com/search/label/Scratch

  6. enero 9, 2012 en 8:06 pm

    genial felicitaciones

  7. Un lector
    enero 9, 2012 en 8:27 pm

    Qué gran entrada, gracias por escribirla y sobretodo por el última par de párrafos exceptuando los PS (es que últimamente voy bajo de ánimos con la informática jeje)

    Esta frase me hizo mucha gracia “yo me sentía un controlador del programa Apolo.” así me sentía yo cuando usaba el Spectrum de mi padre, y sobretodo cuando cogía el teclado y lo usaba como un juguete, sentado en el suelo imaginándome que estaba controlando los mandos de una nave espacial.

    Siempre he sido un enamorado de la informática, desde aquellos años de infancia hasta “ahora”. Lo pongo entre comillas porque conmigo has dado en el clavo cuando has expresado esa pérdida de ilusión que parece suele ocurrir cuando estudias la carrera o trabajas por un tiempo en el sector. En estos momentos estoy pasando por una fuerte crisis con este asunto, me siento bastante mal conmigo mismo porque creo que he perdido esa pasión que tenía por la informática. Ando desilusionado, a veces pensando que tal vez el desarrollo de software, linux, etc. (lo que más me gusta, lo que me llenaba) no era para mí. Que el tiempo me ha puesto en mi sitio y que por eso he terminado por perder esa enorme pasión… lo sé, suena muy negativo jeje. En fin, no sé… supongo que estoy pasando por una mala racha, ojalá consiga aclararme (aunque tampoco sé ni cómo hacerlo…)

    Hace unos años dejé mi trabajo de programador (el cual disfruté mucho pero sentí que me estaba quedando estancado, ya casi no aprendía nada nuevo) y retomé la ingeniería en informática que dejé colgada años antes porque, aunque me encantaban las clases, no conseguía aprobar casi ninguna (sólo aprobaba las de programación). Este verano terminé la carrera, y estoy de nuevo trabajando como programador. Pero no sé si hize bien retomando la carrera… quería seguir aprendiendo, pero ahora creo que fue una mala decisión y que debería de haber cambiado de trabajo, y haber estudiado de manera autodidacta. Creo que mis bajos ánimos vienen de aquí, de creer ahora que el “backtracking” que hice retomando la carrera ha terminado por ser un mal camino, una mala decisión…

    Un saludo y perdona por este comentario tan chorra :) Un abrazo

  8. Miguel
    enero 10, 2012 en 4:43 am

    No veo relación entre la vocación de un adolescente que no necesita trabajar y la supuesta explotación de las cárnicas. Tampoco se, ni he sabido nunca lo que es el intrusismo profesional, ni creo que sea necesaria una regulación sino más bien creo en lo contrario.

  9. enero 10, 2012 en 7:19 am

    A mi lo del “intrusismo profesional” siempre me sonó a puro corporativismo. Punto. No, yo no fuí a la universidad. Cuando me tocaba ir me dí cuenta que era miembro de algo llamado baby-boom y me dieron la 5 opción de lo que pedí, matemáticas (ciencias exactas), las cuatro opciones anteriores eran telecomunicaciones (de 5 y 3 años) e informática (de 5 y 3 años). Al final están en la universidad haciendo una carrera que no me gustaba me ofrecieron trabajo primero de profesor y después en temas de seguridad informática y eso fue el comienzo de una carrera de 25 años de luchar y aprender.

    Así que como podrán entender que cuando un niñato que ha estudiado tres años de informática en una universidad española (lo cual es más o menos el nivel de los cursos de programación de CCC) me habla de intrusismo me sale un sarpullido.

    Ojo, no no digo por nadie que haya comentado aquí, es que se habló de ese tema y punto. El corporativismo no lleva a nada en ninguna profesión, ya sean médicos, abogados, o lo que sea. ¿Qué quieren llamarme artesano? No problema, no se me caen los anillos, pero no me digan que soy un intruso profesional, no después de 25 años formando gente y desarrollando sistemas como analista de sistemas, no.

  10. Miguel
    enero 10, 2012 en 10:20 am

    Tampoco exageremos, aprenderán algo más que en un curso CCC.

    Yo en la universidad aprendí cosas interesantes y en cierto modo me sirvió para mejorar y entender algunas cosas que había descubierto por mi cuenta. Lo que más me llamó la atención fue descubrir en la universidad que la informática no comienza en los 80 ni que los conceptos de los últimos procesadores no fueron ideados hace dos días.

    Evidentemente fuera de la universidad he aprendido también muchas cosas y adquirido cierta experiencia.

    Yo creo que para alguien que sabe de informática, que le gusta la informática, estudiar la carrera es una experiencia agradable y no exige excesivo esfuerzo, se puede compaginar perfectamente con el trabajo y vida familiar.

    A mi me gustaría trabajar en algo que no hubiese que programar, ni tuviese relación alguna con la informática, pero paradógicamente programo en el trabajo por dinero y en casa por afición. Se que no es sano.

  11. enero 11, 2012 en 7:32 am

    Miguel,

    Evidentemente es un poco exagerado, pero tratando durante años con personas salidas de las facultades he visto que el nivel va cayendo dramáticamente, y a fecha de hoy la gente sale preparada poco más que en cursos de pago. Digamos que se ha perdido la formación genérica y se a convertido en formación 100% digamos práctica… como en los cursos de CCC.

    En mi caso, cuando trabajaba al 100% en informática al llegar a casa estaba tan saturado que poco más hacía. Cuando he dejado la informática para pasar a otras áreas paralelas al llegar a casa me apetece dedicarme y ahora soy activo en las redes sociales, filmo vídeo reviews, escribo en el blog y otros foros, etc…

    La informática es una amante demasiado exigente pues para estar al día hay que estar constantemente leyendo y estudiando el tema.

  12. Miguel
    enero 11, 2012 en 9:25 pm

    No puedo contrariarte, no conozco a nadie que haya realizado un curso CCC y por tanto no puedo comparar.

    Si comparto la sensación que el nivel universitario baja a medida que pasa el tiempo, menos conceptos abstractos y mas recetas de cocina a lo que hay que sumar muchos obtienen su título sin merecerlo.

    Tambien hay que reflexionar como asignaturas fatalmente impartidas en FP son convalidadas con asignaturas universitarias. Es un tema que me indigna y deslegitima los diplomas que expende la universidad.

    La razón de ello habría que preguntarsela a los docentes que lo permiten.

  13. enero 12, 2012 en 9:12 pm

    Aquí otro enamorado de su profesión!

    Idílicamente desde que vi Juegos de Guerra, y en la práctica, desde que hice mi primer cursito de BASIC!

    A veces es quemante, pero tambien es cosa de cada uno encausar el uso, sin caer en las carnicas o saliendo cuando sea necesario.

  1. enero 9, 2012 en 9:05 am
Los comentarios están cerrados.
Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 476 seguidores

A %d blogueros les gusta esto: