Archivo para Mayo 2009
Ni en las peores pesadillas
Hace unas pocas horas escribía en Sobre autores mediocres piratas:
Para ciertos individuos la sociedad tiene una deuda hacia ellos. Ésta es la idea bajo cuya bandera muchos de ellos, consciente o inconscientemente, están cometiendo toda clase de atentados contra la libertad individual gracias a la mal llamada propiedad intelectual.
[...]
Ya no es teoría ni especulación la idea de una propiedad total sobre la cultura y el conocimiento como representación de un mundo donde la privacidad e intimidad no tienen cabida. Es como un Gran Hermano orwelliano, pero mucho peor.
[...]
Parafraseando a Goebbels: “¡Oh, Propiedad Intelectual, una mentira, repetida cien años, se convierte en verdad!”.
En ese momento era sólo una predicción exagerada, falaz, como respuesta en el mismo estilo del autor al que respondía. Sin embargo no tardó en confirmarse que no fue nada exagerada:
¿Puede la SGAE entrar en mi casa?
Más:
Algunos deberían estar muy avergonzados de lo que están encubriendo y/o fomentando con su defensa de la “propiedad intelectual”. Pero no, echarán balones fuera. Todo sea por los amigos, o el partido.
Sobre autores mediocres piratas
Para los que llevamos muchos años con el software libre es ya una historia conocida: después de ignorarte o reirse de ti llega la fase del “ataque”. Así nos han dicho de todo, talibanes, cáncer, fanáticos, ladrones, etc. etc.
Ahora estamos viviendo una esta similar de los que proponen la regulación de Internet y el recorte de las libertades individuales en favor de sus propios intereses: mantener un modelo de negocio imposible.
Así, aunque el debate es variado y con opciones diversas (por ejemplo EDans no tiene [gran parte de] razón o Casciari tiene razón, pero peligrosamente optimista), esos ignorantes del debate y que se han quedado sin argumentos entran a saco con la descalificación personal y de toda la comunidad. Un ejemplo lo sufrí en persona y en directo por la radio, pero el que leí el domingo pasado en El País me dejó frío, aunque ya debería estar acostumbrado.
Se trata de Sobre piratas y ladrones de Jose María Guelbenzu. No había visto tanta ignorancia, tanto FUD, tanto maniqueismo y <perez_reverte>cainismo</perez_reverte> en tan pocas líneas. No sé cómo El País se atreve a publicar semejante artículo… o sí que lo sé. Pero que al menos no le llamen “Tribuna”, en todo caso “La grada” o “La voz de sus amos”.
De cualquier forma creo que da una excelente oportunidad para responderle en los mismos términos, estilo y falacias ad-hominem a tutiplen. Me servirá para practicar un poco de populismo victimista y con suerte saldrá publicado en algún periódico.
Sobre autores mediocres piratas
Para ciertos individuos la sociedad tiene una deuda hacia ellos. Ésta es la idea bajo cuya bandera muchos de ellos, consciente o inconscientemente, están cometiendo toda clase de atentados contra la libertad individual gracias a la mal llamada propiedad intelectual.
En la sociedad, la palabra propiedad intelectual lo envenena todo, es la coartada perfecta para toda clase de injurias y calumnias al tiempo que privatizan la cultura.
Las leyes de propiedad intelectual permite apropiarse de contenidos que bien son copiados directamente o bien, siendo incluso adquiridos inicialmente, se redistribuyen o se revenden a precios discriminatorios al tiempo que se convierte en delincuente al que comparte cultura.
Ya no es teoría ni especulación la idea de una propiedad total sobre la cultura y el conocimiento como representación de un mundo donde la privacidad e intimidad no tienen cabida. Es como un Gran Hermano orwelliano, pero mucho peor.
Simbólicamente, Victor Hugo es la imagen del autor que a pesar de los favores y dineros que recibía de Luis XVIII o la Reina Victoria no fió su fortuna ni la de sus descendientes a la gracia de sus señores o del público. Hasta entonces, el artista creaba a expensas de su protector, ya fuera éste el rey, una institución o incluso un comerciante enriquecido; desde Victor Hugo, el “artista”, amparándose en la Convención de Berna que ayudó a crear, empezó a reclamar propiedades antes inexistentes, a cobrar por cada pieza vendida y tratar de ladrones a sus lectores. Cuando los intermediarios entraron en escena se montó una cadena de negocio al final de la cual estaban los abogados.
En los últimos años, una figura ha empezado a reproducirse vertiginosamente en el mundo de la cultura: el autor mediocre. El autor mediocre es un ser humano que se dispone, a diferencia del resto de los humanos, a sacar partido de la sociedad cobrando de por vida más noventa años del trabajo que hizo sólo una vez.
Ha escrito un libro intrascendente, abona su cuota a la sociedad gestora, trabaja para un gran medio de comunicación y tiene conciencia de pertenecer a un lobby o asociación que salvará a la cultura. Toda esta inversión procede de su trabajo en una gran empresa, o de la sociedad gestora, o de subvenciones estatales, de las cuales cobra un dinero.
El autor mediocre considera indiscutible su derecho a ser pagado –de por vida y también sus descendientes– por su breve trabajo, pero, ¡oh paradoja!, considera igualmente indiscutible apoderarse, sin pagar por ello, del trabajo ajeno en nombre de la cultura popular. De donde venga esta idea es algo misterioso.
Quizá su origen remoto esté relacionado con el proceso que comenzó hace años con el new age bajo el lema “todo es relativo”, que viene a decir que tanto vale mi opinión como la misma realidad, aunque la realidad sea tozuda y yo un piernas que no pudo acabar estudios universitarios de letras. Por esa línea de pensamiento débil o simplemente tonto se llega a la idea de que libertad depende de cómo la mires y quién se la merece. Y ahí está el corazón del problema.
En los viejos tiempos, muchos desdichados viajeros eran abordados por salteadores de caminos que, pistola en mano, les conminaban a entregar “la bolsa o la vida”. Por lo general, entregaban la bolsa y la ropa y se iban con una mano delante y otra detrás mientras los bandidos se repartían el botín.
En nuestros días, el autor mediocre, influencia política en mano, se apropia del dinero ajeno para su entretenimiento, y si se anuncia mayoritariamente de parte de los expertos de que alguna medida legal es inconstitucional, como en Francia, avisan de que les da igual, es decir, que seguirán insistiendo, calumniando y cobrando al resto de la sociedad. Toda una declaración de intención; ahí no hay inconsciencia.
La sociedad a la que se le quita el dinero y algunas asociaciones preocupadas por un justo balance entre interés cultural y la libertad individual, buscan soluciones que pasan por la re-estructuración (que los autores rechazan airadamente) de un cánon injusto y gestionado de manera oscura que no llega a los autores de las obras que consumimos, o a las compañías de telefonía (que también se niegan pagar el mismo impuesto que ya les obligarán a pagar a TVE y así transferir cientos de millones de euros de publicidad hacia la televisiones privadas, gestionadas por los mismos grupos mediáticos).
Yo no estoy en contra de pagar un cánon, pero sí a favor de una distribución justa y transparente al tiempo que no se restrinjan las libertades individuales, porque negar la libertad individual es una manera de fomentar la quiebra de la democracia y la solidaridad social imprescindible.
Y estoy decididamente a favor de fomentar la cultura; pero así como generarla cuesta dinero a la sociedad, por la misma razón no se debe de pagar dinero por descargarse libros, películas o canciones que ya han sido debidamente pagadas por todos.
Es la palabra propiedad intelectual la que lo envenena todo y la coartada perfecta, así que debe de usarse la palabra adecuada: latrocinio, despojo, apropiación indebida… y tendría que explicarse ya desde el colegio.
La mala conciencia del autor mediocre aparece cuando éste intenta justificarse acusando de abusos a la propiedad intelectual (que también abusa de una mayoría de artistas que trabajan cada día): no me cabe duda de que los ha habido y los habrá, lo que no justifica que la respuesta sea la del señor feudal que se echa a los caminos a condenar a todos sus vasallos.
Y por último, las asociaciones de autores ya se han convertido desde hace décadas, con sus millones de euros provenientes de cánones y subvenciones, en grupos de presión sobre el poder para que éste legisle contra derechos fundamentales reconocidos en la Constitución, Carta de los Derechos Humanos y acuerdos europeos e internacionales: el de la libertad individual, la intimidad y la privacidad de las comunicaciones. Es el triunfo de los adoradores del becerro de oro de la propiedad intelectual y la miseria de la política esclavizada a los grupos de presión y sus artistas lameculos.
Parafraseando a Goebbels: “¡Oh, Propiedad Intelectual, una mentira, repetida cien años, se convierte en verdad!”.
Ricardo Galli es programador, profesor y empresario, con estudios acabados, sin braguetazo conocido, sin relación alguna con grandes medios ni voluntad de vivir sin trabajar. [*]
[*] Aviso para tuiteros que sólo se quedan con la frase que les conviene: es también la obligada boutade, recomiendo leer la impresionante biografía del autor del artículo original
Argumentos por la regulacion de Internet: este señor con la panza llena, con tiempo libre, con otros trabajos e ignorante…
Me invitaron para un debate-tertulia en IB3 Ràdio para discutir el tema de la “pirateria”, la “Ley Hadopi” y qué se intenta hacer en España. Había representantes del cine, el presidente de la Asocación de Internautas, etc. Aquí el MP3 de los 35 minutos del debate (14 MB).
En mi primera intervención menciono la posible inconstitucionalidad de una ley similar en España:
1. Se garantiza el derecho al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen.
[...]
3. Se garantiza el secreto de las comunicaciones y, en especial, de las postales, telegráficas y telefónicas, salvo resolución judicial.
4. La Ley limitará el uso de la informática para garantizar el honor y la intimidad personal y familiar de los ciudadanos y el pleno ejercicio de sus derechos.
Luego comenté que el cine español recibe más subvenciones de lo que recauda en taquilla (unos 85 millones de euros de subvenciones, poco más de 80 millones de taquilla). Poco más que datos objetivos y opiniones de prestigiosos abogados.
Después de nuestras primeras intervenciones entra en el debate –vía telefónica- Miquel Àngel Sancho, productor, editor y vendedor de discos de Mallorca (Xocolat Centre, Blau…). ¿Cuáles fueron sus argumentos?
Se pueden escuchar a partir del minuto 10:10 en el audio (en catalán). Lo más razonable que dijo es que es falso que sea inconstitucional, que soy un desinformado y que la Ley Hadopi es sólo una cosa “mediática” para avisar (evidentemente no se leyó la ley sobre la suspensión de servicio en todos los proveedores). Todo lo demás ha sido más o menos:
como el señor que habló antes [...] que tiene la panza llena [...] mucho tiempo libre [...] que tiene otros trabajos [...] que no tiene argumentos… etc.
Esta gente no sólo desconocen de falacias y ad-hominems, también se consideran los salvadores de la cultura, expertos en leyes, constituciones, los salarios, trabajo y vida privada de los demás. Unos auténticos marrulleros (como han demostrado algunos de la acusación en el caso Soto). No sé qué hago/hacemos luego quejándonos de los trolls en Internet, estos son peores, además convencidos que son los salvapatrias.
No sé si es que estaba practicando para ser portavoz de partido político o de grupo parlamentario. O que simplemente estos últimos son un reflejo de la sociedad.
PS: Casi apostaría que aunque me haya desacreditado de esa forma en una radio pública, con decenas de miles de oyentes –parecía que gritaba a un árbitro desde las gradas del Real Mallorca–, ahora se sentirá muy ofendido porque pongo esto en mi blog con unos pocos cientos de lectores. Incluso pensará enviar una carta llorica a la rectora de la UIB para quejarse y acusar que insulto y promuevo la violencia. Ya ha pasado, más de una vez, me parece que entra en el patrón
Pasado, presente, futuro
Quien controla el pasado controla el futuro.
Quien controla el presente controla el pasado.George Orwell en 1984
- La cultura se construye sobre el pasado.
- El pasado intenta controlar el futuro.
- Nuestro futuro es cada vez menos libre.
- Para construir sociedad libres debemos limitar el control del pasado.
Lawrence Lessig // Manifiesto del REMIX
[...] cuando lo hace –o sea, cuando la profesión no puede pasar por alto ya las anomalías que subvierten la tradición existente de prácticas científicas– se inician las investigaciones extraordinarias que conducen por fin a la profesión a un nuevo conjunto de compromisos, una base nueva para la práctica de la ciencia. Los episodios extraordinarios en que tienen lugar esos cambios de compromisos profesionales son los que se denominan revoluciones cientificas.
Thomas S. Kuhn, en La Estructura de las Revoluciones Científicas
[...] hablar con todos los afectados por este asunto a los que vale la pena escuchar [...] Quiero una oferta legal de calidad en Internet [...] La ministra de Cultura adelantó que celebrará la próxima reunión con los colectivos de padres, “que tendrá preocupaciones que trasladar en relación con los niños e Internet” [...]
Ministra González Sinde
Es lo que suele pasar por leer más la prensa amarillista que ensayos de pensadores o buenos libros de ficción. O por ver demasiado cine español en vez de buenas pelis y documentales.
[*]
[*] Emoticono puesto para evitar tuiteos de grandes pensadores que se habrán tomado demasiado en serio la boutade final.
Día de Internet, donde se “tuitea” sin leer
El miércoles pasado Tomás Andújar me hizo una muy extensa entrevista para publicarla en Diario de Mallorca hoy domingo por el día de Internet. La sacaron a doble página y titulada ´El intercambio libre de archivos no sólo es una evolución lógica, sino imprescindible´. La versión que salió en el papel es una resumida de una hora y media grabada, más media hora adicional de charla. En la página anterior no está completa, falta una parte importante intermedia (imagen) que la pusieron como “relacionada”: ´¿Les van a dar ordenadores a los niños para tratarlos de piratas?´
Durante la entrevista hablamos de muchos temas. Empecé afirmando que el debate sobre la crisis del periodismo es muy interesante. En ella le digo que a diferencia de los “artistas” los periodistas –y salvo algunos grandes grupos que piden subvenciones– no están reclamando a grito pelado que les paguen un cánon para compensar sus pérdidas por la lectura gratis en Internet.
También comenté que el problema que están sufriendo las empresas periódisticas es la consecuencia de haber criticado durante años a Internet, y ahora se encuentran que cuando la necesitan para evolucionar la publicidad on line está muy devaluada, más allá de límites razonables.
Hablamos sobre otros temas de periodismo y política. Como que una parte importante de los ingresos proviene de la publicidad institucional, que existe un triángulo de intereses alineados entre la política profesional que sólo busca mantener su poder, los medios y los artistas. Mi argumento es que Internet no conviene a los políticos porque es una forma nueva de comunicación, no piramidal, y por lo tanto más difícil de controlar de lo que están acostumbrados: unos pocos medios oficiales y otros pocos privados donde cabe la “negociación” o incluso la presión vía la publicidad institucional –que prostituye al periodismo–. Le comenté que nuestra sociedad es cada vez más diversa y compleja, que Internet representa esa diversidad pero que es capaz de generar grandes consensos, como la opinión generalizada contra la SGAE y el cánon, o la crítica y enfrentamiento feroz contra el radicalismo del copyright.
También comenté que se unieron el hambre y las ganas de comer. A los grandes medios y a los “artistas” tampoco les interesa que ocurra ello, por lo que es lógico que se vea a los gobiernos, medios y artistas en contra de Internet al que han generalizado como el “sitio de piratas”.
Aunque no salió en el papel por razones de espacio, también comenté que por ahora nuestros políticos y gobernantes no se preocupan mucho por la “opinión de los internautas”, ya que –según el CIS– el 70% de los ciudadanos siguen informándose por medios tradicionales, y sólo el 30% por Internet. Pero que en algún momento esa relación se invertiría y les sería imposible ganar las elecciones en los mismos términos que ahora. Por eso mismo sus esfuerzos se centran en frenar la expansión vía el TDT, nuevas licencias de TDT de pago –a los medios de siempre–, quitar la publicidad de TVE y hacer que las paguen las “telcos”.
Luego hablamos sobre software libre, los portátiles para los escolares, el cánon, la ministra González Sinde y las pretensiones del cine. Sobre este último comenté (¿Les van a dar ordenadores a los niños para tratarlos de piratas?´) que era una vergüenza que el cine español reciba más de 80 millones de euros en subvenciones, menos de esa cantidad en recaudación de taquilla pero que pretendan más dinero y además se nos trate como a delincuentes.
En algún momento Tomás me dice Pero los autores de películas tienen que cobrar de alguna manera a lo que contesté que no hay una razón ética inamovible, que por qué a ellos y no a otros como los bloggers, o los que ponen sus películas, vídeos y cortos en Internet. Que es discutible, que la inmensa mayoría nos ganamos la vida con el trabajo diario sin pedir que la sociedad nos compense por planes de negocios imposibles. Que en todo caso si eso es lo que se pretende, que los haga funcionarios y que pasen concursos, oposiciones y “fiche” cada día como todo el mundo que cobra directamente de la administración. Pero que en todo caso, si se decide subvencionar la “creación cultural” habría que repensarlo completamente y tomar en cuenta a otros artistas que no son parte del lobby oficial.
Al final, después de casi hora y media, hablamos muy poco del Menéame. Entre otras cosas le comenté las dificultades que tenemos para ganar dinero con la publicidad, que desde enero de 2008 nuestra publicidad AdSense cayó a una tecera parte que el mes anterior (en 2008 Menéame tuvo perdidas de 6.000 euros) y que poco a poco vamos subiendo con la ayuda de Social Media. Pero que no es nada fácil, cuesta mucho vender la publicidad en Internet —sobre todo si el sitio tiene un nombre como Menéame–, y que pudimos sobrevivir porque no nos creímos del todo lo de la “burbuja 2.0″, por lo que no hicimos grandes expansiones, de hecho ni tenemos oficinas físicas.
Al final de esa charla de las dificultades por las crisis y de los modelos de negocio on line dije de forma irónica –y con muchos gestos– algo así como: “Es un sitio gratuito, con los mismos problemas de publicidad que los medios digitales, liberamos el sotware que desarrollamos y tenemos casi más lectores que cualquier película de cine español, pero ni se nos pasó por la cabeza reclamar un cánon o subvenciones al gobierno”. Se suponía que era una frase irónica, una auténtica boutade para acabar la extensa y muy seria entrevista.
Por alguna razón que no conozco, o porque captó la ironía, la enviaron al menéame con el sensacionalista título “Menéame lo ve más gente que el cine español, y no vamos reclamando que nos paguen un canon”. No le dí mayor importancia, se sabe que un periódico no pondrá smileys ni etiquetas como </ironía>, suponía que era obvio. Pero me encuentro con un tuit como éste o este otro que obviamente ni se han leído la entrevista, o tenían apagados sus sensores de ironías (cosas de acostumbrarse demasiado a lo explícito de los smileys).
No sólo eso, el gran pensador del spam periodismo de izquierdas 2.0 [*] comenta:
esa afirmacion descalifica a quien la dice…y plantea serias dudas sobre su capacidad de raciocinio
No sé, se me hace que no deben coger ninguna ironía, o que les molesta que haya criticado al gobierno y la ministra… o que han pensado que para escribir un tuit también toca reducir las neuronas al mismo número que los caracteres…
Pero no.
Seguramente lo que pasó es que no habían leído la entrevista y se quedaron con el titular… que no era mío, ni del periodista. Pero nadie les privará del regustillo de poner a parir sin necesidad de analizar y criticar sus ideas, sólo el titular corto de un tercero ¿a que sí? Lo im-presionante es que critiquen la capacidad de raciocinio por una entrevista que no han leído.
[*] Ironía, ironía, ironía,
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Estoy contenta, hemos hecho el primo.
Llamadas de abogados
22:25 de la noche, suena mi móvil, llamante 941234995. Número que no conozco. Atiendo.
- ¿Señor Ricardo Galli?
- Sí…
- Buenas noches, soy del Dept. Jurídico de la operadora Ópera. Le llamo porque han enviado una noticia que es calumniosa e intempondremos una querella inmediatamente sino…
- Perdona, perdona, ¿quién me has dicho que eres?
- Del Dept. Jurídico de la operadora Ópera…
- Ya, pero ¿cómo te llamas?
- No le puedo decir.
- ¿Eres abogado?
- Sí.
- ¿Y tu colegio y número de colegiado?
- No le puedo decir.
- ¿Y cómo es que has conseguido mi teléfono?
- No le puedo decir, pero es que es urgente, sino pondremos querella…
- Ya, me llamas a estas horas, a mi número privado, me dices que eres abogado, no me quieres decir quién eres, ni tus datos de colegio, ni de dónde has sacado mi número personal…
- Es que como le dije, es urgente.
- Adiós, hasta luego.
Pensé que era una coña, pero no. Ética profesional, que le dicen. O pobre el becario que le dan estos marrones, a estas horas.
Actualización: acabo de ir a mirar los archivos, se trata de esta noticia, se descartó esta tarde a pedido del autor del envío, el sitio enlazado también recibió amenazas de querellas. Visto lo visto, habría que “abrirla”, no se merecen eso. Para amenazar a las 22:25 de la noche hace falta compartir un buen tinto y jamón, ya ni en eso piensan
Una introducción a Carlos Almeida
Esta tarde Carlos Sánchez Almeida dará una conferencia en Palma y me han pedido que le haga la presentación. Nunca me gustó demasiado lo de leer un curriculum resumido, no explica todo de la persona. Tampoco en este caso explica nada de un tema complejo y amplio, para una audiencia que quizás ni siquiera lea blogs. Así que preparé una introducción algo especial y desde el punto de vista de un informático cada vez más convencido de que el mejor invento humano es la ciencia.
Este acontecimiento, con la presencia de este reconocido abogado es muy especial para mí, y espero que para todos vosotros. Disculpadme el atrevimiento de robar unos ocho minutos a la conferencia para intentar resumir una perspectiva del tema que nos trajo aquí.
Este año celebramos los 150 años de la publicación de un libro que cambió radicalmente la forma en que veíamos al mundo, y a nosotros mismos. Me refiero a “El origen de las especies”, de Charles Darwin. Con él aprendimos que la evolución fue –y es– una lucha cruenta y sangrienta por la supervivencia. Aquellos individuos que sobrevivían más tiempo eran los que más se reproducían, transmitiendo así sus pequeñas ventajas genéticas a sus descendientes. Cien años después, también aprendimos que esos genes no son más que pequeñas unidades básicas –bits– de información.
Investigaciones posteriores descubrieron que, a diferencia del resto de las especies, los humanos no respetamos la Teoría de la Evolución, ni al “egoísmo de los genes”, como lo describió Richard Dawkins. Usamos anticonceptivos que nos permiten disfrutar del sexo sin reproducirnos, o nos dedicamos a otros proyectos que no aportan a la “supervivencia”. Hacemos arte, música, ciencia, deportes, nos preguntamos del origen del universo, del sentido de la vida, intentamos ser buenas personas, cuidamos y protegemos a los débiles y enfermos aunque no sean parientes cercanos. Nuestra organización social es diferente, y quizás única en el universo.
Los científicos que estudian estos “extraños” comportamientos humanos nos explican las razones, hemos sido capaces de comunicarnos, de compartir información sobre nuestros deseos e intereses, de cultivar la empatía. Así pudimos establecer objetivos colectivos a corto plazo, en beneficio de otros a más largo plazo.
En 1948, Claude Shannon, un científico contratado por la AT&T para investigar cómo aumentar el número de comunicaciones por los cables telefónicos, publicó el artículo “Una teoría matemática de la información”, que dio origen a lo que hoy conocemos como “Teoría de la Información”. Ese modelo –de origen y objetivos aparentemente modestos– permitió avances radicales en la transmisión y codificación de datos. Es la base de todas las comunicaciones modernas: la radio, televisión, satélites, teléfonos, Internet…
Pero la utilidad y generalidad de la teoría de Shannon no deja de sorprender a la comunidad científica.
Seth Lloyd es un prestigioso investigador de un área diferente, la mecánica cuántica. En 1993 descubrió una forma práctica de construir ordenadores cuánticos. Como todo gran científico, también se preguntaba sobre las “leyes del universo”, por lo que comenzó a trabajar en una nueva “teoría unificadora” que pudiese explicar el universo sin necesidad de recurrir a modelos diferentes según la escala. (La de Newton para nuestra vida en un entorno físico limitado –el mundo medio–, la de Einstein para las grandes escalas o la cuántica para explicar el mundo subatómico.)
Lloyd y otros científicos reconocieron que el universo está compuesto de bits de información, que cada partícula –electrones, átomos, moléculas…– registran esos bits. Así, el universo no es más que un ordenador cuántico gigante, que se procesa a sí mismo. Como tal, una teoría de la información generalizada podría ser capaz de explicarlo.
Aunque genera controversias y todavía está en un estado muy primitivo, ya han obtenido resultados parciales espectaculares que explican fenómenos antes misteriosos. Desde cómo influyen los catalizadores en las reacciones químicas, el proceso de las mutaciones genéticas, o cómo se explica la aparición de la vida (con el equivalente de millones de monos, escribiendo caracteres aleatorios… pero en un intérprete de programas informáticos).
En este modelo, el lenguaje humano también fue el que marcó la diferencia entre nosotros y otras especies. A medida que las sociedades se hicieron más complejas tuvimos que desarrollar nuevos métodos de comunicación, que a su vez realimentaron la complejidad de la sociedad. Así aparecieron entidades abstractas –sólo conformadas por “información”– que parecen tener “vida propia”: las religiones, la democracia, el capitalismo, el comunismo, la política…
Es emocionante –sobre todo para un informático– ser testigos de esta paulatina aunque acelerada convergencia de teorías hacía la “información” como núcleo. No me cabe dudas de que Darwin y Shannon estarían muy asombrados de la evolución de sus “modestas” teorías.
Ambos coincidirían que Internet, el web o el P2P son avances tan lógicos como necesarios en una sociedad cada vez más diversa y compleja. Además, cualquier científico estaría de acuerdo en que no podemos siquiera imaginar los usos y desarrollos futuros de estas tecnologías.
Pero al mismo tiempo que festejamos el año de Darwin, estamos presenciando las embestidas más violentas contra el intercambio de información, Internet y el P2P: la guerra del copyright. No veréis a científicos o filósofos prestigiosos apoyando esta escalada, todo lo contrario. Pero estamos en un país y cultura donde los políticos y legisladores ignoran la opinión de la comunidad científica, a la par que escuchan y defienden el modelo de negocio de unos pocos ramoncines y bisbales.
Si me permiten abusar, aunque no demasiado, de las analogías con la informática, explicaré brevemente la diferencia fundamental entre los legisladores y académicos versus los jueces y abogados.
Los primeros son los que elaboran las leyes, para ello tienen que plantearse cuestiones filosófica-éticas y valores que consideramos innegociables: autonomía del individuo, respeto a la diversidad, el diálogo, y la justicia como el adecuado balance entre el individualismo y el interés social. Así es como elaboran el “código”, las reglas o programas de la sociedad –tal como lo describe el Catedrático de Derecho de la Universidad de Stanford, Lawrence Lessig en su libro “El código es la ley”–.
Por otro lado, la función del sistema judicial es ejecutar ese código, es la CPU del sistema. Los jueces y abogados deben limitarse a interpretar literalmente las instrucciones del programa.
Pero es una explicación demasiado simplista, existe una disfunción importante. El “módulo” que debería reflexionar sobre cuestiones éticas en algunos casos son meros ejecutores de las instrucciones de una minoría. Que paradójicamente y por desinformadas, nunca llegarán a comprender en su totalidad la artística belleza y profunda humanidad de teorías como la de Shannon o Darwin.
Afortunadamente hay personas que aunque no provengan de la comunidad científica, y quizás sin saberlo, defienden las mismas ideas. Pero no es casualidad. Las reflexiones éticas, lógicas, informadas y rigurosas que comparten los mismos valores suelen llegar a las mismas conclusiones.
Decía que afortunadamente tenemos prestigiosos abogados como Carlos Sánchez Almeida –o sus colegas Javier de la Cueva y David Bravo– que no sólo se limitan a ser intérpretes de un código plagado de injustos bugs, agujeros, indefiniciones, también reflexionan sobre temas éticos, históricos y de valores. Dado que son capaces de hablar el lenguaje que supuestamente comprenden nuestros legisladores, quizás sean los únicos capaces de re-educarles sobre la importancia de volver a la reflexión, la ética, la rigurosidad y el interés social.
Por eso no quise limitarme a citar el brillante como extenso currículum profesional y de activismo por las libertades de Carlos Almeida. Sus actividades son mucho más importante de lo que aparentan, o de lo que se pueda describir en unas cuantas frías líneas de un currículum resumido. Por eso mis gracias, mi admiración, y espero que disfrutéis tanto como yo de la conferencia. Estoy seguro que no dejará a nadie indiferente.
Carlos, es un honor. Gracias por estar aquí, y disculpas por robarte unos minutos preciosos.




