Archivo para Diciembre 2008
Internet como herramienta de nuevos fascismos
¿Cansado de ver en Internet conspiranoias del 11-S, el 11-M, los illuminati y últimamente todos los periódicos digitales y blogs racistas y xenófobos con sus seguidores que aprovechan la crisis para divulgar su mensaje y se muestran a sí mismos como “informados” y “críticos”?
Entonces debería leer el pesimista The Internet Is Bad For You:
Los fascistas de la década de 1930 fueron expertos en usar las tecnologías de comunicaciones más sofisticadas –el cine, la radio, periódicos, publicidad– para divulgar sus mensajes destructivos y llenos de odio [...]
Internet en bruto es el hogar natural de racistas, mentirosos, traficantes de odio y lunáticos salvajes. Por ejemplo la masiva popularidad en Interner de Loose Change, la película revanchista que en su absurda teoría de la conspiración que explica el 11S como un plan de Bush y Cheney, es casi tan creíble empíricamente como Los protocolos de los sabios de Sión, el abuelo de todos los textos conspiranoicos fascistas.
No todo es casualidad, y seguirán aprovechándose de las tecnologías, sobre todo en épocas de crisis e incertidumbres. Por eso la importancia de la educación, de enseñar a practicar el escepticismo y el espíritu crítico de verdad –ese que no se fía del todo de ninguna fuente y que sabe analizar evidencias–.
Eso sí, nuestros políticos y gobiernos continuarán haciendo campañas masivas contra los adolescentes piratas, o sacándose fotos con sus mega redadas contra las páginas de enlaces legales para satisfacción de la SGAE y algunas megacorps de negocio tambaleante.
Sería casi de risa si no fuese porque es cada vez más difícil distinguir quiénes son los fascistas.
Necios en huelga
(…) Para que el error informático no sea algo aceptado. Porque hay profesionales que estamos estudiando y salimos preparados para conseguir aplicaciones fuertes que no… no den ningún error y no haya problemas de seguridad (…)
Alucinante muestra del atrevimiento de la ignorancia. Visto en la bitácora de desas3 (vía).
Definitivamente, habría que impedir dar el título a alumnos que sean capaces de opinar así. No sé que habría que hacer con aquellos profesores que deben haber invertido mucho esfuerzo –les debe haber costado–, nula experiencia e ignorancia para transmitir estas ideas a sus alumnos (no se libra el Colegios Profesionales de Ingenieros en Informática y su más que desafortunada afirmación –por falta de profesionalidad y mínimo de ética– respecto a la alarma del GPS del maltratador).
O estoy equivocado y habría que darles el Turing a todos esos iconoclastas de pupitre/pizarra, porque saben tanto sobre informática que nadie más podría hacer lo que ellos prometen. Ni el el mismísimo Dijkstra les llega a los talones.
Las no noticias de la prensa y su subsistencia
Desde la concentración de “medios” en España –supongo que en todos lados es igual– hemos tenido que aguantar las “noticias autobombo” –sin disclaimers–, noticias de empresas asociados (incluso redes sociales), estudios EGM, etc. que no son tales pero así no las venden con el único objetivo de promocionarse.
Luego con la competencia feroz entre corporaciones y cuando se vislumbaba la “crisis de los medios”, además de las repeticiones de los falsos debates y polémicas artificiales y estériles –como la última chorrada de Aguirre, Fraga, Bono o Pepiño– tuvimos que soportar más amarillismo y manipulaciones para rellenar páginas y vender más periódicos.
Luego comenzó la guerra del fútbol o la Fórmula 1 y han convertido en “interés nacional” un simple interés económico corporativo. Pero cuando aparecen enormes titulares maniqueos como La Sexta interrumpe dos veces el Valencia-Espanyol para emitir publicidad en El País, significa que ya han perdido toda vergüenza, o que es sólo una muestra de la falsa realidad fabricada para sustentar los negocios de grandes empresas, dirigidas por señores y familias que han ganado fortunas durante varias décadas.
No es exclusividad de El País, pasa con casi todos los medios y a distintas escalas, nacionales o locales.
Pero no acaba allí.
Estos medios, especialmente los escritos y locales, desde hace años se sustentan en gran medida con las subvenciones ocultas de la publicidad de la administración que les ha permitido mantener su audiencia e incrementar el poder e influencia de estos “medios”.
Por otro lado hay una realidad muy diferente.
Salvando las enormes distancias [1] el ejemplo del Menéame [2] que si se compara en número de lectores y visitas con cualquier cabecera de noticias española –digitales o escritas– quedaría siempre entre los primeros.
Aún así nunca hemos solicitado ni recibido nada de la administración. Nunca hemos ido a pedir apoyo y publicidad de grandes empresas. Incluso aunque el director de mi Dept. en la universidad (UIB) nos ofreció la posibilidad de ayudarnos con temas de infraestructura hemos preferido mantenerlo al márgen e independiente –a veces tengo buen criterio–.
Antes no ganábamos dinero, pero desde enero de 2008 que entramos en pérdidas –cubiertas con inversiones y trabajo personal completamente privadas y personales– por la crisis de la publicidad AdSense que ya anunciaba una crisis global (afortunadamentemente en noviembre hemos vuelvo a números negros y a empezar a recuperar las pérdidas de casi un año).
En todo este tiempo y a pesar de las dificultades ni se nos pasó por la cabeza pedir ayudas, siempre supimos que sólo era responsabilidad nuestra. Si estamos sobreviviendo a estos malos tiempos es por la colaboración desinteresada de mucha gente, ninguno de ellos políticos, además del enorme esfuerzo de los socios. Tampoco tuvimos la cara tan dura de proclamar que un sitio como el Menéame –mucho más “democrático” y con libertad de expresión que cualquier “medio”– es fundamental para la democracia, la libertad de expresión o la madre que los parió.
De hecho si el Menéame cerrase aquí no pasaría nada. A los sumo se hablaría unos días, nos criticarían muy duramente en la blogocosa por no haber tenido plan de negocio, por no haber sabido crecer, por no haber pedido donaciones… o por haberlo pedidas, o por ser unos cantamañanas 2.0. Pero después de una semana nadie hablaría de nosotros, y la “democracia” española seguiría igual de bien, o mal, que hasta ahora.
Sin embargo, pocos después de leer que La prensa pide auxilio al gobierno tenemos que volver a darnos cuenta de para qué necesitan “auxilio”.
y reclaman al Gobierno subvenciones a la prensa en uno de los pocos países de Europa donde no existen ayudas estatales.
[...]
Ante este panorama, la presidenta de los editores, Pilar de Yarza, reclama subvenciones al Gobierno cuando España
[...]
La mayoría de las autonomías conceden subvenciones que en casos como Cataluña llegaron a 12,9 millones de euros en 2007, 4,3 millones en Euskadi o más de dos millones en Galicia. Pero además está el enorme caudal de publicidad institucional, suplementos especiales y etc. que supone una buena parte de los ingresos en la mayoría de los diarios.
Mientras más lo pienso y reflexiono, más me desconcierta el tema, la falta de lógica, y cómo se ha deformado todo.
Mientras somos muy críticos porque una start up como MobuzzTV (sólo como ejemplo, y no niego que no haya habido críticas con mucha razón) que no recibió un duro de dinero público pida donaciones voluntarias, por otro lado vienen unas personas acaudaladas exigiendo que les paguemos con nuestros impuestos la mala época que están pasando en sus hasta hace poco millonarios negocios –con muchos millones derivados de nuestros dineros– y no pasa nada. Incluso muchos se preocuparán por el tema.
Los ejemplos como los “autores” y de la SGAE ha cundido demasiado. Sucesivos gobiernos ceden alegremente a estas presiones en nombre de la “cultura”, la “democracia”, o la madre que los parió. Y nadie se escandaliza, ni la “prensa democrática” de nuestro país… oh wait!

[1] No soy “emprendedor” aunque algunos lo afirmen. No era la intención original crear una start up, fue todo casi accidente prácticamente obligados por las leyes y la realidad: la responsabilidad legal y tributaria, LSSI, LOPD, Agencia de Protección de Datos, los costes de equipamiento, asesoría legal y contable, facturación, contratos laborales, etc.
[2] No es un “medio”, no genera contenidos –salvo los comentarios individuales–, ni pretende ser “periodismo”.
Cómo se hace una profesión
Esto acabando un largo ensayo invitado para la revista de la AENUI sobre el tema de profesión y la “sintonización” con las empresas (todo empezó a partir de Sintonizar universidades y empresas, pero ¿qué debe saber un ingeniero?). Aunque me está dando mucho trabajo –tanto que no sé si se justifica– pasar de un “ensayo informal” en el blog a uno más formal y académico, me entusiasmé con él, lo que me está haciendo leer decenas y decenas de papers y artículos. Es impresionante lo que se aprende rebuscando en la historia.
Además hace unos pocos días en el foro de una de mis asignaturas surgió el tema por parte de un alumno de que deberíamos exigir la regulación de la profesión. Por supuesto que no sirvió de nada los enlaces que pasé con todo lo que había escrito sobre el tema. No sólo no se leyó nada, sino que fue inútil intentar desviar el debate por el tema “profesional”, “ético” e interés social. No hubo forma, abandoné el debate enseguida, era imposible avanzar o discutir incluso sobre opiniones y evidencias documentadas.
Ambas cosas hicieron que recuperase estas frases de un ensayo de C. M. Sidlo en The making of a profession en ACM Communications.
La primera y más importante característica de una auténtica profesión es la existencia de un reconocido código ético que ubica el servicio a los “clientes” antes de los beneficios de los que la practican. El código compromete a los miembros de la profesión a determinados valores sociales sobre los egoistas de ingresos, poder y prestigio [...]
En informática hubieron intentos de la formación de un código ético por parte de aquellos que promovieron la discusión de la “responsabilidad social” de los tecnólogos informáticos. A pesar que los motivos eran nobles, este esfuerzo parece haber recaído recientemente, y me parece que por razones adecuadas. El fallo probablemente reside en ambos, los profetas y la congregación. Los portavoces de la discusión han confundido a menudo la responsabilidad funcional, la que tenemos como especialistas informáticos, con las responsabilidades éticas y morales que se aplican a todas las personas por igual. [...]
Más de un comentarista ha hecho notar la respuesta apática que en general dan los informáticos a temas de responsabilidad social. Es posible que como grupo no esté todavía suficientemente maduro para desear formular un código de ética responsable. Muy probablemente sea debido al extraordinario y rápido crecimiento y así a la relativa escasez de tradición. [...]
Una última palabra sobre este tema, debemos ser particularmente cuidadosos para evitar caer en la trampa de desarrollar un pseudocódigo ético que en realidad haga que los individuos procuren el egoista interés del grupo más que a la sociedad en general. [...]
La tercera condición de una auténtica profesión es que sus técnicas de operación se basen en principios amplios más que en recetas de procedimientos o habilidades rutinarias, aunque estas sean complejas. Las operaciones son realizadas por la “aplicación artística” de esos principios y conceptoso fundamentales. Esta es la condición que distingue a oficinistas de abogados, a maquinistas de cirujanos. [...]
Cuando una profesión madura se da cuenta que la ciencia (no la tecnología) necesaria para la profesión debe ser continuamente extendida a más conceptos básicos y no restringida sólo a la obvia ciencia aplicada. Una profesión tiene la obligación de desarrollar y basarse en una cuerpo de conocimiento más que en un cuerpo de aplicaciones. Sólo durante la ejecución de sus responsabilidades una profesión se convierte en una mezcla “expresiva” de ciencia y arte. [...]
Hemos considerado lo que yo creo son los tres requerimientos básicos de una profesión –ética, estándares [de calidad], y a falta de un término mejor, “principios generales”–. Sin embargo históricamente ninguna profesión se estableció sólo por la definición. Sólo con los años ellas aprenden y retienen la aceptación de su estátus. Debemos tener en cuenta que esto no se puede lograr haciendo que el estátus profesional sea el objetivo principal del grupo. Eso cae más en los intereses egoistas que mencioné antes.
¿A que parece escrito adrede como posicionamiento intelectual y respuesta para estos tiempos tan movidos de Bolonia, regulaciones y colegios? Es genial, será todo un clásico.
Lo malo es que sí es un clásico, es de 1961, y demuestra qué poco hemos avanzado en ¡47 años!.
PS: Hay otro artículo que cuenta la historia de los intentos de crear la “profesión informática” y planes de formación adecuados de 1950 hasta principios de 1970 (The ‘Question of Professionalism’ in the Computer Fields de Nathan L. Ensmenger en IEEE Annals of the History of Computing, October-December 2001). Es otra demostración palpable que si no aprendemos la historia estamos condenados a repetirla: en este país la estamos repitiendo hasta en los mínimos detalles. Si hay que elegir alguna gran deficiencia en nuestras universidades, yo apostaría por ésta.
Los problemas derivados del abuso de las analogías
El razonamiento por analogía es formalmente muy usado en los sistemas legales/judiciales. En general lo usamos para intentar comprender o explicar algo que nos es nuevo o desconocemos. Es una forma de explicar el futuro en el lenguaje del pasado, usar nuestra historia común para interpretar lo desconocido. Este era el fondo del ensayo de Dijkstra que comenté en mi apunte anterior Redescubriendo al Dijkstra provocador 18 años después. Cuando no sabemos enfrentarnos a algo radicalmente nuevo solemos abusar del razonamiento por analogía, lo que a la larga es muy perjudicial ya que no nos permite descubrir la profundiad del cambio.
En general este tipo de razonamiento funciona bien siempre y cuando los cambios sean graduales. Cuando ocurre lo contrario suele provocar desastres intelectuales importantes… incluso legales y judiciales.
Uno de esos desastres legales por abuso de las analogías lo estamos sufriendo en todo el mundo. Se llama “leyes de propiedad intelectual” (que involucran y mezclan cosas distintas como copyright o derechos de autor, patentes, marcas registradas y habitualmente también secretos industriales).
Las primeras normas de copyright surgieron en UK como regulación de empresas [editoras]. Luego el copyright se fue extendiendo cada vez más hasta llegar a igualarse al concepto tradicional de “posesión y disfrute exclusivo de objetos físicos” (la “propiedad”). Cuando todas las manifestaciones de las obras intelectuales debían plasmarse y distribuirse en soportes físicos las leyes funcionaron más o menos bien. Pero cuando ocurrió el cambio radical, ya no era necesario para la creación –ordenadores– ni para la distribución –Internet–, no se abandonó la ya inservible analogía, sino que se la profundizó aún más a costa de elaborar leyes cada vez más ridículas. Así ahora estamos en un sistema que por sí mismo dice favorecer a la cultura, pero sus acciones son todas las contrarias: penalizar y criminalizar su divulgación.
Pero es lógico que ocurra esto. Aunque el discurso que no se cansan de repetirnos esta analogía erróna (usando las palabras como “robo”, “propiedad”, “piratas”), tiene tan poco que ver una “obra intelectual” con “objetos físicos” y “propiedad” que las leyes basadas en esas analogías sólo pueden ir de mal en peor: códigos penales más estrictos, criminalización de la mayoría de la sociedad, campañas carísimas ridículas y que nadie es capaz de comprender, impuestos disfrazados de tasas y llamados “cánon”, etc.
Llega a tanto el absurdo que los gobiernos intentar aumentar las conexiones de banda ancha y el uso de Internet, al mismo tiempo que otro ministerio gasta dinerales en campañas para advertir de los riesgos y crímenes que se cometen copiando música o pelis de Internet… para luego preocupase por qué se está estancando el crecimiento de Internet en España.
Todo este paroxismo sin explicación lógica sólo acabará el día que nuestros políticos, legisladores, jueces y abogados se den cuenta que la analogía no se sostiene porque no hay casi similitudes. En una palabra, sólo cambiará cuando se den cuenta del abuso que han hecho de la analogía.
Por eso es que hay que ir con mucho cuidado con la analogías, es fácil excederse. Volviendo a Dijsktra, esa y la falta de visión para reconocer el “cambio radical” era su crítica de fondo.
Una de sus críticas era la ingeniería de software. De tanto forzar la analogía con las ingenierías tradicionales no somos capaces de descrubir los problemas… ni la potencia de lo que tenemos entre manos. En 1992 Jack Reeves se quejaba de lo mismo, pero en otros términos, sobre la estrechez de mira de la “ingeniería del sofware”. No voy a hacer largo mi apunte, recomiendo la lectura de Code as Design: Three Essays by Jack W. Reeves (gracias por el enlace Juanjo Marin). Así se podrá entender la lógica y quizás mejor analogía de considerar al programa final en código fuente como el “documento final del diseño”.
Quizás en poco tiempo hayamos olvidado las erróneas analogías del diseño y desarrollo de software con proyectos tradicionales de arquitectura, o las más ridículas de profundizar en el error con las típicas comparaciones “arquitecto-albañil”, “médico-farmacéutico”. Pero para entenderlo toca releer los ensayos de Dijkstra y el de Reeves. Yo no podría explicar mejor qué tenemos que cambiar –en la ciencia, la docencia y la práctica– para llamarnos realmente ingenieros, o por lo menos para no parecernos a algunos reyes de pollos fritos lloriqueando por seguir anclado en obsoletas analogías
Redescubriendo al Dijkstra provocador 18 años después
Hay profesores, lecturas y autores que te influyen desde joven y forjan las ideas y posturas que te perfilan como profesional. Los que me siguen en este blog, o los que han leído mis argumentos –o los de la ACM– respecto a regulaciones (sobre el que no pretendo volver en este apunto, es sólo una autoreferencia) conocen mi postura bastante escéptica sobre el “estado de la ingeniería del software” y el rechazo fanático a las buzzwords y promesas de panaceas.
Varias veces he comentado y citado que casi toda la bibliografía de ingeniería de software de las últimas décadas es sólo una recopilación de anécdotas y estadísticas, casi una pseudociencia, a la que solemos adorar como si la última metodología fuese la bala de plata, la que dará el fundamento a la ingeniería. Pero hace mucho que ya no creo en esto, sobre todo cuando observas que cada cinco años aparece una nueva mutación de metodología que promete ser La Herramienta de la ingeniería del software.
No recordaba cuál bien el camino recorrido, o cuál fue el punto de partida o desvío tomado, para que haya asumido esta postura muy escéptica y bastante minoritaria entre mis colegas y compañeros. Recuerdo que cuando acabé mi último examen y fui con una beca a hacer mi PFC –enero de 1990– me creía el rey del mambo. Estaba seguro que mi formación y presunto dominio del diseño funcional, la visión “sistémica-holística” (sí, vaya, pero eso fueron también los inicios de Scrum basado en trabajos de Hirotaka Takeuchi en 1986) y el dominio de la metodología de moda en aquél momento –Gane-Sarson, luego “mutó” en la de Yourdon– me convertiría en un sólido profesional informático resolvedor de problemas complejos y que encontraría soluciones espectaculares a los grandes problemas de la informática.
Pero cuando quince meses después acabé mi PFC tenía una visión completamente diferente. Cada vez que alguien me explicaba las fantásticas bondades de una metodología nueva, o que casi al principio de una conversación soltaba la frase “un ingeniero no tiene por qué ser un programador” se me ponían los pelos de punta y sólo atinaba a pensar que ojalá no me tocase trabajar con esa persona.
Con el tiempo me convertí en un escéptico casi radical sobre el “[no] cientificismo” y la falta de rigurosidad de metodologías. En el mejor y la mayoría de los casos sólo lo veía como intentos de estandarizar una guía de buenas prácticas y estándares de documentación. Y por otro lado cogí el gusto por aprender a programar y admirar y disfrutar con el trabajo de los que se definían como “programadores” antes que “ingenieros” (o “doctores” o “científicos”)-
Hoy rvr en Barrapunto me hizo un bonito y entrañable regalo, me hizo redescubrir cuál fue una de las lecturas de aquellos años que tanto me influyó. Creo que fue el punto crítico. Se trata de unos de los ensayos más provocadores de Dijkstra –escrito en 1988, que blogger espectacular hubiese sido–: On the Cruelty of Really Teaching Computer Science (en castellano).
Aunque en aquellos años casi no conocía a Dijkstra, creo que fue el director de mi proyecto o alguno de los que trabajaban en el laboratorio el que me lo pasó (teníamos Internet y estábamos todo el día enganchados bajando ficheros por FTP anónimo y leyendo listas de correos y las news).
Rescato una de las frases que más me impactaron como “ingeniero”, por aquellas épocas yo tenía una perspectiva radicalmente opuesta:
[...] Lo haré explicando una serie de fenómenos que de otra manera serían extraños por la frustrante –pero, como ahora sabemos, condenada– ocultación o negación de su aterradora extrañeza.
Cierta cantidad de estos fenómenos han sido agrupados bajo el nombre de “Ingeniería de Software”. Así como la economía es conocida como “La Ciencia Miserable”, la ingeniería de software debería ser conocida como “La Disciplina Condenada”, condenada porque ni siquiera puede acercarse a su meta, dado que la misma es en sí misma contradictoria. La ingeniería de software, por supuesto, se presenta a sí misma como otra causa valiosa, pero es un colirio: si lee cuidadosamente su literatura y analiza lo que realmente hacen quienes se avocan a ella, descubrirá que la ingeniería de software ha adoptado como su estatuto “Cómo programar si usted no puede”.
[...] La práctica está impregnada de la confortable ilusión de que los programas son simplemente dispositivos como cualquier otro, la única diferencia que se admite es que su fabricación pueden requerir un nuevo tipo de expertos, a saber: programadores.
[...] Han pasado ya dos décadas desde que se señaló que el testing de programas puede convincentemente demostrar la presencia de errores, pero nunca puede demostrar su ausencia. Después de citar devotamente este comentario bien publicitado, el ingeniero de software vuelve al orden del día y continúa refinando sus estrategias de testing, tal como el alquimista de antaño, quien continuaba refinando sus purificaciones crisocósmicas.
[...] En el mismo sentido debo llamar la atención sobre la sorprendente facilidad con que se ha aceptado la sugerencia de que los males de la producción de software de deben, en gran medida, a la falta de “herramientas de programación” apropiadas.
Hay que leer todo el ensayo para entenderlo mejor y entender la justificación. No es tan difícil, tampoco fácil. Es un ensayo de esos de gran calado (y por los pocos comentarios que leí en Barrapunto, la mayoría no lo debe haber leído, o no lo entendió).
Ojalá lo disfrutéis tanto como yo la primera vez que lo leí y nuevamente ahora, casi dieciocho años después
PS: Creo que ahora comprendí a Dijkstra mucho mejor que la primera vez.
Practicando el fisking: los errores de las verdades de las mentiras
En el apunte anterior me quejaba que pocas veces se puede hacer fisking con las noticias. Pero acabo de ver una donde sí se puede hacer.
Sale en El País Digital Las 10 verdades del P2P que dice Cultura que son mentira (vía), en una respuesta a vergonzosa campaña Si eres legal eres legal. Su autor Ramón Muñoz comete varios errores importantes.
3.- Si no aparece el símbolo © en un contenido en Internet lo puedo utilizar
Antidecálogo: ¡Verdadero! Siempre que no tenga ánimo de lucro, el usuario particular no tiene medios a su alcance para comprobar si un contenido está o no protegido por copyright. Corresponde a las empresas de la Red poner los medios tecnológicos para garantizar este derecho. Por ejemplo, YouTube ha creado su sistema Video ID que permite a los titulares de los derechos identificar sus contenidos y decidir que hacer con ellos: bloquearlos, autorizarlos o comercializarlos.
Es erróneo. “Utilizar” es más genérico que “disfrutar”, “visualizar”, “leer” o “escuchar”, significa también usar la obra para generar otras, por ejemplo en un blog, un artículo, libro o un trabajo de la universidad. Cualquier obra “intelectual” está protegida automáticamente por las leyes de propiedad intelectual. No se puede hacer uso –más allá de los derechos de cita y parodia– sin la autorización expresa de los autores. El usuario siempre debe asumir que la obra está protegida a menos que tenga documentos que lo autoricen (por eso existen las licencias hasta cuando la obra es “libre). Los “medios tecnológicos” no tiene nada que ver con la autorización para hacer uso, sino con los medios que las empresas dan a los propietarios de derechos intelectuales para detectar y/o notificar de contenido de ellos subido por terceros.
El símbolo © era usado en el copyright norteamericano para indicar que la obra estaba registrada y/o se reclamaban los derechos de propiedad –el copyright estadounidense era mucho más liberal–. Eso no fue así en el derecho español ni europeo, siempre más alineado con la Convención de Berna. El copyright norteamericano fue también modificado muchas veces y actualmente es muy similar en este aspecto al europeo –que además es el “estándar internacional” por los tratados y presiones de la WIPO: las restricciones se aplican automáticamente por el sólo hecho de existir la obra.
4.- Es legal copiar o utilizar un contenido de Internet siempre que se cite al autor
Antidecálogo: Verdadero. El propio enunciado de Cultura se contradice. Una cosa es usar un contenido y otra plagiar. El plagio es perseguible dentro y fuera de Internet. La cita, no. Respecto a la copia, en España se paga un canon por todo aparato o servicio que es susceptible de copiar o grabar (DVD, mp3, móviles, fotocopiadora, memorias flash y usb, etcétera) contenidos protegidos. El importe de ese canon digital (118 millones de euros este año) se reparte entre los autores y creadores.
Falso nuevamente, aunque se cite al autor se necesita autorización expresa para utilizar sus contenidos (por ejemplo en un blog). El plagio es una cosa diferente (hacer pasar una obra de terceros como propia). Lo que se paga en el cánon es la compensación de copia privada, que no es ilegal. Pero eso no tiene nada que ver con usar el contenido de otros más allá de la “copia privada”. Así no es legal poner el contenido de un tercero en Telecinco ni en un blog –no se pueden considerar “copia privada” sino reproducción pública, distribución u obra derivada– a menos que haya autorización expresa –la licencia– y que se respeten sus términos –por ejemplo citar al autor original–.
Está muy bien aclarar las barbaridades que se dicen desde el ministerio para proteger el negocio de unos pocos. Pero tampoco hay que confundir y mezclar las cosas, que luego nos encontramos también con muchos casos de uso ilegal –y no ético– de obras con la excusa “lo encontré en Internet”.
Los planes con el coche Tesla
Tesla Motors es una compañía de Silicon Valley que fabrica unos coches completamente eléctricos. Ese coche que sale en portada de la página web cuesta algo másde 80.000 euros. Esta empresa pidió un préstamo de –sólo– 400 millones de dólares al gobierno para desarrollar el siguiente modelo –Model S– orientado más al mercado familiar y de clase media alta (costaría unos 50.000 euros).
En el New York Times la hecan una crítica feroz y bastante desafortundada: Si sólo los ricos lo pueden comprar. ¿Deberían recibir ayuda de los contribuyentes?
Jason Calacanis responde punto por punto en un artículo en On Bailouts and Sports Cars. Merece la pena leerlo cuidadosamente, para encontrar cosas admirables… y patrioterismo auténticamente norteamericano (también dudo que si tienen mucho éxito y quieran bajar los precios sigan fabricando los coches en EEUU).
De ese artículo aprendí algo curioso. Esa costumbre que tengo yo en responder línea por línea –copiado a Eric Raymond– a apuntes de otros blogs o comentarios en éste tiene un nombre: fisking.
Fisking: The act of delivering criticism on a line-by-line basis established by conservative bloggers to check the British journalist Robert Fisk.
Pero lo que me dejó mas cabizbajo fue la amplitud de miras hasta en las discusiones que pueden parecer más pueriles. Directamente discuten y plantean cómo dominar el mercado mundial de los coches eléctricos y que esto ayude a dar vuelta a la crisis al mismo tiempo que elimina la dependencia del petróleo de oriente.
Quizás mi percepción sea errónea, pero aquí me parece que no pasamos de discusiones de vuelo rasante de si aumentará el consumo, si bajarán o no los precios de la vivienda, si damos o no no ayudas para que las fabricas de coches tradicionales sigan fabricando aquí. O peor, si es que necesitamos fichas o regulaciones para informática. Incluso mucho peor, si tenemos homenajear o no a una monja y por qué no había invitados del País Vasco para la lectura de la constitución en el congreso.
¿Por qué da la impresión que nuestras miras son siempre tan bajas? En temas de tecnología no tenemos mucho para hinchar el pecho, pero en renovables –solar y eólica– todavía parece que estamos en la avanzadilla. ¿Por qué no hay debates profundos sobre ese tema y cuánto nos convendría invertir con el dinero de todos para intentar “dominar la tecnología y el mercado”?
Parece que exagero, pero se pueden adivinar las portadas de cualquier periódico: los problemas del PP y Rajoy, la última tontería de los Chávez, crucifijos sí crucifijos no, más noticias de lo que ocultó Aznar sobre Guantánamo (en otros periódicos dirán que muchos de los vuelos fueron con Zapatero), la última noticia de violencia machista –hay varias cada día–, la última tontería que dijo o hizo Esperanza Aguirre, la crítica de Pepiño al PP, la crítica de Soraya al PSOE, la última gilipollez de Otegi, más problemas con EpC en Valencia, de un auto de Garzón, …
Estaría bien encontrar titulares como: “Gobierno y oposición acuerdan la inversión de X millones de euros en la empresa Y para apostar por el líderazgo tecnológico/energético/informático” (o cualquier otro que indique que pretendemos ayudar a mejorar un poco el mundo, no sólo “aumentar el consumo y la confianza del consumidor”)
Estaría también muy bien que en las páginas de tecnología de los periódicos se hablase menos sobre la última tontería o engaño matrimonial en Facebook, los problemas de la “piratería” o lo que sacará Apple en navidades, o el último bulo del gran invento de un jubilado español y se encontrasen artículos de opinión y análisis como el del New York Times sobre si conviene o no poner dinero de los contribuyentes en determinadas empresas de tecnología.
Aunque estén tan equivocado como éste, sería alucinante. Algunos blogocósicos no las pasaríamos tan bien como el Jason Calacanis y su fisking (actualmente ya ni se puede practicarlo, las noticias nuestras sólo se componen de un concepto o idea y con casi nada sobre el que contrastar con evidencias).
Relacionada: Las energías renovables han generado en España más de 89.000 empleos directos.
